El presidente Javier Milei; a su lado, aparece Javier Milei. Credit: Gobierno de Mendoza

La política pareció cambiar en los últimos días. No se trata de un giro brusco ni de un hecho extraordinario que haya alterado por completo el escenario que se describe día a día, pero sí de una suma de acontecimientos que terminaron modificando el clima, en particular el clima del oficialismo nacional. Después de varias semanas corriendo detrás de los problemas y de una agenda que parecía escapársele de las manos, el gobierno de Javier Milei volvió a caminar con mayor soltura, –más liviano, da la sensación– recuperó iniciativa y, sobre todo, ha dado muestra de que otra vez conduce el debate público en lugar de reaccionar frente a él.

Las razones no son demasiado difíciles de identificar. La salida de Manuel Adorni terminó funcionando, al menos puertas adentro del oficialismo, como un alivio político mucho más rápido de lo que muchos imaginaban. No era tan complejo para Milei, después de todo, cambiar el aire y recuperar centralidad. El Gobierno volvió a instalar sus propios temas, retomó el manejo de la agenda y encontró, además, una ayuda tan inesperada como valiosa en el recorrido de la Selección Argentina en el Mundial.

El equipo nacional monopolizó la conversación pública y produjo algo que la política pocas veces consigue por sí sola: mejorar el ánimo colectivo. No modificó la inflación, tampoco los salarios, pero sí generó una predisposición diferente, incluso con pequeños efectos sobre el consumo de bienes tan argentinos como la carne, la que bajó de precio y repuntó en ventas que venían en picada. Puede parecer un detalle menor, aunque en realidad no lo sea. Los estados de ánimo también forman parte de la economía y, desde luego, de la política.

Ese escenario, más apoyado en percepciones que en cambios profundos de la realidad económica, volvió a darle margen al oficialismo nacional para mirar un poco más allá de la coyuntura inmediata. Hay que prestarle atención a una gestión de gobierno cuando deja de administrar urgencias, aunque sea por un momento: inevitablemente comienza a concentrarse en otra cosa, a mirar la próxima estación. Y esa estación ya tiene nombre: 2027.

Por eso empezaron a tomar mayor volumen conversaciones que hasta hace poco transcurrían, se daban, pero sin impacto ni mucha trascendencia o lo que es peor, con interlocutores que le respondían con temeridad. La discusión sobre el futuro de las PASO, la posibilidad de avanzar hacia un sistema de colectoras y los distintos mecanismos electorales que permitan ampliar la base de sustentación política del oficialismo forman parte de una estrategia más amplia.

Milei necesita construir un esquema que le permita llegar competitivo a la reelección y, al mismo tiempo, fortalecer una representación parlamentaria que todavía hoy continúa siendo una de sus principales debilidades. Para conseguirlo necesita algo que La Libertad Avanza aún no posee en muchas provincias: gobernadores que, sin resignar sus propios proyectos territoriales, estén dispuestos a aportar volumen político a la continuidad del proyecto libertario.

Es en ese tablero donde vuelve a aparecer el gobernador Alfredo Cornejo. Su decisión –todavía no explícita, hay que aclarar– de respaldar la eliminación o suspensión de las PASO nacionales mientras defiende su continuidad en Mendoza se puede ver como una contradicción. En realidad, responde a una lógica política bastante transparente: la conveniencia en lado y en otro. Las primarias provinciales siguen siendo, para el oficialismo mendocino, el mejor instrumento para ordenar la inevitable discusión por la sucesión gubernamental dentro de Cambia Mendoza sin que esa disputa termine fragmentando o golpeando al conjunto de la coalición.

Pero detrás de esa posición hay otra apuesta todavía más importante varias veces comentada desde aquí. Cornejo continúa confiando en que el entendimiento político hablado con Karina durante la reunión que ambos mantuvieron en Estados Unidos siga plenamente vigente. Traducido al lenguaje electoral, eso significa que La Libertad Avanza respetaría la construcción provincial del oficialismo mendocino y evitaría promover una candidatura propia para disputar la gobernación, despejando así el camino de quien finalmente resulte elegido para sucederlo. Es una expectativa que todavía permanece en pie, aunque nadie pueda asegurar que el paso del tiempo no termine alterando los términos de aquel acuerdo.

