Nunca sobrepases el punto a partir del cual las sensaciones dejan de ser agradables. Si hay dolor, está mal.

Tratá de mantener el estiramiento un mínimo de 15 segundos y un máximo de 30, rango óptimo de tiempo para lograr mejoras.

Evitá los llamados estiramientos balísticos o con rebotes, los movimientos tienen que ser lentos y muy controlados.

Contrae el músculo antagonista al que quieres estirar. La contracción del antagonista relaja automáticamente el agonista gracias a la llamada inervación recíproca.

Buscá el reflejo miotático inverso: este reflejo produce la relajación del músculo que se está estirando, favoreciendo su estiramiento. Cuando el estiramiento se hace correctamente y de modo progresivo llega un punto en el que empezás a notar menos tensión muscular, esto es porque está actuando este reflejo. Sólo con mucha práctica y una gran sensibilidad y autoconocimiento se llega a experimentar este reflejo.

Realizá ejercicios de estiramiento suave y controlado y ejercicios de soltura.

Hacer estiramientos muy largos en tiempo y máximos en recorrido entre los ejercicios, viene dado por las propias capacidades y estado de tu sistema neuromuscular.

Recordá que estirar no es sufrir ni sentir dolor.