Más de cinco años ya pasaron desde que Micaela Martinelli fue asesinada cuando quedó en medio de un tiroteo en Las Heras. La adolescente, 15 años, se había acercado a un grupo de jóvenes conocidos para pedirles un cigarrillo cuando recibió la bala que le quitó la vida.

Por la causa pasaron cuatro fiscales y durante un largo tiempo se mantuvo estancada, sin avances ni detenidos. No obstante, hace poco más de un año el expediente se reactivó y uno de los sospechosos fue imputado. Se trata de Eduardo Gabriel Olivera Castillo (24), conocido como Fatmagul

Pero nada hubiese sido posible sin la incansable lucha de Álida Esquivel, madre de la víctima, quien pese a las constantes negativas que recibía por parte de las autoridades cada vez que preguntaba por novedades en la investigación, jamás se dio por vencida. 

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El sospechoso se encuentra imputado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego y hace poco la fiscal de Homicidios Andrea Lazo lo envió a juicio. Antes de iniciada la feria se estaban realizando las audiencias preliminares, en las que se presentan las pruebas a tener en cuenta durante el debate.

Se espera que tras el regreso de la actividad judicial, a partir del lunes, se reanuden las sesiones previas al juicio y una vez que finalicen se fijará la fecha para la realización del mismo. 

El ajuste que se llevó una vida inocente

Desde el inicio de la investigación, el Fatmagul se encuentra mencionado como uno de los autores del asesinato de Micaela Martinelli. 

Los testigos aseguraron a los detectives del caso que Olivera actuó junto a su hermano, conocido como el Cachete, quien tenía 16 años cuando ocurrió el hecho de sangre.

Según las averiguaciones practicadas, ambos formaban parte de una bandita delictiva con base en calles Formosa, San Miguel y Pellegrini del distrito Panquehua. 

Al parecer, los sospechosos estaban enemistados con un hombre que vivía en la zona, quien actualmente está preso y es uno de los testigos claves del juicio.

El día del crimen de Micaela, el 8 de junio de 2016, los hermanos Olivera fueron hasta el barrio El Jarillar, con el objetivo de atacar a al sujeto con el que mantenían un conflicto, sostiene la hipótesis principal. 

De la investigación surge que ambos entraron al complejo a bordo de una moto y detectaron un grupo de jóvenes. Pensaban que entre ellos se encontraba su rival, por lo que efectuaron varios disparos hacia ese lugar, explicaron las fuentes consultadas. 

Sin embargo, su enemigo no se encontraba allí. Lejos de lograr su cometido, una de las balas le impactó a Martinelli, quien había ido hasta ese lugar a comprar a un quiosco y se frenó para pedirle un cigarrillo a unos jóvenes que conocía.

El plomo le impactó a la adolescente en la clavícula y le lastimó la arteria aorta, provocándole la muerte casi en el acto.

No pasaron muchos días para que el fiscal Darío Nora ordenara la captura del Fatmagul, quien terminó siendo atrapado en noviembre de ese año.

Sin embargo, por falta de pruebas no fue imputado por el homicidio, aunque quedó preso por una serie de robos en los que estaba sindicado como autor. Así las cosas, la causa se mantuvo sin detenidos durante un largo tiempo. 

En busca de justicia

Con los años, el expediente pasó por los fiscales Horacio Cadile y Flavio D’Amore –hoy juez de un Tribunal Penal Colegiado y fiscal de Delitos Económicos, respectivamente–, pero no realizaron avances en la causa, pese a los insistentes reclamos de la madre de la víctima.

No fue hasta la llegada de Andrea Lazo a la Fiscalía de Homicidios que la causa se reactivó y se comenzó a profundizar sobre ciertas pistas. 

Fue así que se llegó hasta los que actualmente son los testigos estrellas de la causa. Entre ellos no sólo se encuentra el reo hacia quien estaban dirigidas las balas, sino también los jóvenes que terminaron siendo blanco del ataque por equivocación.

Todos coincidieron en que Fatmagul fue el autor del disparo que acabó con la vida de Micaela, lo que permitió a la representante del Ministerio Público imputar a Olivera el año pasado.

Detrás de cada paso en la investigación, estuvo presente Alida, la madre de la víctima, quien habló con El Sol y relató su incansable lucha para que se haga justicia por su hija. 

La mujer reveló que mantenerse con fuerza durante todo este tiempo no fue nada fácil. Incluso, tuvo que mantenerse con tratamiento psicológico y psiquiátrico.

“Arruinó mi vida, la de mis hijos, de los padrinos de mi hija y sus abuelos”, no dudó en decir a la hora de hablar del Fatmagul.

También contó que Olivera se le “reía en la cara” durante las audiencias, en las que estuvo presente al constituirse como querellante con representación del abogado Sebastián Leonardi.

En tanto, durante el último tiempo la familia de Alida fue blanco de amenazas, por parte de familiares del acusado, según denunciaron.

Por ese motivo, sus padres -los abuelos de la víctima- se encuentran con una consigna policial hasta que finalice el juicio en contra del acusado.