Cualquiera que en los últimos años haya enfrentado la tarea de iniciar una vivienda o ampliarla, puede señalar la dificultad económica que supone construir. Sumado el tiempo que requiere, el negocio de las casas prefabricadas o industrializadas busca “aliviar” una tarea agotadora y costosa.
Sin embargo, ¿por qué sigue siendo la construcción tradicional el principal método utilizado si los hogares livianos presentan tantas ventajas? Para algunas agencias, se debe a las costumbres de los mendocinos. Otros, profesionales del área, señalan el tipo de materiales utilizados.
Desde la ONG Protectora, apuntaron también a la desconfianza que existe por supuestas empresas que terminan estafando a los usuarios.
Es que la oferta suena atractiva: más barato, menos tiempo, incluso más segura ante sismos. Vivir en la casa del tercer chanchito del cuento por el precio y la velocidad de la del primero. Pero los argumentos en contra señalan el riesgo de malas construcciones, costos escondidos, y poca capacidad de hacer frente a los “lobos sopladores”.
¿Cuánto cuesta?
Dependiendo de cada contrato, una casa prefabricada se situa entre los 50 mil y los 100 mil pesos, dependiendo de la agencia, la ubicación y el plan contratado. Desde ese precio, en adelante.
Mariano Giorgio, socio de Los Nogales, señaló que por lo general, las viviendas industrializadas son hasta cuatro veces más baratas que una tradicional. “Una construcción estandar cuesta unos 600 mil pesos, con menos de la mitad podés tener un lugar donde vivir”, indicó.
El empresario señaló que, si bien la tendencia por este tipo de viviendas está en aumento, por el momento la actividad se encuentra paralizada. “La gente está esperando para saber qué va a pasar después del 10 de diciembre, son paranóicamente cautelosos. Y aún así, la ventaja de las prefabricadas en ese punto permanece, porque van a seguir siendo más económicas a pesar de cualquier variación que se pueda producir”, indicó.
“Hoy, el déficit habitacional es mayor, por lo que la oferta es mayor. La diferencia de costo hace que la gente de clase media se incline por una opción más sencilla para tener un lugar propio donde vivir”, agregó.
Sin embargo, Giorgio también señaló que en cuanto a dinero, influye mucho la opinión sobre las prefabricadas que han instaurado “muchas empresas falsas que han ensuciado el rubro”. En este punto, Mario Vadillo, abogado de Protectora, aseguró que existen constructoras clandestinas, que en ocasiones reciben una paga y luego desaparecen.
“Lo prefabricado no es necesariamente malo, existen trabajos de calidad; lo malo está en no distinguir una empresa seria de una falsa, que un día está y después no”, explicó Vadillo.
Sobre esto, Giorigio, el socio de la agencia Los Nogales, recomendó que se analice la trayectoria de la empresa que se va a consultar, y se observe la relación costo beneficio. “Si te ofrecen algo diez veces mejor a la competencia, por la mitad de precio, por lógica se deduce que algo no cuadra”, apuntó.
Además, recomendó que se especifique la certificación ISO 9000 correspondiente a este sistema de construcción, para cersiorarse de que obtendrá los servicios necesarios para una vivienda habitable. “Hay que revisar la documentación, si se tiene todo en regla, no debe haber problema”, agregó Giorgio.
Los materiales
De acuerdo con el empresario, “una casa prefabricada no tiene nada que envidiarle a una casa de ladrillo”. Los materiales livianos con las que se las construye, las hacen “más resistentes a un sismo”. Incluso señaló que en caso de un temblor, es más probable que el ladrillo se caiga o sufra daños, en comparación, por ejemplo, con el durlock.
El arquitecto Fidel Moyano, aclaró ciertos aspectos en esta comparación: “Hay sistemas de construcción en seco que son muy prácticos, pero todo material presenta sus ventajas y desventajas”.
En cuanto al hormigón, Moyano indicó que su durabilidad tiene mayor garantía que el de una vivienda prefabricada. En cuanto a los sismos, especificó que detrás de una construcción “pesada”, hay un respaldo de cálculos para evitar que se derrumbe fácilmente.
“Siempre se considera que vivimos en un lugar sísmico. Los grandes edificios de Chile o Japón son de hormigón armado y no se caen. Es más probable que les suceda a este material en lugar de al durlock, por ejemplo, pero debería ser un terremoto muy fuerte como para que esa diferencia se perciba en la práctica”, detalló el arquitecto.
Por otra parte, los materiales utilizados en seco se ven deteriorados al poco tiempo por la exposición al sol y las lluvias. “Esto hace que en ocasiones se deba reemplazar un sector a los cinco o diez años. Esto no hace al durlock una mala opción, cada material y tipo de estructura tiene sus pros y contras”.
Es por esto que Moyano considera que la ventaja de las prefabricadas no está en el material, sino en el estilo. “La forma de vida está cambiando, por lo que la arquitectura está cambiando. Antes se levantaba una casa con varias habitaciones y a medida que los hijos se iban, se les daba otro uso. Hoy eso está muy relacionado al cliente, qué es lo que realmente necesita y puede costear. La tendencia es proyectar un hogar sobre el espacio justo y después ir ampliando”. Precisamente la facilidad que entrega una vivienda industrializada.
