“Pertenecer tiene sus privilegios”. La frase condensa como pocas el recorrido político de Anabel Fernández Sagasti, una figura que durante más de una década estuvo blindada por su cercanía con el poder: amadrinada por Cristina Fernández de Kirchner, con lugar asegurado en las listas, centralidad en La Cámpora y protagonismo legislativo. No necesitó —hasta ahora— dar batalla en soledad.
Desde su irrupción en 2011, con apenas 27 años, construyó una carrera legislativa en ascenso: diputada, senadora nacional y presidenta de comisiones clave. En 2020, se convirtió en la primera mujer en presidir el PJ mendocino, tras vencer internas y superar resistencias territoriales.
Pero ese ciclo terminó. Y en un nuevo escenario más hostil y fragmentado, Fernández Sagasti enfrenta quizás el momento más crudo de su trayectoria. Con CFK condenada y en prisión domiciliaria, sin intendentes propios y sin el respaldo que alguna vez supo conseguir.
Pero no se da por vencida. Al contrario, redobla la apuesta con dos jugadas arriesgadas y polémicas:
- Una denuncia penal contra el gobernador Alfredo Cornejo por presunta administración fraudulenta, a raíz de un convenio entre Provincia y Nación para financiar obras viales nacionales con fondos mendocinos.
- La confirmación de un quiebre con su propio partido, que marca un punto de no retorno.
Una denuncia simbólica
La acusación contra Cornejo tiene múltiples interpretaciones. Desde lo institucional, plantea una controversia sobre el uso de fondos provinciales para obras nacionales. Pero en lo político, marca una ruptura con el estilo moderado que intenta imponer el PJ mendocino.
Paradójicamente, eligió como campo de disputa el mismo que llevó a la condena de CFK: Vialidad Nacional. Aunque no hay conexión directa entre ambos casos, el simbolismo es inevitable. En algún punto, se cierra un ciclo.
Hoy, la senadora se mueve sin cobertura nacional, sin aliados locales y sin una estructura que la sostenga. Su espacio quedó reducido, pero no por eso se rinde.
El quiebre con el PJ: ruptura total
El golpe no fue sólo hacia Cornejo. Fernández Sagasti también embistió hacia adentro del peronismo mendocino: apuntó contra Emir Félix, presidente del PJ provincial, a quien acusa —aunque sin nombrarlo— de haber vaciado el partido y bloqueado cualquier intento de conducción colectiva.
La Cámpora quedó excluida de las decisiones clave. La ruptura con los intendentes —que alguna vez le permitieron disputar poder real— es total. Con ella, se desmorona lo poco que quedaba de la alianza que la llevó a liderar el partido en 2020. Lo que fue una señal de poder, hoy parece una excepción histórica. Desde aquel pico, la curva solo mostró retroceso.
Aval parlamentario, fracaso electoral
Fernández Sagasti ocupó cargos relevantes, pero nunca logró traducir eso en victorias electorales contundentes en Mendoza.
- En 2011 fue electa diputada nacional por el Frente para la Victoria.
- En 2015, senadora por la primera minoría.
- En 2019 ganó la interna del Frente Elegí, pero perdió por más de 15 puntos ante Rodolfo Suárez.
- En 2021, encabezó una lista derrotada por Alfredo Cornejo, aunque renovó su banca por la minoría.
Fue una de las legisladoras más activas y sólidas del kirchnerismo, presidió comisiones clave, impulsó la reforma judicial y fue reconocida por sus pares como “la mejor senadora del país”. Su desempeño técnico incluso fue valorado por referentes opositores.
Pero en política, la eficacia parlamentaria no garantiza votos. Su figura creció en Buenos Aires, pero nunca logró consolidar una base sólida en Mendoza, donde el kirchnerismo sigue siendo una fuerza resistida y minoritaria.
¿Qué busca con esta embestida?
La respuesta es simple: supervivencia política.
No pelea por gobernar Mendoza, porque sabe que ese objetivo hoy es inalcanzable. Su meta es mantenerse vigente, preservar visibilidad y demostrar que el kirchnerismo sigue teniendo peso en el PJ provincial. Según ella, el partido necesita una voz más dura. Y está dispuesta a ser esa voz.
Tiene mandato como senadora hasta 2027. Eso le da aire, pero el riesgo de quedar relegada es real. Por eso, confronta. Y por primera vez en 14 años, lo hace sin red ni protección.
En una provincia cada vez más adversa al kirchnerismo y en un PJ que busca despegarse de esa identidad, Fernández Sagasti se juega a evitar que La Cámpora desaparezca del radar político.
“Pertenecer tiene sus privilegios”, dicen. Pero cuando se pierde ese lugar, lo que queda es pelear por la supervivencia política. Aunque sea sola. Aunque sea al límite.
