No es hermana, sino sobrina de los mendocinos Juan y Alberto Bernal y Raquel Herrera, víctimas de la última dictadura militar. Sin embargo, el lugar que ocupa en el árbol genealógico poco le importa a Mariana Baigorria (25), quien trabaja en la agrupación Hermanos hace siete años. Sin pausa, ella y sus compañeros de trabajo colaboran para llevar adelante la tarea que hacen las Abuelas en Buenos Aires: la recuperación de aquellos jóvenes que fueron apropiados al nacer durante el gobierno de facto, a través de un estudio de ADN. En diálogo con El Sol, Baigorria cuenta sobre la tarea que hace Hermanos y revela por qué es una de las áreas más significativas para recuperar la identidad y, con ella, el derecho de cualquier ser humano. El desafío en Mendoza, su crítica visión sobre el Gobierno nacional y la peligrosa vigencia de la dictadura en plena democracia.
¿Cómo empieza a funcionar la agrupación Hermanos?
Empezó en 1998, tres años después de la agrupación HIJOS, con la idea buscar la restitución de nuestros hermanos y hermanas apropiados durante la última dictadura, porque ni en Mendoza ni en Cuyo está Abuelas de Plaza de Mayo, cuya tarea específica es la búsqueda de niños –ahora jóvenes– que han sido apropiados. Ese es el trabajo que hacemos nosotros y somos una comisión dentro de la Regional HIJOS Mendoza. ¿Cuál es su trabajo en Mendoza? De los crímenes de la dictadura, la apropiación de niños es el que sigue vigente, porque quedan 400 jóvenes en el país a los que se les debe restituir la identidad. Sólo hay unos 100 recuperados. En Mendoza hay cuatro casos de niños apropiados y tan sólo uno ha sido recuperado.
¿Cuántos son y cómo subsisten para semejante tarea?
Somos cinco estables, pero, a través del Programa Mauricio López de la UNCuyo, hemos tenido la suerte de contar con la ayuda de mucha gente, además de financiación. Hicimos talleres el año pasado. Ahora queremos dar más difusión a nuestra tarea. Buscamos que se conozca más la labor de Hermanos, porque se comunican con Abuelas en Buenos Aires y esto hace que se demore mucho el trámite.
¿Su labor específica, entonces, es recibir a jóvenes nacidos entre el 76 y el 83 que tengan dudas sobre su identidad y quieran saberla?
Sí, recibimos esos casos. Hay dos formas de trabajar: a través de presentación espontánea o mediante la denuncia. En ambos casos iniciamos una investigación pero nosotros preferimos el mecanismo de la presentación espontánea. Es decir, acercarnos al joven con algunos datos que lo pondrían como presunto hijo de desaparecidos y seguir junto con la persona toda la investigación, y que se haga estudios de ADN por su propia voluntad. Abuelas no lo hace, directamente judicializa cada caso.
¿Por qué eligieron ese método si es más arduo?
Justamente, ahora nos estamos cuestionando el método. En un momento no creíamos en esto de judicializar. Hoy nos replanteamos eso, porque a 36 años del golpe militar sólo se recuperaron 100 jóvenes y quedan 400 pendientes. Si seguimos a un paso tan lento, vamos a recuperarlos dentro de 80 años. Igual, hasta ahora, no hemos judicializado ningún caso, porque en Mendoza los jóvenes han respondido muy bien. Terminan accediendo al análisis de ADN voluntariamente.
¿Cuál fue el logro más grande de la agrupación desde que estás?
Hicimos muchas cosas en este tiempo. El año pasado presentamos una denuncia en la fiscalía por la desaparición de los libros de parto de la Maternidad del ex Hospital Emilio Civit. Los libros de parto donde nació Bonoldi (hijo de Adriana Bonoldi, desaparecida en 1976) no están. En ese libro debería estar ese nombre. Aún no hemos tenido respuesta, pero seguimos peleando para obtenerla.
¿Qué tipo de talleres dan en la agrupación Hermanos?
El año pasado dimos uno de ADN, otro para jóvenes que se acercaron y que no se animaban a analizarse y un tercero, muy bueno, que fue para jóvenes que se analizaron pero el resultado del ADN les dio negativo. Como el Estado no contempla a los jóvenes que no son hijos de desaparecidos pero que desconocen su identidad, nosotros intentamos ayudar desde la contención, con esos cursos y talleres. Poco se sabe de quienes no son hijos de desaparecidos y que tampoco conocen a sus padres de sangre.
¿A ustedes eso también les preocupa?
Claro, ellos quieren saber de dónde vienen, es su derecho conocer su origen. No son chicos expropiados en la dictadura pero pueden haber sido abandonados, vendidos, robados. Ante esto, habría que tener una respuesta. La identidad es todo lo que vamos construyendo desde que nacemos, por eso, saber de dónde venimos es clave para ver qué hacemos de ahí en adelante. Si no, es una duda que causará siempre ciertos conflictos internos.
¿Hay algo en Mendoza sobre eso?
En Buenos Aires está el centro Ulloa para jóvenes que no son hijos de desaparecidos pero que no conocen su identidad. Es un banco genético y acá no existe. Es muy caro hacerlo.
¿Qué falta en las políticas del Gobierno nacional sobre derechos humanos?
Como organismo de Derechos Humanos, vemos que se agilizaron los procesos en los juicios con este Gobierno pero falta mucho. Son más de 300 desaparecidos en Mendoza y se juzgó mucho menos de la mitad de las desapariciones. También pasó que muchos jueces fueron cómplices de la dictadura. Si esto no se condena, puede seguir pasando. La expropiación es un delito que todavía sigue. La dictadura está vigente si hay jóvenes apropiados. Son sólo 100 recuperados en todo el país. Son jóvenes que se están criando en una mentira hoy por hoy, con valores que sus padres no desearon. Eso es muy perverso. Vos planeás un hijo, le inventás un nombre, soñás con una historia para él…
¿Creés que si se va Cristina Kirchner muchas políticas sobre derechos humanos podrían frenarse?
No, creo que las causas por los delitos de lesa humanidad seguirán su curso, más allá de un gobierno. Ahora está Cristina y puede no estarlo más adelante, más allá de que se hizo mucho en este Gobierno. Yo creo que ahora está más instalado lo del “nunca más” en la sociedad. Hay un consenso social de que estuvo mal la dictadura, las torturas, los desaparecidos, las apropiaciones. Hoy ya casi nadie quiere que vuelvan los militares. Hay gente que lo sigue sosteniendo, pero por lo bajo. Trabajamos todos los días para que no vuelva la dictadura, para que los juicios continúen y para este consenso.
