Luis Petri, Javier Milei y Alfredo Cornejo ingresando al Centro de Congresos de San Rafael. Credit: La Libertad Avanza

De los cuatro escenarios posibles que podían presentarse con el resultado electoral del domingo 26, para al menos uno de los especialistas económicos más consultados y serios del medio local terminó concretándose el cuarto: el que menos probabilidades tenía de prevalecer.

En la previa se trataba de un contexto soñado tanto para el oficialismo nacional de Javier Milei como para el provincial de Alfredo Cornejo. Los clientes del consultor aludido –cuyo nombre se reserva por pedido expreso– podían suponer que, tras la elección, en el mejor de los casos y siendo optimistas, Milei lograría “salvar la ropa” a nivel nacional: ganando o perdiendo por poco, pero obligado a convocar a los gobernadores para reconstruir la gobernabilidad de su gestión.

Sin embargo, el electorado sorprendió. El contundente apoyo expresado en las urnas colocó a Milei en una posición inmejorable para relanzar su gobierno y con un terreno político más que propicio para desplegar en el Parlamento no sólo las reformas estructurales de las que tanto se habla, sino también la discusión sobre el nuevo presupuesto 2026. Ese debate podría marcar, con leyes específicas, un nuevo camino destinado a comenzar la normalización económica del país con ciertas garantías institucionales.

En Mendoza, el panorama no difiere demasiado del nacional. A diferencia de lo ocurrido en la Nación, en la provincia se esperaba un triunfo de Cornejo y sus aliados, aunque con números más moderados de los que finalmente se registraron. El resultado convirtió a la elección del domingo en la más contundente para un oficialismo desde 1983.

El empuje electoral, que legitima y confirma el rumbo elegido y los nuevos caminos por explorar, coloca a ambos mandatarios ante responsabilidades mayores. En el caso mendocino, el espaldarazo para avanzar en horizontes pensados durante años –como el minero– se evidenció en Uspallata: allí el apoyo al oficialismo fue tan contundente que el gobierno provincial y el municipio lo celebraron abiertamente. De hecho, el resultado en esa villa cordillerana era esperado con una expectativa similar a la que despertaban los números de la elección provincial.

Tanto Cornejo como Milei se beneficiaron, además, de lo que muchos –incluso desde la oposición– describieron como el “miedo al colapso” que habría representado un eventual triunfo opositor. En Mendoza, una oposición no preparada para asumir la conducción institucional frente a los desafíos que enfrenta la provincia; y algo similar en el plano nacional, aunque con una intensidad mayor.

La euforia por los resultados se extendió incluso hasta el martes. En ese contexto, circularon versiones que describían al Ejecutivo nacional en plena hiperactividad, impulsando acciones en distintas direcciones, aunque sin confirmaciones concretas. Se mencionó, por ejemplo, la convocatoria a una mesa federal de gobernadores –que en Mendoza ya fue formalmente recibida– para el jueves con el presidente y un supuesto viaje a Estados Unidos de Milei junto a tres mandatarios provinciales, entre ellos Cornejo, también sin confirmación oficial.

Se vive, por tanto, un momento particular: quienes fueron reafirmados en las urnas parecen tener en sus manos más responsabilidades, desafíos y mandatos por cumplir que el viernes anterior a un domingo que se anticipaba sensible y riesgoso.

Si el escenario que se abre es el del presupuesto –como anticipaba el consultor mendocino en su hipótesis menos probable–, el Ejecutivo nacional tiene por delante un proceso de transformaciones profundas. Supuestamente está preparado para ello, aunque deberá enfrentarse a corporaciones que probablemente eleven la presión a niveles extraordinarios. En ese caso, no tendrá más opción igualmente que desplegar una negociación política con los gobernadores, quienes en muchos aspectos han sido parte de la solución más que del problema.

El triunfo también abre para Cornejo nuevas metas: un salto de calidad en todos los frentes y una mirada más afinada sobre las complejidades del mundo actual, como la universalización de las nuevas tecnologías en los servicios esenciales.

Lo que viene –si se interpreta a partir de las demandas sociales expresadas en el voto– es una etapa orientada a las reformas de fondo, con un énfasis en el perfeccionamiento del uso de los recursos y en el equilibrio fiscal. Ese equilibrio que en Mendoza se ha administrado correctamente entre la función estatal y las responsabilidades del sector privado. Un modelo de acción que probablemente deba ser ajustado en la Nación, porque el mercado puede ordenar ciertas dinámicas, pero no de manera inmediata.