Mientras una explosiva, hiriente y altamente belicosa interna de Juntos por el Cambio parece extenderse por el país sin pausa, incrementando su nivel de tensión a medida que se acerca el 13 de agosto, en Mendoza ha encontrado un remanso, una especie de territorio neutral en el que tanto Patricia Bullrich como Horacio Rodríguez Larreta, más sus ideas, aprovechan la paz, la calma y el sosiego para intentar explicar que lo que los divide son las formas y los modos, no el fin que buscan y en el que coinciden.

Al apostar a la estrategia de la “v corta” o de la “y”, el oficialismo mendocino parece haber dado en el clavo en cuanto a la búsqueda del camino más correcto y del que pueden extraer más beneficios que problemas del enfrentamiento que se da en Juntos por el Cambio por la Presidencia. A lo largo de la campaña, los mendocinos han recibido sin traumas ni complicaciones a ambos rivales, como este miércoles –y en el mismo día– a los competidores a la Vicepresidencia: Gerardo Morales, quien acompaña a Rodríguez Larreta; y a Luis Petri, a Bullrich. El sistema de la “v corta” –el mismo que en algún momento los opositores pretendieron activar en todo el mapa nacional para resolver la interna, buscando sin demasiado éxito una lista única de legisladores nacionales para los dos contendientes–, permite que los partidarios de los dos precandidatos presidenciales se manifiesten, se muestren y elijan sin presiones visibles.

Y, si bien, la mayoría de Cambia Mendoza ha dado indicios de sentirse más cómoda con Bullrich, como Cornejo, por caso, confirmando su preferencia por la ex ministra de Seguridad del gobierno de Cambiemos, otros como Ulpiano Suarez, desde Capital, no han ocultado su gusto político por el porteño jefe de CABA, por caso. Y, si bien, la presencia de Petri en una de las fórmulas ha profundizado el apoyo hacia ella al nivel de los dirigentes, al menos en la superficie, en donde todo parece ser más visible, la grieta que se abrió entre los dos aspirantes en otros territorios, aquí aparece poco o es inexistente casi.

Una rápida recorrida en el ánimo y la postura del panel de candidatos, dirigentes e intendentes del oficialismo ha permitido dar con esa situación de comodidad en la que se mueven en medio del plan de campaña de Bullrich y Rodríguez Larreta. El fin se supone con claridades abonar, con cualquiera de los dos aspirantes en caso de que Juntos por el Cambio llegue a la Presidencia, un terreno fértil para un plan de recuperación de la provincia que le ha sido esquivo a un equipo de gobierno que cumplirá los ocho años de gestión hacia fin del 2023.

En el Ejecutivo y, particularmente, en lo que se identifica con el cornejismo, se están dando algunas señales de que una nueva victoria por la Gobernación tendría un valor más que inestimable, porque los climas políticos como el actual no siempre suelen ser propicios para que se plasmen segundas oportunidades. En otro contexto, es indudable que con lo mostrado en la gestión frente a una oposición más competitiva que en la actualidad, difícilmente a esta altura se estuviese hablando de una posible victoria como la que se le estaría presentando a Cornejo. De ahí, aprovechar un círculo promisorio para reformas y un viento a favor de las mismas en caso de un doble triunfo para el oficialismo, en la provincia y en la nación independiente de quién sea el ganador, si Rodríguez Larreta o Bullrich.

Este sueño que alimenta Cambia Mendoza, se completa con otro a nivel regional. A las expectativas puestas con una Mendoza gobernada por el mismo color político que el que ya han ratificado San Juan con Marcelo Orrego y San Luis con Claudio Poggi, Cornejo parece adicionarle lo que se ha comenzado a menciona como un Nuevo Cuyo, ampliado hacia el sur, con la incorporación de la nueva Neuquén, que emergería con la administración de Rolando Rolo Figueroa quien asume el 10 de diciembre representando a una variante renovada y reperfilada, se supone, de lo que ha sido el histórico y tradicional Movimiento Popular Neuquino (MPN).

A los contactos que ya han existido entre Cornejo y los electos de las provincias vecinas, también se han sumado otros del mismo nivel con Figueroa, alentando un plan de acción común político, pero, sobre todas las cosas económico, que daría paso a una mirada más enriquecedora y variada de lo que se tiene. Hay simetrías con Neuquén más allá de lo que se comparte con Vaca Muerta, el gas y el petróleo y que tienen que ver con el desarrollo de la fruticultura y la agroindustria, no sólo para Mendoza sino para las otras dos provincias.

Aquí creen que la nueva configuración incorporaría otra frontera diferente de la que siempre se ha tenido presente como la zona central del país y ese eje político que suelen conformar Mendoza, ahora San Luis, Córdoba y Santa Fe. Más oportunidades, más ideas, otros horizontes, todo en medio de un contexto, se insiste, que no suele presentarse de forma positiva para una propuesta política diferente de la del peronismo, hoy dominado por el kirchnerismo, o antes por el menemismo y siempre, como ahora, con Sergio Massa, todavía competitivo pese a la inflación, a la pobreza, a la crisis del ingreso, al trabajo precario y a la decrepitud del peso, la inexistente moneda nacional.