Es imposible usurpar un terreno.
No se puede.
Si un terreno tiene dueño que puede demostrar de qué manera legal lo consiguió nadie puede usurpárselo. ¿Por qué? Porque si alguien lo usurpa no pone en jaque sólo al dueño del terreno sino también a la concepción de la propiedad privada. Y si la propiedad privada pasa a ser relativa, este nuevo “dueño” de esa propiedad ¿qué seguridad tiene que nadie vendrá a usurpárselo?
Cuando alguien usurpa abre la puerta a ser usurpado. Es una cadena que no termina nunca.
Si nadie es dueño de lo que es dueño, cualquiera puede venir y quedárselo.
Es mentira que son dos derechos en colisión, el de la propiedad privada y el de la vivienda. No hay derecho a la vivienda si no hay derecho a la propiedad privada.
¿De qué derecho a la vivienda me estás hablando si en cualquier momento me la pueden sacar y tengo que ir a la justicia y tengo que esperar que el fiscal y el juez que me toquen no sean de esos habitualmente genuflexos?
El razonamiento es tan simple que debe tener algún error.
No lo encuentro.
Si lo mío no es mío, lo tuyo tampoco es tuyo.
Cuando pagamos esa ponchada de plata que pagamos de impuestos, lo hacemos para que el Estado, entre otras cosas, ayude a todos los argentinos a cumplir el derecho a la vivienda digna. Pasa en cualquier parte del mundo. No es “socialismo”. En Estados Unidos hay viviendas sociales. Es uno de los beneficios de vivir en comunidad. Es necesario y básico para que tengamos un país, que todos tengan un techo digno. Pero ¿qué pasa cuando son estos cosos los que ven las pilas de billetes para la construcción de viviendas y se las apropian?
Ahí están, como ejemplos, los descalabros que protagonizó la mártir jujeña Milagro Coso, insólitamente reivindicaba en las marchas de orgullo gay, cooptadas por quienes creen que los homosexuales debemos agradecer al Hada Cristina que vino con su varita mágica de purpurina y nos casó.
El Estado argentino -en ese momento con las caras del ex Ministro de Planificación Federal de la Nación, Coso De Vido, el ex gobernador jujeño Eduardo Coso Fellner, el ex secretario de obras públicas, José Bolso- le dio a Sala 1.282.654.656 pesos entre 2004 y 2015, para solucionar el temita de la vivienda digna. Pero 726.724,717 pesos, el 56,6% de esa plata -que habíamos puesto todos nosotros, con cada uno de los impuestos que pagamos- terminó en vaya uno a saber en qué convento.
Tenían que hacer 8.352 viviendas. Eran tiempos hermosos donde Sala junto con su mano derecha Shakira y una centena de matones a sueldo cantaban “somos buenos, nosotros somos buenos” y le robaban una cámara al programa de Lanata.
Hubo 1.836 casas que jamás ni siquiera se comenzaron. Otras 524, inconclusas. Se pensó entonces, cuando se hizo la auditoría en 2016, que había un fraude de 723 millones de pesos. Pero apareció media sorpresa más: a pesar de que las obras figuraban como ya terminadas y todo lo presupuestado estaba pago, Coso De Vido aprobó pagos extras: 90.633.000 pesos cuyo destino es más incierto que el futuro del Turco García en Masterchef.
Cuando fueron a ver se encontraron con que eran tan serios los vicios de obra y de documentación técnica administrativa que se arruinaron los materiales empleados y las obras ejecutados. Además encontraron ausencia total de controles y respaldo administrativo. Los responsables del dinero no dejaron documentación técnica, ni administrativa, ni catastral. No hubo estudio de suelo, los materiales usados no cumplían estándares básicos y hasta los bloques de hormigón no cumplían ninguna norma. O sea “nosotros somos buenos pero las casas, no tanto”.
Hicieron casas sin conexiones eléctricas o con conexiones clandestinas, con problemas de humedad y cielorraso vencido. En algunos lugares encontraron que la instalación eléctrica colgaba de la obra y había fisuras en la mampostería o que las columnas eran chuecas.
O sea, la plata estuvo.
Las casas que se hicieron, se hicieron mal. Y además, fueron entregadas irregularmente. Viviendas pagadas por todos, no tenían planes de adjudicación ni comprobantes legales de entrega. Si no se cumplía con las reglas de Milagro, se corría el riesgo de perder la casa.
