En realidad, más que como una heladería se definen como un”atelier de helados” 100%artesanal. Bajo el nombre “La Filo”, un grupo de emprendedores y productores propone un modelo de negocio que prioriza el respeto por los ciclos naturales, la reducción de azúcares y el uso de técnicas de fermentación.
En un tranquilo barrio de Godoy Cruz, en calle Muñiz 515, el proyecto se ubica en una casa familiar “para mantener un ambiente sereno y cercano”, dicen sus creadores.
“Atelier”: arte y conexión
A diferencia de las heladerías convencionales, el emprendimiento busca alejarse de la lógica de la “máquina productora de alimentos” para recuperar el taller del artista y el uso de las manos como herramienta principal.
Explican sus dueños: “Sentimos que nos abrimos al arte en la elaboración de helados, proponiendo texturas, sabores y aromas que despiertan sentidos y emociones”. El proceso se basa en la conexión directa con la fuente: desde la relación con los animales que proveen la leche hasta el seguimiento de las plantas que brindan sus frutos.
Esta filosofía hand-made se extiende también a la producción de sus propios barquillos, caseros y elaborados con harinas libres de gluten.


Estacionalidad y red agroecológica
Uno de los pilares de la propuesta es el respeto por los productos de estación: de este modo, si no es temporada de durazno, los clientes no encontrarán helado de durazno. “Los sabores de temporada son los más sabrosos, los más naturales. Esta decisión busca garantizar la máxima nutrición, reducir la huella de carbono y potenciar el gusto natural de los ingredientes”, señalan sus propietarios.
Para lograrlo, trabajan con una red orgánica y cercana de productores agroecológicos de Mendoza. Esta selección de proveedores permite un intercambio directo entre quienes trabajan la tierra y quienes transforman el fruto en helado.
Fermentos: innovación nutricional y sensorial
Otra novedad de este atelier de helados radica en la incorporación de alimentos fermentados en su carta. Así, preparaciones como amazake, miso, kéfir, kombucha krauchi, tepache y frutas lactofermentadas forman parte de la propuesta.



La fermentación es un proceso natural que ocurre cuando ciertas bacterias o levaduras descomponen los azúcares de los alimentos sin necesidad de oxígeno. Estos ingredientes no solo aportan beneficios nutricionales -facilitando la digestión, aportando vitaminas y restableciendo la flora intestinal con bacterias benéficas- sino que también expanden el horizonte de los clientes.
Desde la heladería cuentan que “la carta es súper dinámica, de temporada, con opciones de sorbet, cremas, fermentos y sabores salados”. Entre otros, figuran ricota de almendra con higos, queso azul, yogur natural con pistacho, clásico de Americana y Mascarpone con frambuesas. Así, los consumidores pueden encontrarse con notas ácidas, agrias, saladas y el buscado sabor umami, generando una experiencia distinta y fresca.
La Filo abre de miércoles a domingos, de 18 a 22.30. El rango de precios se mantiene dentro del habitual de las heladerías artesanales clásicas de la provincia, con una propuesta que une calidad y conciencia alimentaria.
