Mendoza tiene menos de la mitad de sus hogares conectados a una red fija de internet, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) registra 108 por ciento de hogares conectados y Formosa, la más postergada de todas las provincias en cuanto a conectividad, sólo cuenta con 32 por ciento de todos los hogares con una red fija.

Mendoza está ubicada entre las provincias que tienen entre 5 y 10 sucursales bancarias cada 100.000 habitantes. Otra vez es CABA la que, en este caso y en la mayoría, registra el índice más alto, con 26 sucursales cada 100.000 habitantes, y Jujuy aparece al fondo de la tabla con menos de 4,5 por ciento de entidades financieras cada 100.000 habitantes. La mirada general del país nuestra que sólo cuatro provincias concentran en sus territorios más de 70 por ciento de todas las entidades bancarias que operan. La mayoría, entre las que aparece Mendoza, se mueven entre las 5 o 10 entidades o, como todo el norte argentino, con menos de 5 bancos por 100.000 habitantes.

Mendoza tiene entre 5 y 10 industrias en operación y funcionamiento cada 10.000 mil habitantes. CABA, la ciudad que concentra el mayor puerto de los argentinos, tiene en actividad 35 industrias cada 10.000 habitantes y, al final, como también en la mayoría de los casos, se ubica Formosa, con apenas 2,2 industrias cada 10.000 habitantes. El 78 por ciento de todas las industrias del país se concentran en 4 provincias.

En Mendoza, entre 75 y 80 por ciento de sus alumnos de sexto grado de primaria pueden demostrar un nivel satisfactorio o superior en Lengua. CABA, con 87,9 por ciento de sus alumnos con nivel satisfactorio en Lengua, muestra los mejores indicadores de todo el país, mientras que al final de todas las provincias en este caso aparece Chaco, con 60 por ciento de los chicos alcanzando estos objetivos en Lengua.

Este relevamiento, interesantísimo desde todo punto de vista, está contenido en uno de los capítulos del nuevo Libro Blanco que la industria argentina se prepara para lanzar oficialmente. Son datos preliminares de un estudio integral en donde los industriales han destacado los aspectos más valorables y potencialmente beneficiosos de cada una de las regiones en las que se divide el país.

No sólo hay diagnóstico allí dentro, del tipo que cualquier mortal residente de este país y medianamente informado pueda llegar a imaginar y suponer. Hay ideas, hay propuestas y, por supuesto, reclamos o medidas que el sector económico le pide a la política para que las alumbre, las discuta, mejore y modifique, las apruebe y las ponga en funcionamiento. El trabajo, conocido como Libro Blanco, se presenta como Propuestas para un Desarrollo Productivo, Federal, Sustentable e Inclusivo y ha sido lanzado por la Unión Industrial Argentina (UIA).

Este informe, contenido en más de 70 páginas sin los anexos, estaba recién editado de forma preliminar cuando el titular de la UIM, Daniel Funes de Rioja, participaba en un encuentro en la Rosada, con gremios y otras entidades empresariales invitadas por el presidente a un acto en el que se podrían llegar a conocer aspectos centrales de un plan económico que se le sigue exigiendo al Gobierno y que se sigue, a la vez, postergando. Fue allí, siete días atrás, cuando el Ejecutivo daba a conocer oficialmente su intento por crear un nuevo impuesto, en este caso para gravar la renta inesperada de las empresas. Funes de Rioja, que ha oscilado entre alinearse con el Gobierno o tomar distancia del mismo, debía avalar más tarde un documento crítico contra esa medida y otras más generales y crónicas, tomar distancia del oficialismo y aclarar que ellos, los industriales y empresarios en general, no son la causa de la inflación “sino su consecuencia”, como terminó afirmando.

El Libro Blanco preliminar ahora toma vuelo otra vez porque, para los empresarios, el Gobierno no parece tener en cuenta el desarrollo integral del país salvando las diferencias, buscando los equilibrios, potenciando las particularidades de cada región y federalizando una visión de crecimiento que no aparece.

Además de señalar que la columna vertebral de la crisis recurrente en la que vive el país pasa por la macroeconomía y su fracaso para derrotar la inflación; por el financiamiento al que no acceden las empresas en condiciones aceptables y por la presión impositiva, de las más altas de la región, el trabajo propone como objetivos que la industria crezca un 27 por ciento para recuperar el máximo per cápita de su historia; que en el año se puedan crear 268.000 nuevos puestos de trabajo para llegar a la ratio de 30,1 puestos por cada 1.000 habitantes; que las exportaciones industriales aumenten, al menos, 14.200 millones de dólares para retornar al máximo per cápita de 950 dólares y que se creen 7.400 empresas exportadoras para llegar a la marca de 3,7 empresas cada 10.000 habitantes, como supo tener algunos años atrás el país.

Por supuesto que también proponen mecanismos vinculados con herramientas impositivas que ayuden a la creación de empleo, como la reducción de las contribuciones patronales con un 90 por ciento en el primer año y 80 por ciento en el segundo, además de incorporar beneficios adicionales al empleo joven y por la contratación de mujeres. Suman a esto un esquema de retiro anticipado para trabajadores de más de 60 años con comorbilidades de COVID y la facilitación de los trámites para la creación de empresas, que se pase a la atención 100 por ciento digital, más rápido y con ventanilla única.

Y, volviendo a la región, el libro apunta que es necesaria una nueva ley minera para Mendoza, en tanto que para San Juan recuerdan que es necesario beneficiar a las pymes que trabajen para mitigar la crisis hídrica, también solicitan una ley de promoción industrial, además de promover la creación de clústeres. 

Cuando se repasan los informes que los empresarios argentinos han venido elaborando en los últimos años, vinculados con su situación, con la falta de crecimiento y desarrollo y donde insertan sus miradas respecto del futuro inmediato y la proyección a mediano y largo plazo, los contenidos entre unos y otros no suelen cambiar demasiado. Lo propio pasa con otros sectores de la sociedad puestos a analizar lo mismo. El problema, claramente, es que la Argentina se ha convertido en un loop, en un bucle permanente en el que se repiten fracasos, errores y recetas.