Con las manos y los pies atados, una herida de bala en la cabeza y gran parte del cuerpo calcinado. Así fue hallado dentro de su camioneta Juan Carlos González (78), el finquero asesinado hace casi una semana en una zona rural de San Martín y que generó una importante investigación que desembocó a los pocos días en la captura de uno de los presuntos homicidas.
Las primeras averiguaciones que realizaron los detectives del caso, quienes trabajaron bajo las directivas de los fiscales Oscar Sívori y Martín Scattareggi en la zona de los distritos de Montecaseros y Nueva California, donde trabajaba y residía la víctima, apuntaron contra un obrero rural.
Un testigo de la causa había hablado con el joven trabajador en las horas previas al crimen y le había comentado que “se la iban a mandar con el viejo”, haciendo referencia a González, quien se desempeñaba como encargado de una finca de ese sector.

Luego de su detención, se desligó del hecho de sangre y si bien confirmó que le mencionó a un conocido la frase que le llegó a los investigadores, en realidad fue algo que escuchó decir a dos trabadores que estaban viviendo en la casa de la finca que manejaba González, a quien en la zona conocían como el Chivato.
Uno de ellos, identificado como Rodrigo Ismael Moya (24), no sólo quedó complicado a raíz de la información aportada por el joven aprehendido -pasó de sospechoso a testigo- sino también porque los pesquisas llegaron al dato de que la noche del jueves 30 de enero estuvo ofreciendo una batería de vehículo en la zona, único elemento que faltaba en la Chevrolet S-10 de la víctima.
Pero eso no fue todo, ya que los testigos también indicaron que, esa misma noche, Moya junto a otro sujeto descartaron un elemento hacia un descampado del paraje rural, información que motivó una serie de rastrillajes.
Así, los sabuesos policiales encontraron la llave control remoto de la camioneta, la cual fue secuestrada y posteriormente sometida a peritajes con la finalidad de obtener alguna huella o rastro genético, explicaron fuentes allegadas al caso.
A partir de ese hallazgo, se profundizó sobre la relación de Moya con González, que era su capataz en la finca en la que residía y trabajaba. De las diversas entrevistas surgió que la víctima venía teniendo problemas con él y otro obrero que vivía en la casa de la propiedad rural, ya que ambos tenían escaso compromiso laboral.

Con todas las pruebas recolectadas, los fiscales del caso solicitaron la captura de Moya y personal de la Unidad Investigativa Departamental San Martín (UID) concretó su captura la tarde del domingo en el distrito de El Divisadero, donde había sido visto consumiendo bebidas alcohólicas en un comercio.
Posteriormente, el sindicado matador fue imputado por el delito de homicidio criminis causa, es decir, matar para ocultar un delito previo. Esto porque los detectives estiman que, más allá de los conflictos entre los trabajadores y la víctima, los autores tenían la intención de robarse la camioneta, pero que terminaron estancando el rodado en una calle anegada por la lluvia y, por eso, sólo sacaron la batería y lo prendieron fuego con el cadáver de la víctima dentro.
Con esa calificación, Moya arriesgará como única pena la prisión perpetua, en caso de que llegue al juicio por jurados. Luego de ser formalmente acusado, los representantes del Ministerio Público ordenaron su alojamiento en un complejo penitenciario de la provincia.
Crimen en San Martín
Fue pasadas las 14 del jueves 30 de enero cuando un llamado a la línea de emergencias 911 alertó sobre un vehículo en llamas sobre calle El Médano de Montecaseros, cerca del límite con Nueva California.
Cuando bomberos llegaron a ese sector, de difícil acceso por tratarse de calles de tierra afectadas una lluvia que había caído horas antes, apagaron el fuego y se encontraron con restos humanos en el interior del rodado.

Por eso, tomó intervención la Unidad Fiscal San Martín-La Colonia y se desplazó hasta la escena a personal de Investigaciones y de la Policía Científica, que inició las tareas sobre el cuerpo y constató que presentaba un disparo en la cabeza.
Horas después, se logró establecer que el cadáver habido pertenecía a González, un finquero conocido y muy querido por los vecinos de la zona.
