Julio Bienvenido Amparán Díaz, chileno nacionalizado argentino, está acusado de matar a golpes a su concubina, Karina Naranjo, el 1 de enero del 2003 en la ciudad de Los Andes, en Chile. “Me acerqué a preguntarle por qué le pegaba y sin mediar palabras también me golpeó a mí”, indicó una testigo ante el Juzgado de Garantías de Los Andes. La mujer agregó que ella fue herida de gravedad en la cabeza con el mismo elemento contundente, “que parecía un fierro”, expresó. “Eran alrededor de las 5.30 y todavía no amanecía. Yo vi cómo este hombre le pegaba a la chica y me pegó a mí también. Después me fui, porque ya era tarde, y al otro día me enteré por unos vecinos de que El Che Julio había matado a Karina”.

       Con ese testimonio, que fue el primero dentro de la sala, el acusado estaría severamente comprometido. El Tribunal Oral Federal Nº2 local es el encargado de juzgarlo, porque Amparán se fugó a Mendoza luego de que, presuntamente, cometió el horrendo crimen. Como la Ley de Extradición le brinda el beneficio de poder elegir en cuál de las países ser juzgado, el sospechoso optó por Argentina, y ahora esperará que el tribunal dicte la sentencia, lo que ocurriría esta tarde,después de que transcurran las más de seis horas de testimonios grabadas.

     MACABRO. Los medios periodísticos de Los Andes calificaron el caso rápidamente como inédito en esos pagos chilenos y siguieron la causa paso a paso. En la madrugada del 1 de enero del 2003,Karina Andrea Naranjo González fue brutalmente asesinada. En apariencia, se habría producido una fuerte discusión que derivó en la golpiza que, supuestamente, le propinó su concubino. Según los expedientes, Amparán, luego de matar a la chica de 21 años, la amarró de pies y manos con sogas y alambres, la introdujo en una bolsa de nylon, la montó sobre un caballo y la tiró en un canal lejano a la precaria vivienda en la que ambos vivían desde hacía unos meses, ubicada en el Campamento Bicicross de la ciudad chilena de Los Andes.

      Luego de eso, el procesado regresó a su casa y decidió escapar a Mendoza, ya que todavía no había ningún pedido de captura sobre su persona. Amparán podría ser condenado a 25 años de prisión efectiva, si es que los magistrados que lo juzgan lo hallan culpable del delito de homicidio simple.