Al frecuentar diferentes antros, para realizar estas notas, hemos descubierto conductas que se copian y rostros que noche tras noche se repiten en las fotografías. Lo curioso es que pueden verse en diferentes lugares casi a la vez; en el boliche top de San Martín, festejando con amigos en la Arístides y bebiendo en Chacras ¿Cómo logran movilizarse en breves lapsos de tiempo?

Es evidente, existe un submundo que los envuelve y del cual son víctimas. Estos seres se encuentran atrapados en recintos nocturnos. Nacen, se reproducen y mueren allí.

Una red de comunicaciones vincula a los bares y boliches, y túneles internos llevan de antro en antro a la gente que habita en ese laberinto interminable de noches eternas.

Si es verdad que los parroquianos están condenados a vagar perpetuamente por los mismos lugares, también es cierto que sus conductas se repiten del mismo modo inevitable. Pero ellos no lo saben. Se mueven con soberbia, como si decidieran sus propias acciones. Y no es así. Sólo cumplen con ajenas voluntades. Los mozos, los músicos, los borrachos, las prostitutas y los jugadores están aquí desde el comienzo de los tiempos y aquí permanecerán, recorriendo trayectos ancestrales con aires de inauguración, relata Alejandro Dolina en el Bar del Infierno.

Quizás ustedes, fieles lectores, logren encontrar en estas imágenes algún rostro que les sea familiar, pero ayudarlos a escapar es imposible.