Está bueno de vez en cuando y deberíamos hacerlo más seguido, reflexionar un poquito más allá sobre noticias de coyuntura que marcan hasta dónde hemos caído. La noticia que publicamos hoy sobre la decisión oficial de, después de cierta hora, permitir la violación de la ley por una cuestión de seguridad es un claro y paradójico ejemplo. Quizás uno de los mayores problemas que tenemos en Mendoza, después de los de seguridad, es la educación vial y las complicaciones que trae la falta de la misma, a tal punto que, hace apenas meses, se modificaron y endurecieron leyes para intentar detener la catarata de accidentes y muertes.

    Sin embargo, hoy, el mismo Estado les dice a los ciudadanos que pueden violar esa ley hecha para protegerlos y, de este modo –paradójicamente–, proteger sus vidas y su seguridad, ya que, si se detienen en un semáforo a la noche, existe una alta probabilidad de que les roben. Seguramente, para cualquier sociedad civilizada esto podrá parecer una locura. Sin embargo, nosotros lo vivimos como un alivio y algo normal. Sin dudas, está claro que cada día degradamos más nuestra calidad de vida buscando protegernos de la delincuencia. Es obvio que, si nos seguimos acostumbrando, cada vez estaremos peor y cada vez tendremos más lejos las soluciones reales para los temas que nos preocupan y nos conmueven.