La crisis internacional no da tregua a la economía de Latinoamérica ni respiro al bolsillo de sus ciudadanos, que asisten a un constante aumento de la inflación. Para atajar la subida de los precios y evitar viejas pesadillas que asolaron la región, los países impulsan medidas que van desde la subida de los tipos de interés hasta la estimulación de la producción agrícola. Puede parecer un tópico, pero la vida es cada vez más cara, y en Latinoamérica también.

             Y como si hubiera todavía algún despistado que no lo supiera, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se ha encargado de recordar los factores que explican el alza de los precios. Según una nota de la oficina regional de esta entidad ubicada en Santiago de Chile, la inflación se debe al acelerado ritmo de crecimiento de los países en desarrollo, a la producción de biocombustibles, a los factores climáticos y al aumento de los costos de productos agrícolas por los elevados precios del petróleo. En Brasil, la mayor economía sudamericana, la inflación de los 12 meses terminados en junio fue de 6,06 por ciento.

              Aunque algunos economistas ya vislumbran que en julio podría llegar a 6,5 por ciento, según datos recogidos por varias agencias. Que la inflación en este país pueda alcanzar estos niveles no es un dato menor. Sin embargo, Venezuela y Argentina son los países que enfrentan mayores tensiones inflacionarias en la región. El régimen chavista afronta una escalada de precios que ha colocado la inflación en 31 por ciento, la más alta de toda Latinoamérica. Según un estudio de la privada Universidad Torcuato Di Tella (Argentina), los precios al consumidor subirán en este país 32,6 por ciento en los próximos 12 meses, una cifra alta que se sitúa lejos del 9 por ciento que el gobierno de Cristina Kirchner sigue insistiendo que conseguirán.

MITIGAR LOS EFECTOS.

                 “Mantener el equilibrio macroeconómico ante las grandes presiones inflacionarias sobre los alimentos y la energía es el reto de Latinoamérica”, declaró Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El que fuera embajador de Colombia en Estados Unidos entre 1998 y 2005 declaró que el aumento de los precios afectaba especialmente a los países centroamericanos y caribeños, que “son importadores de alimentos y de combustibles”. Hoy,América latina no quiere volver a vivir situaciones como las de los años 70 y 90, que llegaron a desatar convulsiones sociales y agitaciones políticas.

                 Para hacer frente a la inflación, algunos bancos centrales han optado por aumentar los tipos de interés. Esta medida ha sido aplicada en Perú (de 5,75 a 6 por ciento), Chile (6,75 a 7,25 por ciento) y México (de 7,50 a 7,75 por ciento). Se prevé que en la reunión que celebrará el 23 de julio, el Banco Central de Brasil suba también los tipos 0,50 o 0,75 puntos sobre la base actual de 12,12 por ciento.

MEDIDAS ALTERNATIVAS.

              Frente a la subida de tipos, la América latina de Hugo Chávez, Cristina Kirchner y Rafael Correa han optado, en cambio, por imponer precios máximos a los productos de primera necesidad y otras medidas alternativas. Para hacer frente a su abrumadora escalada de precios, el Gobierno venezolano lleva una política de control de precios de los productos de primera necesidad. Esta medida incluye la creación de un fondo de 1.000 millones de dólares para planes productivos, el incremento de los subsidios agrícolas y la supresión de impuestos.

                Argentina, donde la inflación ha causado la primera caída del consumo de productos alimenticios básicos desde el 2003, aplica también la política de control de precios. En Ecuador, donde la inflación de los últimos doce meses había alzando 9,29 por ciento, el presidente Rafael Correa ha propuesto la eliminación del IVA sobre los materiales agrícolas y subsidios. Las nuevas medidas costarán al Estado 415 millones de dólares.

                   Estas decisiones no son ninguna panacea. En cualquier caso, según la FAO, Latinoamérica está mejor preparada que en el pasado para enfrentar los impactos de las crisis económica, “gracias al superávit en cuanta corriente, finanzas públicas más ordenadas y una menor deuda pública y externa, así como mayores reservas internacionales”.

LOS DATOS ARGENTINOS.

             Según los números del INDEC dados a conocer hace unos días, la inflación de junio fue tan sólo del 0,6 por ciento, llegando así a un total de 4,6 en el primer semestre del año. Asimismo, si se comparan los números de los primeros seis meses del 2008 con el mismo período del 2007, se comprueba un aumento en el Índice de Precios del Consumidor (IPC), ya que de enero a junio del año pasado, la inflación acumulada era de 0,9 por ciento.

               Para el polémico organismo, una familia tipo constituida por los padres y dos hijos necesitaría de 454,57 pesos para no caer por debajo de la línea de indigencia. Sin embargo, los números dados a conocer por el INDEC se diferenciaron con las cifras dadas a conocer por consultoras privadas, que aseguraron que la inflación de junio se colocó entre 1,4 y 2,2 por ciento, es decir, más del doble del porcentaje dado por el organismo oficial. No sólo los consultores se distanciaron de las cifras oficiales. La Asociación Defensa de los Derechos de Usuarios y Consumidores (ADUCC) explicó que el número real del aumento de la canasta básica es muy superior y que para ellos la cifra verdadera del aumento es de 4,6 por ciento.

                En tanto, en Mendoza, según un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo, determinó que en junio se produjo una inflación total de 2,5 por ciento, provocada principalmente por el precio de las frutas y verduras y los aumentos en el transporte. El mismo informe sostiene que, en la provincia, la inflación acumulada en los primeros seis meses del año supera el 17 por ciento y que, en el último trimestre, los precios que componen la canasta alimentaria han crecido 5,9 por ciento y los que componen la canasta básica parcial, que no incluye productos de educación ni salud, han crecido 7,3 por ciento.

               También, el informe preparado por Alejandro Trapé y su equipo indicaba que las dos zonas en las que las subas de los precios más se han notado es en Ciudad y en los departamentos de Luján y Maipú. Lo irónico del informe es que se pensaba que una vez que hubieran terminado las medidas de fuerza que el sector rural mantenía en contra del Gobierno nacional por las retenciones y que consistían, entre otras, de piquetes en las rutas y desabastecimiento de gran cantidad de productos alimenticios en todo el país, los precios volverían a bajar hasta alcanzar sus valores normales. Por el contrario, lo esperado nunca sucedió y, en el caso de las frutas y verduras, los productos conservaron, en su mayoría, los aumentos concretados durante el conflicto.

EEUU TAMPOCO SE SALVA.

               El poderoso país del norte, sin pertenecer a América latina, tampoco pudo sortear el obstáculo de la inflación y en junio sufrió un duro traspié. En el último mes, Estados Unidos enfrentó un aumento del índice de inflación a un ritmo que no se había visto nunca en los últimos 26 años. El salto fue de 1,1 por ciento, debido, fundamentalmente, a que los precios de la energía (nafta, gas y calefacción) subieron en el mismo período 6,6 por ciento.

               El calentamiento inflacionario añade presión sobre la primera economía mundial, que vive la peor crisis inmobiliaria en décadas y asiste a un debilitamiento sostenido de las grandes entidades financieras del país. El consenso de economistas de Wall Street había pronosticado que la inflación sería de 0,7 por ciento en junio. Con las cifras de junio sobre la mesa, el IPC ha aumentado 5 por ciento en los últimos doce meses, suponiendo el mayor incremento interanual desde 1991.