Durante más de dos horas Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella hicieron vibrar el Arena Maipú, demostrando por qué son la aplanadora del rock. A su repertorio no le faltó nada: Capo Capón, Tanto Anteojo, Salir asustar, Che, qué esperás, Voodo Chile, El 38, Paisano de Hurlingham, Paraguay y Rasputín, fueron algunos de los temas que interpretó la banda.
Más de 3000 personas saltaron, cantaron y simularon uno que otro pogo al ritmo de Divididos. A pesar de que el piso se movía literalmente y se creaba un clima de furia , el estadio maipusino tiene ese no sé qué, bastante frío, que anula el aspecto sucio y desprolijo tan característico del rock.
A lo largo del recital, la banda fue impecable. Diego Arnedo destacó como siempre tocando su viejo Fender con los dedos, como dicen algunos que se debe tocar el bajo, sin púas. Catriel Ciavarella hizo estallar su batería ¿cuántas baquetas romperá por show? Su energía es incontenible. Y qué decir de Mollo, sumamente carismático, cantándose todo y estableciendo una empatía especial con el público, al cual bajó a saludar y entregó púas, al finalizar el show.
Una noche alucinante que disipó un poco la era de la boludez en la que vivimos. Y recordando a Sumo, sobre el sonido del Arena Maipú… mejor no hablar de ciertas cosas.
