Muchos llantos que evidenciaron un gran dolor. Desesperación e impotencia ante una sentencia condenatoria que no los dejó conformes. Así se retiraron ayer la esposa y los hijos de Víctor Hugo Carmona –el policía que fue ejecutado de un tiro en la cabeza en un asalto perpetrado el 22 de junio del 2005– de los tribunales locales. Los jueces de la Tercera Cámara del Crimen encontraron culpables ayer a los imputados luego de un polémico juicio abreviado. Uno de ellos, quien asesinó al efectivo, Daniel Poco Seso Iracheta, recibió dieciséis años de prisión por robo seguido de muerte.

               El otro, Hugo León Maldonado, ocho años tras reconocer que participó del asalto que se transformó en tragedia. Pero los pedidos de justicia por parte de los familiares eran porque el ahora culpable de disparar a quemarropa y matar a Carmona de un certero disparo en la sien había llegado a esa instancia bajo la imputación de homicidio criminis causa, es decir, que terminó con la vida del uniformado con la clara intención de que el atraco quedara impune. La ilusión se cortó pasadas las 12.30, cuando se leyó el fallo (ver aparte).

                 La defensa de ambos malvivientes, representada por los letrados Pablo Cazabán –Iracheta– y Martín Ríos –Maldonado–, había acordado con el fiscal de Cámara, Oscar Giacomassi, la pena en cuestión. Giacomassi aceptó el juicio de corta resolución al entender que la calificación por homicidio criminis causa no iba a prosperar en un debate tradicional. En cambio, la querella, representada por Ariel Civit, fue la que puso el grito en el cielo en los alegatos. Entendió que se probó en la instrucción del expediente que existió dolo en la acción, es decir, que hubo una voluntad consciente, encaminada u orientada del delincuente en la perpetración del acto.

                   Debido a eso solicitó al tribunal integrado por los magistrados Omar Palermo, Pedro Funes y Orlando Vargas que Poco Seso fuera condenado a prisión perpetua. En sus argumentos planteó que el tribunal estaba en condiciones de modificar la pena acordada, pero los magistrados rechazaron el pedido, media hora después, cuando dieron su veredicto. Tampoco prosperó el requerimiento de prisión perpetua “Hay que modificar la ley. La figura del querellante todavía está pintada en los debates. Vamos a ir a casación”, se quejó y prometió el jurista.

                  Cuando Poco Seso fue sentenciado por robo seguido de muerte y Maldonado por robo agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa, la sala de debate ubicada en el quinto piso del Poder Judicial fue un mar de lágrimas.No paraban de cuestionar la resolución de los jueces. Cristina Camps y Andrea, esposa e hija de la víctima respectivamente, fueron quienes más lloraron y abrazaron. Otros dos hijos de Carmona trataron de contener su dolor y se retiraron juntos, mientras despotricaban contra el fiscal, los jueces y los “ratas” que mataron al efectivo, como calificaron a los condenados.

             Por su parte, el asesino se retiró con la cabeza gacha, negando las acusaciones y realizando gestos con su cabeza. Los delincuentes fueron llevados a la penitenciaría y deberán cumplir de forma efectiva la condena.

SIN VIDA.

                 El cabo primero de la policía local Víctor Hugo Carmona fue ejecutado de un certero disparo en el costado derecho de la cabeza. Ocurrió en el quiosco familiar ubicado en Pedro Molina y Panamá de Guaymallén, cuando, pasadas las 22.30, un par de sujetos llegó al negocio con intenciones de cometer un robo. Uno de ellos iba armado. La víctima era fotógrafo de Policía Científica y tenía cuatro hijos. Quien fue atacada violentamente por los ladrones fue la hija del efectivo de 57 años,Andrea. Al ver que la joven era encañonada por los sujetos, Carmona salió en su defensa.

               Estaba vestido de civil, con un pulóver azul y las insignias de la Policía. Eso fue el detonante para ejecutarlo durante un violento forcejeo. Después del fuerte impacto, Carmona cayó al piso en la vereda del quiosco de la familia. El charco de sangre que había cerca de su rostro motivó a la familia a llamar una ambulancia. En ese momento se temía lo peor, que sucedió a los pocos minutos de haber arribado al Hospital Central. El primero en caer fue Maldonado, quien reconoció el hecho y señaló quién era el asesino. Así fue atrapado, días después, Poco Seso.