La escena, la mañana del 23 de julio del 2013. Arriba: el confeso homicida. Abajo: la víctima.

“Estamos todos muy mal, y más por la forma en lo que lo mataron. La saña que tuvieron contra él no tiene explicación”, contó buscando algún tipo de respuesta Helen Angulo horas después de sufrir la pérdida de su padre durante un hecho de inseguridad en la propiedad donde vivía y cuidaba hace casi 10 años en Luján. Por aquellos días, la joven tenía 27 años y esperaba que la Justicia le entregara el cuerpo de su padre, Marcos Eusebio Angulo, para iniciar el velorio junto a sus familiares.

El asesinato de Angulo para robarle algunas pertenencias entró en el olvido social pero no en los investigadores policiales y judiciales que trabajan estos casos en la provincia. Tanto es así que, en marzo, los pesquisas atraparon al autor del hecho en la provincia de Catamarca, Alberto Cesar Ibaceta Visaguirre, donde se había radicado desde hacía tres años. Los otros siete estuvo fuera del país, confiaron fuentes del caso a El Sol.

Este lunes por la mañana, Ibaceta Visaguirre, quien se dedicaba a realizar artesanías en una comunidad hippie del norte del país, admitió el hecho de sangre en un juicio abreviado inicial y su defensa acordó la pena de 10 años con la fiscal de Homicidios de la causa, Andrea Lazo. La calificación fue por homicidio en ocasión de robo y el juez Gabriel Bragagnolo homologó el acuerdo.

Llegar a detener a Ibaceta Visaguirre no fue una tarea sencilla. Pero en los primeros días de investigación quedó en la mira por el asesinato. Marquitos, como era conocido este hombre nacido en Perú, fue ultimado cuando estaba terminando el lunes 22 de julio del 2013 en el predio deportivo que cuidaba y donde también vivía. Tenía 60 años.

La alarma se activó y sus dos hijos –una mujer y un varón- fueron de inmediato hasta el lugar. Se encontraron con su progenitor agonizando al lado de una pala con sangre y vieron a un sospechoso que se escapaba corriendo.

Una ambulancia llevó al hombre al Hospital Central pero llegó sin vida por las heridas que sufrió en la cabeza y el tórax. A la víctima le habían robado un equipo de música y un teléfono celular, además de un arma de fabricación casera –tipo tumbera- que fue hallada por los detectives horas después del asesinato.

Justamente, el caso tuvo a dos hermanos oriundos de Godoy Cruz aprehendidos como sospechosos. No tuvieron nada que ver con el hecho pero su relación sirvió para vincularlos con el autor del ataque, quien había dejado la propiedad donde pernoctaba cerca del domicilio que cuidaba la víctima sobre calle Lamadrid 220 de Luján.

Angulo trabajaba por las mañanas como albañil para una empresa constructora –hacía trabajos en el barrio privado Palmares en Godoy Cruz y en Ciudad– y por las noches estaba a cargo de la seguridad del predio ubicado a metros del club de fútbol Luján Sport Club. En ese lugar vivía solo y fue abordado mientras descansaba con fines de robo.

Personal policial trabajando en la zona del asesinato, hace 10 años.

“Nosotros nos enteramos cuando nos llamaron de la alarma ADT –a las 23.50 del lunes 22 de julio– porque se activó la sirena y mi padre no les atendía el celular para saber si estaba todo bien. Por eso me dijeron a mí que tratara de comunicarme con él pero tampoco podía”, explicó la hija en charla con El Sol después del crimen.

La mujer llamó a un hermano más chico y ambos se dirigieron en un remís hasta el sitio mientras seguían en contacto telefónico con la empresa de alarmas, pero sin respuestas positivas.

La escopeta, según las características que aportó el hijo de la víctima fatal, era del albañil y la usaba como “protección” por los reiterados problemas que tenía con los hombres del aguantadero de la zona. Y, además, en la correa que tenía para ser transportada hallaron manchas de sangre.

Apenas arribaron a la escena, el panorama fue desesperante: “Cuando llegamos con mi hermano vimos sangre en la boca y en la nariz y había una pala a su lado. Trataba de aspirarle la sangre de la nariz para que no se ahogara mientras los de la ambulancia me indicaban que tenía que hacer”, explicó Helen.

Antes de morir, el hombre le alcanzó a decirle a sus hijos que el sospechoso medía 1,70 metros, aproximadamente, que tenía ropas oscuras y que era delgado y con pelo corto. Angulo fue traslado al Central pero llegó sin vida. Presentaba traumatismos en diversas partes del cuerpo, principalmente en la cabeza.

Los hijos afirmaron que a su padre le habían sustraído el teléfono celular y un equipo de música. Además, estaban por llevarse un televisor y una valija con prendas de vestir pero la dejaron tirada en el patio. También le sustrajeron un arma tumbera.

El arma, según las características que aportó el hijo de la víctima, era del albañil y la usaba como “protección” por los reiterados problemas que tenía con los hombres de un aguantadero de la zona, donde se cree estuvo el autor del hecho.

Lo cierto es que, a casi una década del crimen, el autor del robo fue condenado por la Justicia. Lo habían encontrado en Catamarca en marzo y saltó su pedido de captura cuando lo identificaron. Acorralado por las pruebas (principalmente testimoniales, Ibaceta Visaguirre terminó reconociendo que fue el autor del ataque.