Javier Milei junto a Patricia Bullrich. Credit: NA

¿Es posible un mileísmo sin Javier Milei a partir de 2027? ¿Una tercera vía, como alternativa al mileísmo y, claramente, al kirchnerismo que tan poco tiempo atrás dejó el poder y que podría encarnar Axel Kicillof, más allá de su distanciamiento con la líder del movimiento, presa por corrupción en su departamento de San José 1111 de CABA? ¿Argentina podría contar con una puerta de escape a la grieta que la atosiga y atormenta y que la ha condenado a discutir el rumbo en medio de un lodazal inconducente? ¿Ante un posible revés electoral que le impida la reelección, accedería Milei a realizarle modificaciones a su plan de estabilización para evitar que la propia realidad le impida el triunfo? ¿Está preparado el presidente para morigerar los efectos de las reformas y prestarle una atención especial y dedicada a los sectores de esa otra parte de la Argentina que no sólo no está creciendo, sino que se hunde día a día esperando una recuperación que no se da? ¿Si no está dispuesto a cambios, debido a su formación marcadamente rígida, de carácter puramente ortodoxo, que no acepta modificaciones de ninguna índole, ni alteraciones, atajos o medidas que lo desvíen de su horizonte, podría sin embargo dar un paso al costado, renunciar a un segundo mandato y dejar el rumbo de su cambio estructural en manos de alguien con una visión más pragmática, con apoyo político y que a la vez brinde seguridades y garantías al establishment? ¿Y si tal escenario llegara a producirse –el de un Milei que admite sus debilidades y acepta ser parte medular del problema para la continuidad del “milagro argentino”, del que se le reconocería la paternidad, aunque con limitaciones para continuarlo–, abriría la posibilidad de otra figura con las condiciones necesarias para garantizarlo? ¿Tiene la Argentina de hoy una figura garante de los cambios estructurales en marcha, con los suficientes apoyos mínimos dentro y fuera del país, que aseguren el rumbo atendiendo el cúmulo de adversidades y dificultades que ha dejado a su paso?

El gran dilema de la Argentina ya está en marcha, y el establishment –entendido como todo ese grupo de poder económico, empresarial, financiero y mediático con influencia en las decisiones políticas y en el rumbo del país–, ha comenzado a advertir como probable, demasiado probable, que sin cambios en lo que se viene aplicando, esa serie de correcciones que la economía real viene reclamando para acoplarse a los sectores de la macro que vuelan para aprovechar un impulso que la salve de una mayor caída, Milei corre el riesgo de perder el poder el año próximo. Ese establishment, más allá de los enfrentamientos que tiene con un presidente que no ha dejado de hostigarlo por creerlo parte del desastre que el país acarrea desde hace años, está convencido de que no se puede volver atrás.

Y también hay una coincidencia con lo que ha dicho el propio Milei pocos días atrás, durante el último coloquio de IDEA en Mar del Plata, cuando le preguntaron sobre el crecimiento en las encuestas de Axel Kicillof y de Miriam Bregman como alternativa al modelo que encarna su gobierno. Respondió que el enemigo o principal adversario contra su reelección es él mismo. “El rival soy yo mismo”, dijo Milei. Y agregó: “No me importa, el rival soy yo mismo, mi propio contrincante soy yo mismo. Yo hice un conjunto de promesas y las cumplí. Qué me importan los que atrasan cien años y además fracasaron siempre. Es casi insultante tener que debatir con un comunista”.

Además de la realidad, que deja a la vista las dificultades de la economía real, ¿de dónde sacan los principales empresarios, a los que se suma buena parte de la dirigencia política del país, que el modelo en marcha hace agua sin modificaciones? Claramente, de las encuestas y sondeos, más o menos cercanos al propio gobierno libertario. Aunque los mismos puedan incurrir en errores groseros, como ha sucedido con las previsiones de la primera vuelta en Brasil, está claro que están reflejando un malestar creciente con la falta de resultados o de mejora en la situación de vida de los argentinos, algo que pocos pueden disimular u ocultar. Y aunque no haya enfrente, por el momento, una alternativa competitiva de parte de la oposición intransigente que permita concluir con certeza que le podría arrebatar la presidencia a Milei de continuar el malestar, son pocos los que prefieren arriesgarse y comienzan a explorar alternativas dentro del modelo. ¿Las hay?

