Con el objetivo de pedir tareas, consultar qué materiales deben llevar, o avisar sobre alguna noticia escolar, los padres de diferentes chicos de jardín y primaria crean grupos en la aplicación de mensajería móvil Whatsapp. De esta manera, pueden estar informados sobre las actividades que sus hijos tienen que realizar, o complementarlas con información que otro miembro pueda aportar.

Antes del acceso generalizado a Internet, que un alumno faltara algunos días representaba un problema a la hora de ponerse al día y completar carpetas. Ahora, es posible pedir que envíen una foto al celular de las tareas faltantes, eliminando la necesidad de salir de casa.

Sin embargo, al tratarse de un entorno virtual que habitualmente se usa con conocidos, algunos padres descubren ciertas molestias entre los miembros. Mensajes irrelevantes, charlas entre madres, saludos, fotos y videos de humor se agregan a la idea con la que originalmente se creó el grupo.

El licenciado Alejandro Castro Santander, especialista en gestión de convivencia social y escolar, afirma que la generalización de las críticas dentro de estas agrupaciones informales desvirtúan una comunicación que podría ser positiva. “Es una forma positiva de participación por parte de los padres sobre la educación de sus hijos, pero cuando la crítica hacia los docentes y directivos crece, no lo hablan con ellos ni buscan una solución sino que queda sólo dentro del grupo, no aporta”, señaló el psicopedagogo.

¿Cooperación virtual?

Una madre que tiene a su hija en jardín contó que el grupo de Whatsapp surgió por idea de otra mamá mientras esperaban que sus hijos salieran de la escuela. “Sirve para compartir información, si alguien falta, simplemente le sacan foto y te pasan la tarea, es un gran beneficio”, expresó Natalia.

Lo mismo pasa en los colegios primarios, donde al tener que realizar tareas más elaboradas, deben informarse sobre lo que deben llevar desde la casa. “Es un recurso que alivia ciertas complicaciones”, manifestó a su vez Verónica, mamá que está presente en un grupo diferente por hijo.

Por otro lado, también trae consigo las dificultades que se presentan en cualquier interacción humana. “Somos 22 mujeres en un grupo, algunas se ponen a conversar, hacen amigas; no todos los días se pide la tarea, hace que muchos mensajes importantes se pierdan”, manifestó Verónica.

Sin pertenecer al mismo grupo, las dos madres comentaron que se habían encontrado con muchos mensajes negativos que criticaban a compañeros cuya madre no estaba presente en la agrupación, o a directivos y docentes. De hecho, la directora de una institución pidió formalmente que no se retroalimenten las quejas a través de Whatsapp, porque se terminan exagerando pero no se llega al diálogo constructivo.

Santander lo definió como “la otra versión” de los padres que critican entre ellos a las instituciones, pero desde afuera y sin hacer llegar la inquietud a los responsables. “Esto no queda reemplazado por lo virtual, sino que se potencia”, agregó el psicopedagogo.

“Netiqueta”

Ante los problemas que surgen en los grupos, muchos optan por silenciar los avisos de mensajes, pero no lo abandonan porque les reporta un beneficio. Para evitar este problema, Santander recomienda una serie de medidas, que pueden aplicarse en cualquier lugar de Internet. Estas “normas de respeto” en los entornos virtuales se conocen como “netiqueta”, es decir, el comportamiento respetuoso en la web.

“Yo sugiero priorizar la buena comunicación, que cada uno piense si lo que quiere comentar corresponde escribirlo en ese medio o es mejor por otro, pero sobre todo se trata de aplicar conceptos que uno también tiene en la vida “offline”: hablar como si lo estuviese haciendo cara a cara y no decir anda que no diría con la otra persona en frente”, detalló el especialista.

Otro consejo es apoyarse entre los miembros, teniendo como base el interés en la educación de los chicos. Aquellos que tengan más posibilidades de buscar información, que se la faciliten a otros, mientras que los que tengan mayor interés o tiempo de acercarse al colegio, notifiquen a los demás los datos relevantes que anuncie cada colegio.

Como ejemplo, el psicopedagogo relató que en muchos lugares tienen un padre delegado, que concentra la información y la divulga a través de estos medios, que pueden incluir también las redes sociales.

Poner normas dentro del grupo es una posibilidad bastante recomendable, según Santander. Indicar que las críticas deben ser constructivas, o rechazar cierto tipo de publicaciones. Así se busca evitar peleas entre padres, o mensajes irrelevantes.

“Si uno quiere hacer las cosas bien, debe proponer una mínima normativa, porque si no hay más probabilidades de que se desubiquen”, aportó Santander. Cuando esto sucede, algo que comenzó con mucho entusiasmo, finalmente se disuelve por los repetidos conflictos.

Entre la familia y la maestra

También son las docentes las que se suman a esta idea, y lo adoptan como forma de comunicación, sin reemplazar los medios formales. “En el jardín tenemos una maestra que creo un grupo: si alguien falta a la reunión de padres por algún motivo, o quiere recordar algo, nos avisa por ahí”, comentó Natalia. De hecho, utilizan Whatsapp para las actividades escolares, pidiendo a los padres que envíen audios para que después los chicos los escuchen en la clase, por ejemplo.

También se dan los casos en los que, en jardines maternales, las maestras envían a los padres videos e imágenes de momentos que los chicos viven en el colegio, como cuando se festeja un cumpleaños o se realiza un acto. “Aumenta mucho la tranquilidad, sobre todo de los que tardan en adaptarse”, manifestó Natalia.

Sobre este aspecto, Santander opina que es fundamental la buena comunicación del docente con la familia y el alumno, de la manera más clara posible. “Las instituciones educativas tienen que acordar con los maestros, los alumnos y los padres cómo se van a dar las tareas, hay que incentivar a los docentes para que no den actividades largas”, indicó el especialista.

Sin tarea en casa

En la opinión profesional del licenciado, los docentes deben evitar enviar tarea para hacer en la casa. “Hay una comprobación general basada en los resultados que indican que es mejor buscar que las actividades se resuelvan en la institución”, explicó Santander.

En la práctica, algunos psicopedagogos observan que “lo que no se hace en la escuela, no se hace en el hogar”. Por lo tanto, recomiendan evitar los trabajos extensos, o aquellos que se piden del viernes para el lunes y mantienen a los chicos ocupados el fin de semana.

“Hoy la familia no está presente como antes, el chico muchas veces está solo esperando que lleguen los padres para hacerles alguna consulta”, manifestó Santander.