La intervención judicial de EEUU en el escándalo del maletín con dinero que envuelve a Argentina y Venezuela puso los vínculos de Buenos Aires con Washington en el momento de mayor tensión en décadas luego de las “relaciones carnales” de los años 90. A ningún analista local le extrañó que el jefe del Gabinete argentino, Alberto Fernández, dijera que la relación con la Casa Blanca está “en una situación difícil”, porque nunca ha sido fácil.
Pero sí sorprendió el tono ríspido que tomaron rápidamente las cosas cuando se supo que un fiscal adjunto del distrito sur de Florida (EEUU) dijo tener indicios de que la maleta con 800.000 dólares incautada en agosto en Buenos Aires al venezolano Guido Antonini Wilson era para la campaña de la ahora presidenta argentina, Cristina Kirchner.
Desde finales del siglo XIX, Argentina ha mostrado, primero, una política tendiente a impedir el liderazgo de EEUU en América latina y, luego, de confrontación por razones económicas o políticas, salvo la era de las “relaciones carnales” del gobierno de Carlos Menem (1989-1999).
La documentación presentada por la Fiscalía en el llamado “caso del maletín”, a la que tuvo acceso Efe, confirma la vinculación de Venezuela en la financiación de la campaña electoral de Fernández, quien ha dicho ser víctima de una “operación basura” y recibió el apoyo del Congreso, controlado por el oficialismo.
En Argentina hay expertos que dan por cierta a la “operación basura”, porque creen que se trata de una maniobra de un sector de la Casa Blanca irritado con el ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007), antecesor y esposo de Cristina Kirchner. Otros creen que la áspera reacción de Cristina busca aprovechar la impopularidad de Estados Unidos en Argentina y, además,muestra una continuidad de la confrontación que caracterizó a la gestión de Kirchner.
La reacción de la presidenta “dio por tierra con cualquier intento de moderar la política exterior”, apuntó a Efe el analista Rosendo Fraga. La encuesta Barómetro Iberoamericano 2007 muestra que Argentina es el país de la región que tiene la peor imagen de EEUU, ya que sólo once por ciento de los argentinos lo aprueba y sólo uno por ciento simpatiza con el presidente estadounidense, George W. Bush.
Aunque “también es cierto” que dos tercios de los argentinos optan por consumos culturales o modas estadounidenses, “confrontar con la primera potencia del mundo tiene raíces históricas, y en el corto plazo puede generar popularidad”, destacó Fraga. “Los Kirchner han reaccionado pensando en la popularidad inmediata, sin advertir que su búsqueda puede, muchas veces, comprometer las estrategias y los intereses argentinos en el largo plazo”, anotó.
Carlos Escudé, experto en relaciones internacionales, adjudicó la sospecha de una “operación basura” contra Cristina a que existe “un conflicto dentro del Gobierno norteamericano” sobre la relación con el argentino. “Yo estoy convencido de que la Casa Blanca y el Departamento de Estado quieren tener una buena relación” con Cristina, “pero al interior del Poder Ejecutivo norteamericano muchas veces hay diferencias, y a veces hay conflictos bastante graves”, matizó en una entrevista publicada por el semanario Debate.
Recordó que durante el gobierno de Jimmy Carter (1977-1981), el Departamento de Estado fijó una política de derechos humanos contra la dictadura militar argentina (1976-1983), mientras que el Departamento del Tesoro alentaba el plan neoliberal del entonces ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz.
Escudé fue asesor del fallecido canciller argentino Guido Di Tella, autor de la frase “relaciones carnales”, que en 1991 llevaron al gobierno de Menem a enviar dos naves de guerra “como apoyo logístico” a las fuerzas encabezadas por EEUU en la guerra del golfo Pérsico contra Irak.
La fiscal argentina María Rivas Diez reveló que en la causa abierta en este país una testigo aseguró que Antonini Wilson estuvo en la Casa Rosada dos días después del incidente de la maleta, que coincidió con una visita del presidente venezolano, Hugo Chávez.
Señaló que la testigo, una funcionaria argentina que viajó con Antonini Wilson desde Caracas a Buenos Aires, afirmó, además, que el venezolano acudió a “una especie de brindis” en una oficina mientras que en otra se firmaban acuerdos energéticos entre Argentina y Venezuela.
Escudé declaró que siempre sospechó de una “operación basura”, pero no de EEUU, sino de “la oposición argentina”, de “sus aliados en Venezuela” y de “gente ultraderechista de Miami, que está aliada con los sectores más reaccionarios de toda América latina”.
