Se cumplió una semana desde que Alejandro Amitrano (40) fue condenado a prisión perpetua por matar a golpes a su pequeña hija, Rosario Belén (1), a fines de 1999. Mientras el hombre que estuvo prófugo de la Justicia durante 13 años permanece tras las rejas en la cárcel de Almafuerte, los jueces dieron a conocer el lunes los fundamentos del fallo.
El tribunal de la Quinta Cámara del Crimen presidido por Rafael Escot e integrado por Alejandro Gullé y María Liliana de Paolis se basó, de acuerdo a un análisis de las más de 100 hojas del escrito, en cinco puntos principales para dictar el fallo condenatorio, todos ellos en la misma sintonía con el alegato desarrollado por el fiscal del caso, Fernando Guzzo.
En la primera parte, el magistrado preopinante, Escot –sus pares adhirieron en su voto– consideró que Amitrano era el encargado de la guarda de la beba y “debía protegerla”. También que no quiso llevarla al médico “para que no se supiera” del maltrato que estaba sufriendo la criatura, y analizó que “sabía perfectamente lo que había hecho con la menor y que todo confluiría en lo que él no quería”.
Luego, descartó la coartada de Amitrano sobre mala praxis de los médicos que atendieron a la pequeña porque “no hace nada desde el punto de vista civil ni penal”.
Finalmente, consideraron que escapó porque sabía “perfectamente que, de no prescribir la acción penal, que era la salida que él tenía terminaría, condenado puesto que conocía perfectamente la gravedad del cuadro de su hija”.
En la resolución, los jueces destacaron que el oriundo de Villa Mercedes tenía poca vinculación afectiva con su hija ya que al menos en diez ocasiones durante su declaración en el proceso la llamó “criatura” y en cuatro instancias más, “nena”.
Los magistrados destacaron que habla en plural para compartir la responsabilidad con su ex esposa y madre de la niña, Cecilia Cousau.
“A medida que se va dando cuenta de sus contradicciones con el resto de las pruebas que hay en su contra, intenta acomodar, aunque no lo logra, su relato en forma ganancial”, estimaron sobre la versión que aportó Amitrano en las últimas jornadas del debate.
“Intenta acomodar, aunque no lo logra, su relato en forma ganancial”
Sobre la coartada que mantuvo Amitrano desde un principio, estableciendo que los médicos de los hospitales Italiano y Notti actuaron contra él porque habían cometido una mala praxis, Escot y sus pares consideraron que quedó desacreditada con otras pruebas objetivas como la necropsia al cadáver, radiografías y otros exámenes médicos. “Por eso, Amitrano no quiere concurrir al Hospital Notti, ya que sabe o presume que van a quedar al descubierto las lesiones, y la situación de maltrato”, explican los fundamentos de la sentencia.
“Amitrano no quiere concurrir al Hospital Notti, ya que sabe o presume que van a quedar al descubierto las lesiones, y la situación de maltrato”
Que ni la madre del acusado, Amelia González, ni su hermana, Valeria Amitrano, supieran explicar por qué no fueron al entierro de Rosarito ni supieran dónde estaba enterrado su cuerpo, también fue valorado como un punto en su contra. “El imputado en su declaración ha dicho dos cosas sinceras que fueron que no sospechaba de su mujer y que fue él el que se demoro en llevarla al Notti”, sostienen los magistrados, en la misma línea que el fiscal Guzzo.
El tribunal de la Quinta Cámara del Crimen concluyó que “es claro que el imputado no podía desconocer el efecto lesivo de un golpe en la zona del abdomen de su hija, que no había cumplido un año de edad, y que podía ocasionarle graves consecuencias para su salud y su vida”.
“Obró con dolo eventual puesto que de forma alguna pudo no habérsele pasado por su cabeza que al agredir como lo hizo a su hija menor pudiera ocasionarle la muerte como un resultado probable de su acción, actuando así con total indiferencia y menosprecio de la vida de su hija”, cerró el escrito.
A partir de ahora y como entendió que su cliente debía ser absuelto, la defensa del condenado, a cargo de Jorge Miranda, analizará si presenta un recurso ante la Suprema Corte para intentar que dar vuelta el fallo.
El caso
Rosario Belén Amitrano ingresó el 23 de noviembre de 1999 al Hospital Notti, llevada por sus padres, Alejandro Amitrano y Cecilia Cousau. Tenía un grave cuadro de abdomen agudo y shock séptico, por lo que falleció siete días más tarde, poco después de cumplir un año. Antes de morir, su padre escapó y estuvo prófugo 13 años de la Justicia. Fue atrapado en Entre Ríos, donde vivía bajo otro nombre y con una familia nueva.
Cousau, por su parte, estuvo pressa más de un año. Fue juzgada por abandono de persona agravado por el vínculo, pero la misma Cámara la absolvió por la duda. La mujer participó en el último proceso como testigo y apuntó contra quien era su pareja.
Las lesiones
Se comprobó que la víctima sufrió maltrato en su hogar y las lesiones terminaron con su vida. De acuerdo con la necropsia, Rosario Belén presentó:
– Estallido del yeyuno (intestino delgado).
– Fractura de mastoide (hueso ubicado detrás de la oreja).
– Cinco fracturas en las costillas.
– Lesiones lumbares por sacudidas.