En Mendoza denunciaron un “sistema de puntos”, donde los ponele que “beneficiarios” debían no sólo pagar una cuota sino usar la pechera, bandera, gorra, ir a las marchas, asambleas, cortes de ruta y protestas para sumar puntaje
Para conseguir una vivienda digna había que mostrar una vida indigna.
El uso más miserable de la pobreza y la necesidad por parte de gente elogiada desde la comodidad de los observatorios progres de la Capital Federal, la militancia que hace yoga en clases en las que nunca dan factura, que usa palabras como “clivaje” y “conversatorio” y pegan pósters en sus monoambientes de Eva besándose con Cristina.
Para que quede claro: entre 2004 y 2014 se triplicó el dinero que la Nación destinó -a través del Hada Milagro- a la construcción de viviendas en la provincia de Jujuy. Pero según el censo 2010 el déficit habitacional aumentó un 5%. En Jujuy había, en abril del ’16 cuando se hizo el estudio 673.307 personas en 174.630 casas. El 33% de esas personas vivían en casas que no eran dignas.
El Estado nacional puso plata.
En el bolsillo de los ladrones.
Casas, no hay.
Los mismos que se afanaron la guita de las casas ahora piden por el derecho a la vivienda digna.
¡Las habría si no se la hubieran robado toda, chantas!
En el caso de las usurpaciones del sur y toda la parafernalia de pueblos originarios, también hay una solución legal, humanitaria y oficial.
La preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas están reconocida en la Constitución Nacional en el artículo 75 inciso 17. Desde el 2006 existe la ley nacional 26.160 que daba un plazo de 4 años para dar respuesta a la situación de emergencia de las comunidades indígenas. Suspendía la ejecución de sentencias de desalojo o desocupación de las tierras y ordenaba realizar un relevamiento técnico, jurídico y catastral de las comunidades y de tierras ocupadas por esas comunidades de tres formas: actual (o sea, hasta noviembre de 2006); tradicional (con signos materiales y simbólicos en el territorio que ocupa según pautas culturales, no se refiere a la ocupación ancestral de la comunidad) y pública (que sea reconocida por terceros, como organismos públicos, otras comunidades, organizaciones de la sociedad rural).
Había una solución.
Se registraba todo, se determinaba claramente qué pertenecía a cada uno y se saldaba una deuda de años con quienes, se reconocía, estaban acá antes de que se creara el país.
La ley fue prorrogada en 2009, 2013 y 2017. Del relevamiento está cumplido un 38%. La provincia de Río Negro es una de las más rezagadas. En el intermedio aparecieron agrupaciones como el autodenominado Lafken Winkul Mapu.
La historia que Nelson Cárdenas González y su mujer María Elis Ortega contaron al diario barilochense “El Cordillerano” en febrero de este año explica todo claramente.
El matrimonio de jubilados llegó a Bariloche en 1984 y se radicó en el lote M653 del barrio Virgen Misionera. Levantaron su casa, frente a la plaza del barrio. Conocieron a sus vecinos, un matrimonio de mormones, Cristian Colhuan y María Nahuel, quien les comentó que querían hacerse mapuches por las tierras y otros “beneficios que otorgaba el gobierno”.
Los mormones fueron a Osorno, en Chile y se trajeron un machi para asesorarlos. Levantaron una bandera mapuche en la plaza Los Chalchaleros, del barrio Virgen Misionera. Sacaron los juegos de la plaza, cerraron una calle que había entre la plaza y uno de sus lotes y se la quedaron.
Nelson se quejó el 10 de noviembre de 2016 por nota al Concejo Deliberante. Le contestaron que ese lugar seguía siendo una plaza, “pero esa manzana -la M652 – había sido tomada por esta familia mapuche”. Chau plaza. Colhuan y su hijo construyeron viviendas.
Nelson y su esposa empezaron a vivir una pesadilla.
Los ex mormones actuales mapuches Colhuan disparaban a los vecinos con armas para que se vayan. A Nelson lo sacaron de su casa con un machete, le rompieron la cabeza dos veces con piedrazos, le provocaron un pre infarto al atacarlo con una picota, no los dejaban salir de su casa. A otro vecino le dieron un tiro en la cabeza y quedó discapacitado. Un día a Nelson, los ex mormones le dijeron: “Porque son mapuches y por sus ancestros, esas tierras son todas de ellos, vos estás muerto, te metiste con la RAM”. Nelson hizo 17 denuncias desde 2015 hasta 2019 ante la comuna, el concejo y la justicia. Ningún resultado.
