Cualquier excusa es buena para reunirse entre colegas y disfrutar de una noche auspiciada por la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza. Entre vino de dudosa procedencia y empanadas, los actores fueron llegando a la Nave Cultural. Una entrega de premios los esperaba y los mantenía en vilo del otro lado del escenario, en las butacas.
Pronto, cuando fue anunciado el reconocimiento a la trayectoria la Sala 2 se sacudió de emoción al escuchar el nombre de Los Juglares, la pareja de titiriteros que es ícono del teatro para niños desde hace treinta y cinco años. Luciano Ortega y Pelusa Oliveras son de esa raza que de plaza en plaza nos cantan, borrando la huella de un recuerdo amargo. Son de esos seres que recibieron su recompensa por tener la osadía de luchar por sus sueños. De vender ballenitas en la calle San Martín a ser respetados por sus pares y criar en el trayecto a dos hijos que siguen caminos similares a ellos, próximos al mundo de la niñez y del teatro.
Luego del conmovedor homenaje, video incluido que narraba la historia de Los Juglares, llegó el turno de las menciones. El mejor vestuario lo diseñó Guadalupe Rodriguez, quien creó los atuendos de los personajes de un pobre circo en medio de la Patria Fría. La mejor escenografía y el mejor diseño lumínico fueron los de Agamenón, elaborados por Eleonora Sanchez y David Maya, respectivamente. Pipi Morgui consiguió su estatuilla por el mejor diseño sonoro y no es para menos con su Murga la Sanmartina con más de 15 intérpretes en escena. Para finalizar, Santiago Borremans recibió la mención a mejor texto mendocino o adaptado por Blancanieves. Una mujer incomprendida. O el síndrome del espejo.
La Municipalidad entregó $20.000 a repartir entre los ganadores, excluyendo las menciones. Así, en estado de histeria, sobrecargado de asombro y alegría, Hernán Ortiz recibió su galardón como mejor actor de reparto en la obra Contra-inteligencia. En la misma categoría, pero en el rol femenino, Diana Moyano obtuvo su reconocimiento y su retribución económica de $1500. La joven actriz actuó en Patria Fría y en Villa Dolorosa.
La sala estalló en aplausos cuando se anunció que Rodrigo Casavalle es el mejor actor protagónico por su labor en Contra-inteligencia. El talentoso artista subió al escenario y dio pruebas de su comicidad en un improvisado agradecimiento. Por Villa Dolorosa, Marina Candolino fue elegida mejor actriz protagónica. Curioso accionar el de los actores, al interpretar un rol liberan su ser y en ese juegar a ser otro dejan de lado los nervios y las vergüenzas. Sin embargo, cuando se los expone a situaciones como la de esta premiación siendo ellos mismos, estando frente al micrófono, las piernas le tiritan.
Siguiendo con la ceremonia, sobre el final, David Maya levitó en ego cuando se lo nombró como mejor director por Agamenon, agarrando fuertemente el reconocimiento, expresó su sorpresa por ser elegido entre sus colegas. En alegría y emoción culminó la noche, cuando Guillermo Romero, el subsecretario de Turismo, Cultura y Desarrollo Económico expresó que Contra-inteligencia es la mejor obra de este Festival de Teatro Estrenos de Mendoza.
Bajo la dirección de Cristian Di Carlo, el elenco La obeja negra interpreta a un grupo revolucionario que dará su gran golpe secuestrando a un alto mandatario. Alina Rodriguez Hualpa, Hernán Ortiz, Rodrigo Casavalle y Hugo Yáñez entre mates y tortitas presentan una crítica audaz a nuestro presente. Con el diseño sonoro de Santiago Ermili, el diseño lumínico de Mario Jara, la escenografía de Rodolfo Carmona y el libro de Nicolás Allegro, Contra-inteligencia es la mejor obra. Todo señala que si no has tenido la oportunidad de verla, tenés que estar atento a la cartelera de las salas mendocinas.
El objetivo de este Festival fue el de promocionar la renovación de las producciones locales y motivar la participación del público en las propuestas teatrales. Ese mismo empuje inicial debería continuarse para que los premios entregados no resulten, a la larga, una limosna. Este Festival debería servir como una vidriera para seguir alentando las nuevas funciones que lleven a cabo los elencos ganadores.
El mejor director y la mejor obra recibieron respectivamente, $ 4000. Mientras que los dos actores protagónicos premiados fueron reconocidos con $2.500, cada uno. El dinero es siempre un estímulo, una ayuda que permite llegar a fin de mes o que facilita la compra de lo deseado. Pero bajo ningún punto de vista resulta una gran iniciativa del gobierno municipal, si se lo compara con el sueldo de $2.500 que reciben jóvenes sin preparación bajo el Plan Iniciar. Se observa, ante tal hecho, que no es demasiado lo que se obsequió, aunque es lo mismo que gana un maestro a fin de mes.
Las entregas de premios alegran, permite que los artistas se reúnan y sientan que su trabajo es reconocido, más aún si viene acompañado de un regocijo económico pero este, sólo hace cosquillas, no cubre las falencias que tuvo este Festival, el cual por ejemplo, se superpuso con el Festival de Danza Nuevas Tendencias y que, al mismo tiempo, se encontró próximo al finalizado Festival de Teatro. Por otro lado, la difusión que se le dio al evento fue limitada. En el hall de la Nave uno podía llevarse uno de los tantos afiches que deberían haber empapelado Mendoza. En las obras, a lo largo de estos días, hubo movimiento de público, pero eran los mismos actores los que creaban el tránsito al mirar el trabajo de sus colegas. La prueba más consistente de la poca difusión fue la escasa o casi nula prensa que cubrió esta entrega de premios.
En Mendoza hay talento, existen artistas que día a día trabajan para generar nuevos caminos, llevando con atrevimiento y preparación propuestas teatrales, abriendo sus propias salas y manteniéndolas a pulmón. Es en el aplauso del público donde está el mayor reconocimiento.
