La víctima,.

La escena del crimen todavía estaba cargada de tensión cuando personal policial volvió a cerrar anoche la calle Mansilla, en el barrio Independencia. Allí, cerca del número 2300, quedó reconstruido inicialmente el asesinato de Ramón Federico Quiroga, de 41 años, y el foco de la investigación se posó con fuerza sobre dos hombres conocidos en la zona como “Fabito” y Lucho, señalados como los autores del ataque.

Según las primeras pruebas incorporadas al expediente que lidera la fiscal de Homicidios Florencia Díaz Peralta, Quiroga estaba en la vereda junto a su sobrino de 19 años después de las 22.40 cuando una camioneta oscura, aparentemente una Ford F-100 azul o negra, llegó desde el oeste y se detuvo frente a la vivienda.

Del vehículo bajaron dos hombres. Uno de ellos fue identificado por testigos como “Fabito”, quien inició una discusión verbal con la víctima. El cruce fue breve pero intenso, describieron. De acuerdo con los relatos, el agresor volvió sobre sus pasos, regresó a la camioneta y tomó un arma de fuego.

Minutos después regresó caminando hacia Quiroga y disparó varias veces. Dos de esos proyectiles impactaron en el tórax de la víctima, que cayó gravemente herida sobre la carpeta asfáltica. Mientras el hombre agonizaba en el suelo, los atacantes intentaron escapar, pero la camioneta no encendió y quedó abandonada a pocos metros del lugar.

En medio de la confusión, familiares y vecinos intentaron auxiliar a Quiroga. Su sobrino y un hermano lo cargaron como pudieron en un Renault 18 y emprendieron una desesperada carrera hacia el Hospital Carrillo.

Sin embargo, el vehículo también sufrió desperfectos mecánicos y fue dejado abandonado en calle Álvarez Condarco, a la altura del segundo Callejón Morales. Con ayuda de vecinos de la zona lograron finalmente llegar al nosocomio.

En la guardia, la médica de turno constató dos heridas de arma de fuego en el tórax, con orificio de entrada y sin salida. Pese a los intentos por estabilizarlo, el estado era crítico y la víctima murió poco después.

Mientras tanto, la escena del ataque seguía siendo caótica. Cuando los uniformados llegaron a la escena, entrevistaron a los testigos, quienes aportaron un dato clave para la causa: minutos después del tiroteo, uno de los hermanos del agresor regresó al lugar. Era Lucho“, que llegó acompañado por tres o cuatro personas.

Según los testimonios, se le acercó y le dijo: “Perdone señora, ha sido una confusión”. Acto seguido, recogió vainas servidas que estaban sobre el asfalto, las cargó y se retiró en la misma camioneta que había quedado abandonada tras el ataque.

Este accionar, interpretado por los pesquisas como un intento para modificar el teatro del hecho y llevarse evidencias, terminó de colocar a los dos hermanos en el centro de la pesquisa.

El Ministerio Público ordenó una serie de medidas: el traslado del sobrino de la víctima a sede judicial para prestar declaración testimonial, ya que fue testigo presencial, un trabajo en el hospital para el levantamiento del cuerpo y la intervención de personal de Científica tanto en el nosocomio como en la escena del crimen.

Por lo que contaron fuentes del caso, la instrucción tenía como objetivo localizar y detener a los dos sospechosos, principalmente al “Fabito” reconstruir el recorrido de la camioneta antes y después del hecho y determinar el motivo del ataque que terminó con la vida de Quiroga.