El acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea vuelve a ocupar un lugar central en la agenda económica y política argentina. Para Mendoza, una de las provincias con mayor perfil exportador del país, su entrada en vigencia podría marcar un punto de inflexión en materia de comercio exterior, inversiones y posicionamiento internacional.

Así lo analizó Nicolás Piazza, responsable de negociaciones internacionales de la Fundación ProMendoza, quien sostiene que el impacto del acuerdo debe leerse en distintos niveles y con una mirada de mediano plazo.

Según explicó el especialista, el primer efecto del acuerdo es de carácter macroeconómico. Con su implementación, Argentina pasaría de comerciar libremente con apenas el 9% del PBI mundial a hacerlo con cerca del 34%, considerando que la Unión Europea representa alrededor del 25% de la economía global.

Nicolás Piazza.

Ese salto en la apertura comercial podría traducirse en un mayor nivel de actividad económica y en un proceso de internacionalización más profundo de las empresas argentinas.

“Argentina tiene menos del 20% de su PBI explicado por el comercio internacional, cuando el promedio americano ronda el 40% y el global el 50%”, señaló. En esa línea, advirtió que nuestro país sigue siendo una de las economías más cerradas del mundo junto con Brasil.

El segundo impacto del acuerdo está vinculado de manera directa con los aranceles. Muchos productos que hoy ingresan a Europa pagando impuestos dejarán de hacerlo, lo que mejora de inmediato la competitividad de quienes ya exportan e incentiva a nuevas empresas a sumarse al proceso.

En el caso de Mendoza, el escenario es particularmente favorable. “Toda la canasta exportadora de la provincia está incorporada al acuerdo”, indicó Piazza, y destacó el trabajo realizado desde ProMendoza junto a cámaras empresarias y organismos nacionales para defender los intereses provinciales durante la negociación.

Entre los productos con mayor potencial se encuentran el ajo, el vino, el aceite de oliva, las ciruelas, las nueces, las mermeladas y cultivos emergentes como el pistacho. En muchos de esos rubros, Mendoza es el principal exportador del Mercosur, lo que le otorga una ventaja estructural frente a otras regiones.

El acuerdo no solo impacta en los precios finales. También reduce barreras burocráticas y técnicas, facilita el reconocimiento de normativas, indicaciones geográficas y disciplinas comerciales, y simplifica los procesos de exportación.

“No es solo una cuestión de aranceles. Exportar va a ser más fácil”, explica Piazza. La armonización normativa realizada durante los años más intensos de negociación permite que los productos mendocinos enfrenten menos requisitos administrativos y mayores certezas regulatorias al ingresar al mercado europeo.

En términos logísticos, Mendoza cuenta con una base que le permite aprovechar el acuerdo desde el inicio. Sin embargo, el crecimiento del comercio exigirá nuevas inversiones, tanto públicas como privadas, en infraestructura, trazabilidad y tecnología.

El desafío, según Piazza, es adaptarse a “jugar en primera”. Eso implica conocer mejor los mercados europeos, diversificar destinos más allá de las grandes capitales y sostener una política activa de promoción comercial. La experiencia de Chile, que firmó su acuerdo con la Unión Europea en 2005, muestra que el proceso de adaptación lleva varios años, pero genera resultados sostenidos.

Inversiones y desarrollo productivo

Más allá del comercio, el acuerdo Mercosur–UE puede convertirse en un imán para las inversiones europeas. Los antecedentes internacionales son claros: Chile incrementó un 65% la inversión europea en una década, mientras que otros países registraron crecimientos aún mayores.

“Mendoza está considerada entre las provincias argentinas con mayor impacto potencial del acuerdo”, sostiene Piazza, junto con Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. La razón es clara: son provincias con experiencia exportadora, estructura productiva y capacidad institucional para absorber inversiones.

Actualmente, casi 300 empresas mendocinas exportan a la Unión Europea, con destinos como Alemania, Países Bajos, España y países nórdicos entre los principales socios comerciales.

En ese nuevo escenario, las pymes y las economías regionales ocupan un lugar central. Mendoza produce bienes de alta calidad, con demanda comprobada en Europa, pero el desafío está en mejorar competitividad, financiamiento y acceso tecnológico.

Desde ProMendoza, el foco está puesto en acompañar a las empresas en su proceso de internacionalización. “Una empresa que exporta paga en promedio, entre el 20 y un 30% mejores salarios que una que no exporta. Entonces, es importante tener la mayor cantidad de pymes exportando a países como la Unión Europea”, señaló Piazza al respecto.

Los programas de nuevos exportadores, la capacitación y la promoción comercial son herramientas clave para lograr que más pymes accedan a mercados exigentes, donde se valoran la certificación, la trazabilidad y los estándares de calidad.

Intereses bien definidos

La Unión Europea aparece como un bloque amplio pero con focos de interés bien definidos para Argentina y Mendoza. Entre los mercados más consolidados se destacan Países Bajos y Alemania, donde ya existe experiencia comercial y una demanda sostenida, con submercados de gran volumen que aún ofrecen margen para crecer, especialmente en productos de alto valor agregado.

Un segundo eje estratégico es Europa del Este, con Polonia como principal objetivo a desarrollar. El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea permitiría un acceso más competitivo a ese mercado, aunque su aprovechamiento dependerá de la ratificación por parte del país, que hoy se muestra reticente. Aun así, la región es vista como una oportunidad clave para diversificar destinos y ampliar la presencia mendocina en el continente.

El proceso de entrada en vigencia del acuerdo, según se estima, demandará alrededor de un año y medio. Tras la firma, deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo y luego por los parlamentos de los 27 Estados miembros. Países como España, Portugal, Italia, Alemania y Países Bajos ya expresaron su respaldo, mientras que las principales resistencias provienen de Francia y Polonia.

El tercer foco de interés son los países nórdicos, mercados exigentes pero atractivos por su poder adquisitivo y volumen potencial. Aunque presentan dificultades específicas -como los monopolios estatales en el comercio del vino en Finlandia y Suecia-, la demanda crece y ya se registran avances concretos. La eliminación de aranceles que prevé el acuerdo podría mejorar la competitividad de los productos mendocinos y fortalecer su posicionamiento en una región clave para el comercio europeo.