Sólo prosperó una causa, que fue la de María Nahuel golpeándolo en la misma Fiscalía, frente a la fiscal. Ya le habían quemado una casa en 2015. Y ahí frente al fiscal Colhuan le dijo al jubilado: “Te voy a terminar quemando la otra casa para que te vayas”.
Hoy el espacio que era plaza sigue en poder de la familia que continúa edificando, tanto allí como en los terrenos que le dieron y realizan eventos en los que, según Nelson que quisiera ser querellante en la causa pero no tiene medios para hacerlo porque es jubilado, captan jóvenes para que actúen: “En ese sector del kilómetro 7, ahí está la guarida”
Los mormopuches hacen la vida imposible de los vecinos del barrio Virgen Misionera, ante la mirada complaciente de autoridades locales, provinciales y nacionales: “Vivimos con mucho temor, teniendo en cuenta que estamos amenazados de muerte por estas personas. Si nos llegara a suceder algo, los hago responsables a Colhuan y Nahuel, junto a la Justicia y al municipio que nunca hicieron nada. Hubo funcionarios que me dijeron que no podían hacer nada porque estas personas están amparadas por los derechos humanos. ¿Y nosotros?”. Ante el ofrecimiento de Nelson de levantar una pared entre los vecinos: “María Nahuel dijo que no, que ella quiere todo y comentó que el INADI vendrá dentro de poco a mensurarle el terreno de lo que era la plaza”.
María Nahuel es la madre de Betiana Colhuan, la “machi” que con sus poderes ancestrales dijo dónde debía instalarse la comunidad. Es de esperar que tenga mejor vista que su pareja Matías Santana, el autopercibido mapuche que juró y perjuró que vio como a Santiago Maldonado con sus binoculares lo subieron a una camioneta de Gendarmería. Con ese mensaje divino -no previsto en la ley- Betiana, la hija de los mormopuches, dio inicio a la comunidad Lafken Winkul Mapu.
El Estado argentino oficial reconoce la preexistencia de comunidades indígenas, sus derechos sobre la tierra, sus usos y costumbres.
El Estado blue argentino abre la puerta para que los violentos salgan a jugar y privaticen bienes públicos. La comunidad Lafken Winkul Mapu no está inscripta en el registro provincial ni nacional de las 160 comunidades mapuches. No les interesa. Es otra forma de desconocer al Estado Argentino. Como quemar sus banderas.
Primero se quedaron con la plaza, después fueron por Villa Mascardi donde incendiaron cabañas, persiguieron residentes y talaron árboles añosos, contrariando la armonía con la que los verdaderos mapuches viven con la naturaleza. Desde el año pasado controlan también la costa del lago, todo dentro del Parque Nacional.
La ley está. Es buena y justa. Pero la brecha con la realidad es insalvable. La familia Colhuan/Nahuel se convirtió en la comunidad Lafken Winkul Mapu y aterrorizó a Villa Mascardi.
La odisea de los jubilados Nelson y María Elis avisó de todo lo que podría pasar cuando la trampa de la ley fuese usada por pícaros violentos.
Nadie escuchó.
Lo integrantes del lof Wiritray, con personería jurídica desde 2000 y asentados en la cabecera norte del lago Mascardi dijeron hace unas semanas al diario “La Nación”: “Somos los más perjudicados porque el territorio era nuestro, ahora vivimos amenazados y hace casi tres años que esto es una pesadilla. Ese no es el pueblo mapuche, nuestros mayores no nos enseñaron a andar con la cara tapada”.
Se desalojó Villa Mascardi.
El viernes, autopercibidos mapuches entraron a la iglesia de El Bolsón, rompieron las instalaciones, le pegaron al cura. Salieron y al rato la policía los fue a buscar. Una manifestación a favor de los presos consiguió que los liberaran. A la noche, aterrorizaron la hermosísima localidad cercana de El Hoyo, capital nacional de la fruta fina.
Las soluciones para la vivienda digna y para la relación con las culturas aborígenes, están.
Lo que no hay es gobierno.
