Maximiliano Fabián Godoy Ramos (30) fue condenado este miércoles a 11 años de prisión por el asesinato de su vecino Sergio Enrique Arias Gallardo (39), ocurrido a comienzos de este año en Dorrego, Guaymallén

La víctima fue ultimada de un balazo en la cabeza frente a la mirada de su hijo, de 11 años, quien lo acompañaba en ese momento.

El niño se convirtió en una pieza fundamental para la investigación, ya que los datos que aportó a los detectives permitieron una rápida captura del presunto autor.

Poco más de tres meses después del crimen, la fiscal de Homicidios Andrea Lazo, quien lideró el expediente, llegó a un acuerdo con la defensa para definir todo mediante un juicio abreviado inicial, en la jornada que debía tratarse la prisión preventiva al acusado.

El pacto contó con el aval de la jueza Mirna Montaldi, del Juzgado Penal Colegiado Nº 2, quien dictó la sentencia después de que el imputado reconoció la autoría frente a las partes.

Las contundentes pruebas con las que contaba la representante del Ministerio Público fueron la clave para que el caso se resolviera en poco tiempo.

Así, Godoy Ramos fue condenado por poco más de la mínima que prevé el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, por el que estaba imputado, y con el que hubiese arriesgado penas de entre 10 a 33 años de prisión en caso de que hubiese llegado al juicio oral y público.

El caso

La reconstrucción del caso sostiene que eran las 11.45 del jueves 20 de enero cuando una serie de detonaciones de arma de fuego sorprendieron a los vecinos de la zona de calles Gualberto Godoy y Solís.

Testigos detallaron que habían observado a dos sujetos, uno de los cuales estaba acompañado por un menor, que discutieron fuertemente en la vía pública. Acto seguido, uno de ellos sacó un arma de fuego disparó en dos oportunidades.

Uno de los plomos le impactó a la víctima en la cabeza, ingresándole por el ojo izquierdo, lo que produjo su muerte casi instantánea.

A raíz del ataque, una comisión policial se desplazó hasta el lugar e identificó al fallecido como Arias Gallardo. Junto al cadáver se encontraba su hijito, de 11 años, que había sido testigo presencial del asesinato.

El niño aportó que el autor de los disparos se había dado a la fuga y describió las características físicas y de vestimenta del sujeto, que permitió iniciar una intensa búsqueda en las inmediaciones.

Las tareas investigativas en la zona establecieron que Godoy Ramos, el sospechoso, se había dirigido hasta su vivienda ubicada en las inmediaciones y luego tomó un taxi para salir de ese sector guaymallino repleto de policías que estaban tras sus pasos.

No obstante, los sabuesos lo interceptaron cuando iba a bordo del taxi, en calles Gutiérrez y Estrada, frente al Club Alemán, y lo detuvieron.

La hipótesis principal de los investigadores es que Arias Gallardo se encontraba en la vivienda del acusado y se produjo un altercado porque Godoy Ramos amenazó a su hijo con un arma de fuego.

Aparentemente, la pelea se trasladó a la calle y desembocó en la intersección donde se produjo la agresión donde la víctima fue ultimada, señalaron fuentes judiciales.