En lo que va del año, la indumentaria acumula una inflación del 74,3% y ya superó el 100% de lo que valían los productos en agosto de 2021. Con prendas básicas que pueden llegar a costar arriba de los $15.000 y ante las dificultades de comprarlas en cuotas, ya que pocos locales ofrecen promociones con tarjeta de crédito, la moda circular es una tendencia que se impone en Mendoza.

Este hábito de consumo de adquirir o alquilar ropa usada no sólo persigue el ahorro, también el cuidado del medio ambiente.

Distintos estudios señalan que la industria de la moda es una de las más contaminantes del mundo: es responsable del 8% de las emisiones de carbono y las ¾ de la ropa termina en basurales al año de haber sido confeccionada.

A través de locales propios, showroom o redes sociales, cada vez son más los emprendedores que deciden formar parte de esta movida y a diario se suman clientes que buscan alternativas a la hora de vestirse.

Noelia Derrache, es dueña de La Ropería, un local ubicado en calle San Juan, casi Vicente Zapata, de la Ciudad de Mendoza, que funciona desde hace 60 años. Ella y su madre compraron el fondo de comercio hace 6 años.

En este lugar, así como en otros, se pueden encontrar prendas o “verdaderos tesoros” entre tres y cinco veces más baratos que en las tiendas convencionales.  La particularidad, además, es que no se encuentran en serie, por lo cual, cada persona puede generar su propio estilo.

Cada una de las piezas tienen una particularidad, ya que provienen de distintas partes del mundo. Y es que las mujeres viajan a Chile para comprar en los puertos fardos o cajas cerradas con atavíos de descarte de Europa, principalmente, de Italia, Francia y España.

Al llegar a Mendoza descubren el contenido de cada paquete que van desde vestidos que son un sueño, tapados de piel o pantalones rotos que son irrecuperables.

“Nos ha pasado de ropa muy rota que las ponemos en mejores condiciones o tienen un detallito y las donamos a merenderos”, contó la joven, quien afirmó que “es difícil hoy hacer eso, pero, de a poco se puede traer”.

El precio de cada prenda la calculan en base a lo que les costó el fardo y cuánto sale un artículo similar en el mercado, entre otros aspectos, como el diseño de la pieza y calidad de la tela.

“Una camisa la podemos vender a $1.800 y hasta la bajamos un poco más por la situación en la que estamos todos tratando de salir adelante”, dijo Derrache.

En los percheros, se pueden encontrar un vestido retro vintage de la década del ’80 a $1.200, tapados, que están en liquidación, $2.500 a $5.000, al igual que un blaser o saco de mujer u hombre o remeras a $500.  También hay un espacio solidario donde hay artículos de $100 y $200.

Ciclo vintage

Giuliana y su mamá, Pato, son las creadoras de Ciclo Vintage, ubicado en calle San Juan y Catamarca, un espacio que busca darle a las prendas destinadas al descarte una nueva vida útil.

La indumentaria que seleccionan pasan diferentes procesos: costura, lavado, planchado, quita de pelusas y pelling

“Nos apasiona la ropa y nuestra parte favorita es la de buscar. Nos movemos por ferias y, además, hay gente que viene al paso y nos dicen que tiene una gran cantidad de ropa que no usa y la compramos. Siempre intentamos seleccionar cosas que no sólo nos guste a nosotras. Si no para que la gente que entre se sienta identificada, que por ahí eso no sucede en el Centro porque, usualmente, en todas las tiendas encontrás lo mismo, es caro y te volvés a tu casa re frustrada”, contó Giuliana.

En el lugar hay remeras a $600 a sacos que pueden costar $9.000, cuando en el mercado, los de calidad regular, están a $15.000. “Apuntamos a todo público no sólo con los gustos, sino también a la calidad y variedad de precios”.

En el espacio, que funciona hace 4 meses, también alberga a distintos microemprendedores que ofrecen sus productos eco friendly, como sahumerios, marroquinería sin crueldad animal, toallitas femeninas sustentables, artículos de porcelana, además de las creaciones de Magik_bags de María Soledad Carrión, quien hace marroquinería con telas de descartes de fábricas de ropa.

Usado, pero de primeras marcas

La tatuadora conocida como Candelariaefe forma parte junto a Belu Montecino de Dua, una tienda virtual de venta de ropa, con una mirada ecológica sobre la industria de la moda.

“Nos basamos en esto de darle una nueva vida a una prenda que estaba olvidada y guardada en el placard, el término que creamos es el de Dead Clothes”, contó la joven.

Y afirmó que “siempre he comprado en feria porque hay tesoros que no encontrás en ningún lado”.

De hecho, las emprendedoras ofrecen productos de marcas como camperas o jeans a $1.000 cuando en el mercado están a $15.000.

Además de su tienda virtual en Instagram, participan de ferias o instalan su showroom en cafés o espacios culturales.