Milei no consigue cerrar los acuerdos políticos y electorales que fue a buscar lejos del país, en París, con los gobernadores más cercanos o dialoguistas. Allí hay de todo y cada uno tiene sus propios intereses y urgencias. Radicales, del PRO y peronistas no alineados. Todos pretenden un pacto político-electoral con el gobierno nacional, al igual que los hermanos Milei –el presidente y su hermana Karina, la impulsora y, por lejos, la más entusiasta de los pactos– y los primos Menem, Martín y Lule. El gobierno pide apoyo para eliminar o suspender las PASO para 2027; los gobernadores van a la mesa cada uno con sus exigencias, nada uniformes, con lo que el acuerdo se dilata porque no hay nada ni nadie que les junte las cabezas a todos detrás del pacto.

Alfredo Cornejo, por caso, está detrás de que la Nación le saque el apoyo a Luis Petri para que el actual diputado nacional no llegue a competir por la gobernación en nombre de La Libertad Avanza. Le han dicho que tendrá lo que pide, especialmente Karina, pero nadie le asegura que Petri no vaya a presentarse por afuera. El punto no configura una preocupación sustancial –creen ver en el gobierno mendocino, aunque no sería lo que pretenden–, porque Petri, de avanzar hasta el final, tendrá que vérselas con toda la estructura del gobierno en su contra. Para esa eventualidad, Cornejo está convencido de que debe llegar con el mejor candidato, el que por ahora debiese surgir de la PASO prevista para junio entre Tadeo García Zalazar, Natalio Mema y Ulpiano Suárez. Y además, el elegido debe ser el garante de lo que se desee para la nación, hoy MIlei, con mucho más entusiasmo y seguridad que Petri.

Cornejo, por su lado y por medio de los legisladores que responden al gobierno, se prestaría para modificar el régimen electoral, evitando quedar del lado de Milei con la suspensión o eliminación de las PASO, pero tampoco enfrente. Busca una salida intermedia. Como se sabe, para ello apoyaría un sistema de colectoras para definir la competencia dentro del frente en el tramo de legisladores nacionales. Se verá, porque todo está en el aire, sin definiciones.

Algo parecido ve el resto de los gobernadores, con sus particularidades. Pareciera que quien la tiene más clara es Jorge Macri en CABA –junto a Cornejo, uno de los más entusiastas a la hora de firmar un pacto con la Nación– a cambio de que se le garantice competir por su reelección sin un candidato enfrente de la LLA.

Como se ve, los acuerdos se dilatan, aunque hay tiempo todavía. Y la economía no está respondiendo en los niveles que le permitirían al gobierno descansar en el resultado del modelo para enfrentar la elección por un segundo mandato sin demasiados contratiempos.

Y es la marcha de la economía la que une, de alguna manera, las preocupaciones del establishment con las del principal adversario de Milei, el gobernador Kicillof. Los dos ven que, si no hay resultados positivos, se abre un nuevo escenario. Kicillof, mientras peor, mejor, aunque debiese resolver la interna en el movimiento que lo sostiene; y el establishment que sale a la búsqueda de quien reemplace a Milei como garante del modelo.

¿Por qué Milei tendría un reemplazante dentro del modelo? ¿Por qué Milei se bajaría dando paso a un mejor candidato, más competitivo y con más garantías? Son preguntas en el aire, como una moneda volando. La versión más extendida entre quienes están detrás de la defensa de las transformaciones y quieren evitar la vuelta del populismo sostiene que será la realidad la que termine por convencer a Milei de que debe correrse, para dar paso a un candidato confiable que garantice el triunfo, mientras él se queda con el bronce de haber sido el autor del “milagro argentino”.

Es Patricia Bullrich a quien miran todos. También la miran aquellos sectores políticos que están detrás de una tercera o cuarta vía electoral para 2027. No son pocos los dirigentes de hoy y algunos que protagonizaron el pasado reciente de la política argentina que ya se han reunido con la senadora para explorar sus intenciones ¿Es posible una tercera vía, alternativa a Milei, a favor de los cambios impulsados por el propio Milei y frente al kirchnerismo encabezado por Kicillof? Se ve a Bullrich como la más indicada para encabezar la aventura. Lo de la cuarta vía es una especulación ante la eventualidad de que el peronismo no consiga unificar su propuesta y termine dividiéndose en dos. Ha sido Ernesto Sanz, el veterano líder radical y mentor de Cambiemos, el primero en admitir la posibilidad de una disputa entre cuatro ofertas. El escenario ideal para romper con la grieta y llegar al balotaje con, posiblemente, algo distinto a lo que se está configurando.