En una investigación relámpago que duró menos de una semana, la Policía Contra el Narcotráfico (PCN) logró desbaratar la semana pasada un clan familiar dedicado a la venta de estupefacientes en Guaymallén y alrededores. Dos hermanos quedaron detenidos acusados de liderar la organización a la que le secuestraron 7 kilos de cocaína y otros elementos que los comprometen con la instrucción. Ambos tenían antecedentes por causas narco.
Se trata de Alejandro Ceferino (42) y Miguel Alejandro Herrera Cabañez (35), domiciliados en el barrio Lihué, donde se desarrolló una de las medidas judiciales que permitieron desarticular a la gavilla.
La pesquisa se inició después de que los sabuesos dedicados a casos de narcocriminalidad les llamó la atención el precipitado crecimiento patrimonial que tuvo el menor de los hermanos, quien se había mudado junto a su pareja a un coqueto barrio de Buena Nueva.
Fuentes allegadas a la causa describieron que Miguel Ángel y su familia llevaban una vida ostentosa y recientemente habían adquirido autos de alta gama, bicicletas, electrodomésticos y demás bienes que no coincidían con los ingresos formales.
Un dato no menor para la pesquisa es que su esposa cobraba el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) por parte del Estado Nacional, lo acrecentó las sospechosas de que no contaban con los ingresos suficientes para tener esa cantidad de bienes.

En los allanamientos que se realizaron entre la noche del martes y la madrugada del lunes, los detectives de la PCN secuestraron en ese domicilio de calle Baigorria al 1800, secuestraron un Chevrolet Cruze Premier, un Peugeot 2008, dos motos, cuatro bicicletas, dos monopatines eléctricos, un smarTV Samsung QLED 4K -valuado en casi 1 millón de pesos- y $350 mil en efectivo.
Allí no sólo capturaron a Miguel Ángel, sino que también quedó comprometida su pareja, identificada como Noelia Belén Mamaní, quien permanece con detención domiciliaria, a la espera de que la Justicia federal defina su situación.
La misma suerte corrió Gabriela Belén Dolcemáscolo, una joven de 24 años que también es investigada como parte de la banda y que tenía en su domicilio de calle Pedro del Castillo al 5800 siete ladrillos de cocaína (de un kilo cada uno), 400 gramos de marihuana, municiones de diferentes calibres, alanzas y elementos de corte y fraccionamiento.

Pero eso no es todo, en esa vivienda también dieron con 39 cubiertas para motos tipo enduro o pisteras, con valor cercano a los $4 millones, las que habrían ingresado de manera ilegal al país, motivo por el que colaboró en los allanamientos personal de AFIP-Aduana.
Por último, en la casa de la manzana 28 del Lihué, donde residía y fue detenido el mayor de los Herrera Cabañez, incautaron un trozo de 40 gramos de cocaína compactada, 33 ravioles con la misma sustancia, 30 gramos de cogollos de cannabis en frascos, una balanza y $137.780 que serían producto de la venta de drogas.
En el ámbito narco mendocino, la caída de los hermanos no resultó sorpresiva, ya que desde hace tiempo eran conocidos por llevar adelante esa actividad, indicaron fuentes consultadas por El Sol.
Incluso, sostuvieron que están vinculados a conocidos delincuentes de la zona que obtienen los estupefacientes en provincias del norte para trasladarlos hasta Mendoza y distribuirlos en diferentes barriadas del área metropolitana.
Los antecedentes
Tanto Miguel Ángel como Alejandro Herrera Cabañez registraban antecedentes penales de reciente y vieja data, por lo que cuentan con varias salidas e ingresos a penales de la provincia.
En el caso del mayor de los hermanos, había recuperado la libertad en plena pandemia y cuarentena estricta por el coronavirus. Para ese entonces, purgaba una condena de 4 años por una causa por infracción a la Ley 23.737 en la modalidad de comercio de estupefacientes.
Por ese expediente federal fue detenido en noviembre de 2016 y terminó sentenciado poco menos de un año después, en setiembre de 2017 por el TOF Nº 1.
En mayo de 2020, ese Tribunal le otorgó el beneficio de la libertad asistida. Durante todo ese periodo, Alejandro pasó por los penales de San Felipe, Boulogne Sur Mer, Almafuerte y el último tiempo estuvo en la Colonia y Granja Penal Vitale Nocera de Lavalle.
Anteriormente, había registrado antecedentes por diferentes tipos de delitos, inaugurando su prontuario por una causa de flagrancia por la que accedió a una suspensión de juicio a prueba en mayo de 2010.
Ver también: Desarticularon un clan narco y secuestraron siete kilos de cocaína en Guaymallén
Al poco tiempo, en febrero de 2011 fue condenado a tres meses de encierro por un robo simple en grado de tentativa; mientras que en 2015 sumó otra sentencia a 3 años por un robo agravado por ser cometido en poblado y en banda y por la participación de un menor.
Por su parte, su hermano Miguel Ángel tuvo su primer roce con la ley en mayo de 2015, cuando cayó por una investigación conjunta entre Mendoza y Formosa por tráfico de drogas. Sin embargo, quedó desvinculado de la causa en agosto de ese año por falta de mérito y quedó en libertad.
Al año siguiente, en 2016, quedó comprometido por una causa que se inició en 2012 por amenazas. La presentación judicial sostenía que el 17 de enero de ese año, Miguel Ángel y otro sujeto llegaron hasta un persa de calle Bandera de los Andes y Antonelli y le apuntaron con un arma de fuego a un comerciante.
De ese expediente surge que los dos autores le gritaron a la víctima “pensá bien como son las cosas, ya te aclaramos bien como era esto. Me vas a pagar lo que yo quiera que me pagues y acordate de los nenitos bonitos que tenés”.
Por esa causa, que lideró la fiscal Daniela Chaler, fue condenado en mayo de 2019 a tres años de prisión en suspenso por el delito de coacciones agravadas por el uso de arma.