Mientras tanto, el gobernador enfrenta otro desafío, probablemente menos visible, pero no por eso menos importante. Tiene que evitar que el desgaste natural de una gestión extensa comience a traducirse en una pérdida de sensibilidad respecto de aquellas cuestiones cotidianas que moldean el humor social. Durante buena parte de los últimos años, si hubo una característica que distinguió a las administraciones encabezadas por Cornejo fue justamente su capacidad para anticiparse a los conflictos y detectar con bastante precisión cuáles eran las demandas que la sociedad estaba dispuesta a respaldar.

El ordenamiento de la administración pública, la firmeza frente a buena parte de los reclamos sindicales o la implementación del ítem aula respondieron, más allá de las controversias que despertaron, a una lectura política muy fina sobre lo que amplios sectores de la sociedad esperaban del funcionamiento del Estado. Esa capacidad de interpretar el clima de época terminó convirtiéndose en una de las fortalezas más consistentes del oficialismo mendocino.

Por eso algunos episodios recientes llaman la atención más por lo que simbolizan que por su gravedad. Que el transporte público haya funcionado como un domingo durante un viernes que, si bien no era laborable para muchos, tampoco era un feriado pleno, o que el Gran Mendoza haya quedado sin servicio de colectivos cerca de media hora antes, durante y después del partido de la Selección, son hechos menores si se los observa de manera aislada. Sin embargo, constituyen señales de una administración que corre el riesgo de perder algo que siempre la distinguió: el manejo del timing en aquellas pequeñas decisiones que terminan teniendo un impacto directo sobre la vida cotidiana.

Todo esto ocurre, además, sobre un escenario económico que continúa ofreciendo más estabilidad desde la retórica, que bienestar en la realidad. La macroeconomía muestra avances indiscutibles respecto de hace un año, pero la recuperación todavía no logra instalarse con la misma intensidad en la economía doméstica. Es un goteo recién, porque muchos ciudadanos siguen transitando ese paso que ya otros han dado antes, desde el empleo formal hacia modelos más precarios de trabajo, la informalidad continúa expandiéndose y el emprendedurismo y cuentapropismo aparecen, en numerosos casos, más como una necesidad que como una elección.

La oposición mendocina observa ese panorama con expectativas. No porque haya renovado su dirigencia (quienes agitan, básicamente desde las redes, son los mismos de siempre) o construido una propuesta superadora, sino porque apuesta a que el desgaste oficialista termine abriendo una oportunidad que hace más de una década no consigue encontrar por mérito propio. El cálculo político es sencillo, aunque no de efecto directo: si el oficialismo pierde parte de su fortaleza, alguien recogerá inevitablemente ese caudal de votos.

Cornejo, en cambio, deposita buena parte de sus expectativas en otro escenario del mismo calendario. La ejecución de los recursos provenientes del resarcimiento por la promoción industrial tras las licitaciones de trabajos adjudicados este año debería comenzar a mostrar durante el próximo año un impacto concreto sobre la construcción, el empleo y la actividad económica provincial. Y a la gran escala mendocina, que no es la que el sector maneja en otras provincias como San Juan, por caso, aguarda por el arranque de la construcción de PSJ Cobre Mendocino. Esa es hoy una de las principales apuestas del Gobierno para que la recuperación deje de ser una promesa estadística y empiece a sentirse en la vida cotidiana. Como la nueva esperanza que se ha incorporado para volver a explorar la Formación Cacheuta, la histórica roca madre del petróleo mendocino, ahora para determinar algún potencial de no convencional que pueda estar atesorando.

En el fondo, tanto Milei como Cornejo terminan dependiendo de una misma variable. Los dos necesitan que la estabilización económica se transforme finalmente en una mejora perceptible para la sociedad. El Presidente porque sobre ese resultado se apoya para edificar su proyecto reeleccionista. El gobernador porque buena parte de la estabilidad política que Mendoza ha construido durante estos años también descansa en que el humor social no se deteriore antes de que aparezcan los beneficios esperados.

La política argentina parece haber recuperado algo de aire. La incógnita, como casi siempre, es si alcanzará para sostener la marcha cuando vuelva a imponerse el peso de la realidad.