Esta semana, el Ministerio de Salud de la Nación notificó en el Boletín Epidemiológico Nacional un brote de fiebre tifoidea. El mismo afectó a vecinos residentes de dos edificios del barrio de Ciudadela de Buenos Aires.
Según datos oficiales, entre el 9 de marzo y el 22 de abril, fueron quince los casos confirmados, en tanto, tres personas, permanecen internadas y a la espera de los resultados. La causa del contagio sería por la contaminación del tanque de agua (provisto con agua de pozo y no de red).
El panorama generó preocupación y alerta, sin embargo, las autoridades epidemiológicas de Mendoza indicaron que en la provincia la situación está controlada, sin ningún tipo de afección.
“Este año hemos tenido dos casos de pacientes con fiebre tifoidea. Se trata de casos esporádicos, no relacionados con un brote“, indicó la titular de Epidemiología de Mendoza, Andrea Falaschi.
Y agregó: “En la provincia, la situación es de absoluta normalidad, no existen casos para preocuparse“.
Situación controlada en Mendoza, tras el último caso en 2022
Según fuentes oficiales, en Argentina no se registraba un brote desde el 2004. Sin embargo, en Mendoza, se dio un episodio en el 2022. Fueron siete las personas afectadas, todos jóvenes que formaban parte de un equipo de rugby que llegó a la provincia desde Salta y estaban ya infectados.
Falaschi precisó que los pacientes fueron tratados de manera ambulatoria y la enfermedad fue rápidamente controlada.

“Esporádicamente, en Mendoza se registran entre uno o dos casos por año, nada para alarmarse“, expresó la funcionaria.
Qué es la fiebre tifoidea y cómo prevenirla
La fiebre tifoidea es una infección bacteriana que compromete al sistema digestivo, específicamente al intestino y también a la sangre, pero que puede extenderse a otros órganos.
Es causada por la bacteria Salmonella Typhi, se transmite por el consumo de alimentos o agua contaminados con heces humanas.
La transmisión ocurre por ingerir agua o alimentos contaminados, pero también por el contacto directo con personas infectadas si no se mantienen buenas prácticas de higiene.

Los síntomas suelen aparecer entre 8 y 14 días después del contagio, e incluyen fiebre persistente, dolor abdominal, debilidad, cefalea, diarrea o estreñimiento.
La fiebre tifoidea puede ser grave si no se trata a tiempo. En algunos casos, puede causar hemorragias internas o perforación intestinal. Por eso, la consulta médica temprana es clave.
El diagnóstico se confirma mediante análisis de sangre, materia fecal u orina y el tratamiento habitual incluye el uso de antibióticos.
La forma más eficaz de prevenirla es garantizar el consumo de agua segura. Si se utiliza agua de pozo, hay que hervirla durante al menos dos o tres minutos, dejarla enfriar naturalmente y recién entonces consumirla o utilizarla para cocina.
Recomendaciones para la población
- Usar agua segura para actividades como el lavado de manos, los dientes; preparación y cocción de alimentos, cocinar o lavar las verduras y frutas.; limpieza de superficies y utensilios; para beber o elaborar hielo, helados, jugos e infusiones; reconstitución de fórmulas lácteas, entre otros.
- Agua de pozo: hervir 2-3 minutos o desinfectar con lavandina que indique en el rótulo “apta para desinfectar agua” y registrada en ANMAT.
- Reservorios de agua: limpiar con frecuencia los tanques, cisternas y verificar su estado (tapados, sin grietas).
- Aguas de recreación: usar cloro en el agua de las piletas hogareñas; evitar el ingreso a piletas de personas con síntomas gastrointestinales y controlar si hay niños/as con pañales, que los mismos no contaminen el agua (recambio seguido de los mismos, recambio de agua inmediato ante la presencia de materia fecal).
- Lavarse las manos: asearlas con agua y jabón, después de ir al baño, cambiar pañales o estar en contacto con animales o sus heces, y antes de preparar y/o consumir alimentos.
- Lavado de frutas y verduras.
- Alimentos listos para el consumo: adquirirlos en comercios habilitados y extremar los cuidados en la manipulación de los mismos porque no serán sometidos a un proceso posterior de cocción antes de ser consumidos.
