El 18 de mayo se juega una elección en Argentina a la que todos observan con cierta expectativa. Los comicios legislativos en la Ciudad de Buenos Aires funcionan como un laboratorio que medirá la fuerza que tiene la Casa Rosada tras un año de gestión, el predicamento de sus logros económicos y el arrastre de la figura de Javier Milei sobre un territorio particular, el de los porteños.
Esta elección ya se nacionalizó. A la distancia, Alfredo Cornejo la contempla porque todavía tiene pendientes dos definiciones electorales y una encrucijada.
Las dos primeras son relativas al calendario electoral. Primero, ratifica el desdoblamiento electoral o unifica el cronograma con Nación. La segunda, si suspende por este año las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. La encrucijada resolvería las dos primeras magnitudes cardinales: acuerda con Javier Milei o directamente va a la guerra contra los mileístas en Mendoza.
La primera lección que arroja CABA es cómo se terminó configurando el menú electoral. La hegemonía cornejista se conformó y consolidó agrupando en Mendoza a una diversidad de fuerzas en el amplio espectro ideológico. En un principio, Cambia Mendoza aglutinó al Partido Socialista y a Libres del Sur, de un lado, y al Partido Demócrata y al PRO, del otro.
Con el tiempo y, sobre todo, las decisiones de poder, esa fragua frentista de Cornejo fue desarmándose. Vueltas de la vida política, el PD al que muchos daban como terminado revivió gracias al espíritu libertario de la época. El PRO comenzó a desestructurarse con una importante fuga de cerebros hacia La Libertad Avanza, aunque en Mendoza sufrió más por internismo propio y su cercanía o distancia respecto al gobierno radical.
Cambia Mendoza le sirvió a Cornejo para dar un golpe de gracia al kirchnerismo en una Argentina que ya estaba agotada de Cristina, pero el mapa de situación actual muestra que todo en este país se ha corrido ideológicamente. Y que, al lado de Milei, está la pared.
Los comicios porteños le muestran a los radicales mendocinos que, con la fragmentación política y el grado de internismo en los dos oficialismos -el libertario y el macrista-, resurge el kirchnerismo. La novedad de las encuestas está llena de pasado.
Como Mauricio Macri, que construyó a lo largo de los años su hegemonía política en base a una concepción diferente de la gestión de una gran capital, Cornejo puede considerar en la intimidad de su círculo o de la almohada que la actual fragmentación política en Mendoza puede ser una ventaja o un alto riesgo para lo que supo construir.
Ventaja, porque enfrente el peronismo mendocino no ha dado señales de haber crecido bajo esta nueva polarización que impone la Casa Rosada. No hay ningún Leandro Santoro a la mendocina. Se mantienen en tensión, por el contrario, las diferencias entre el kirchnerismo y el peronismo ortodoxo que, aunque tenga intendencias, ha perdido en las internas.
Y en cuanto al riesgo, por el peso que podría tener la imagen de Milei en una Mendoza en la que ganó con comodidad la presidencia y que, cada vez que vino, generó un revuelo inusitado, con un potencial candidato que no define con qué camiseta jugará, Luis Petri, que este fin de semana estuvo en la antesala de la Fiesta de la Ganadería en Alvear y se encontró con la vicegobernadora Hebe Casado.

En medio de la incertidumbre, el radicalismo se reunió este fin de semana en San Rafael. Los interlocutores cornejistas fueron dos, Andrés Lombardi y Natalio Mema. La misión es recuperar ese territorio del Sur, donde no gana después de la intendencia de Ernesto Sanz. El ex senador nacional estuvo presente.
“Somos un solo equipo. Y esa es nuestra verdadera misión. Que ustedes nos digan todo lo que nos falta, que nosotros nos hagamos cargo de lo que falta, que sepamos la visión que tenemos que tener y que busquemos una visión conjunta, sin divisionismos. Seamos parte de esta construcción colectiva. De lo contrario, perdemos el contacto con la ciudadanía en general“, resumió Mema.

Con rejas, perros y alarmas no alcanza
El mensaje radical en San Rafael para disipar las diferencias no es ajeno a lo que se observa en la Capital del país. El grado de internismo colocó a Mauricio y Jorge Macri con un rival inesperado, Horacio Rodríguez Larreta. Conocedor por dentro del funcionamiento del gobierno de CABA, el ex jefe político pegó en una cuestión dolorosa, la falta de gestión.
El único que intentó una crítica similar en Mendoza por dentro del oficialismo fue Petri en su campaña para las PASO, cuando aseguró que Mendoza estaba en pausa. Hoy el principal asedio al Gobierno de Mendoza son los problemas reales de los mendocinos. Y tiene un nombre: la inseguridad.
Los discursos de los intendentes, en las respectivas aperturas de sus años legislativos en cada municipio, han estado marcados por ese síntoma del malestar ciudadano.
No todos pueden hacer alarde presupuestario, salvo algunos pocos como Ulpiano Suarez en Capital, que adelantó que los preventores tendrán hasta bodycam -cámaras corporales- y taser, las pistolas eléctricas. Su mensaje fue seguido de cerca por la ministra Mercedes Rus.
En Godoy Cruz, la zona de los barrios del Fusch y Trapiche es una de las más complicadas. Diego Costarelli adoptó una medida más aguda con el aval de Rus y una figura que pivotea entre la Municipalidad y el Ministerio de Seguridad. Se trata de Roberto Munives, actual director de Tránsito.

El ex jefe de Policía recibió del Ministerio a los convocados, es decir, el grupo de policías ya retirados que decidió volver a la acción tras una convocatoria del Gobierno para prestar servicio. Pero el inicio de esta fuerza especial, con portación de arma a diferencia de los preventores tradicionales, estuvo signada por varias versiones y contraversiones.
En un primer momento, se les aseguró a estos uniformados que volverían al servicio, pero como operadores del CEO, el comando de telecomunicaciones cada vez más sofisticado de la Policía. Luego, que tendrían que volver a usar el arma. Y, por último, que tendrían que subirse a una patrulla.
Si bien el Gobierno esperaba una cierta cantidad de convocados, finalmente fue menor. Había otra cuestión: el rechazo a la figura de Munives.
Por lo pronto, el Gobierno ha logrado que los jefes comunales, reticentes, se metan en la pelea a través de algunos acuerdos, como la articulación con los patrullajes bajo el programa Espacios Seguros, donde muestran algunas estadísticas a favor, y la integración tecnológica con las cámaras de seguridad. Al menos, las fotos estuvieron.
