Salir a comer ya no pasa solo por sentarse a la mesa: ahora las experiencias interactivas buscan renovar la oferta mendocina. En la búsqueda constante por romper la rutina semanal o darle un giro original a los fines de semana, la combinación de juegos, interacción social y gastronomía de calidad viene ganando terreno.
La novedad llega a Mendoza con el desembarco de Golfito, el primer minigolf ambientado de la provincia. La propuesta ofrece un recorrido de hoyos tematizados con desafíos de nivel progresivo para principiantes y experimentados por igual.


El gran atractivo de la pista es que permite disfrutar de una cerveza fría directamente durante el recorrido. Sin embargo, para cuidar las instalaciones y preservar la calidad del juego, la gastronomía y los tragos de autor se reservan para antes o después de la partida, gracias a una alianza estratégica con Bar Oculto.
El espacio abre de martes a domingos desde la tarde y se extiende hasta la noche o madrugada según la jornada. Un plan perfecto tanto para citas románticas como para festejos grupales y eventos de teambuilding.
Por su parte, la tecnología y el sabor se encuentran dentro del Mendoza Shopping de la mano de Burgame, un espacio innovador que cambia el concepto tradicional de la hamburguesería. Pensado para cautivar a niños, adolescentes y al público joven, el local propone una vivencia inmersiva que va mucho más allá de comer.


Mientras eligen dentro de un menú de hamburguesas gigantes, papas fritas y shakes, los visitantes pueden subirse a simuladores de Fórmula 1, jugar en consolas PlayStation, sumergirse en la realidad virtual o aprovechar rincones diseñados especialmente para crear contenidos y grabar videos de TikTok. Es una opción ideal para las familias con chicos y los fanáticos de los videojuegos.
Finalmente, en el corazón de la emblemática calle Arístides Villanueva, el bar Basílicas suma una atracción que causa furor entre los grupos de amigos: el primer footpool de Mendoza. Esta disciplina, conocida internacionalmente como snookball, desde su creación en Francia, combina la estrategia del pool clásico con la pasión por el fútbol.

El juego transcurre sobre una mesa gigante de césped sintético de seis por tres metros colocada en el suelo, donde dos a cuatro jugadores usan la precisión de sus pies para embocar pelotas lisas y rayadas en las troneras.
El lugar también está equipado con metegoles, pantallas deportivas y una carta abundante pensada para compartir, que abarca desde lomitos gigantes y pizzas especiales de provolone, panceta y champiñones, hasta hamburguesas de doble medallón y coctelería de autor.
Estas divertidas propuestas demuestran que la tendencia exige lugares donde podamos reconectarnos, compartir y crear recuerdos a través del juego, en tiempos donde el ocio busca ser cada vez más interactivo. Todas invitaciones tentadoras para salir de la rutina y animarse a vivir la gastronomía desde una perspectiva mucho más dinámica y entretenida.
