Imagen ilustrativa: ChatGPT

Cuando se habla del mercado laboral, es habitual que las cifras se mencionen en bloque y que el foco quede puesto en los promedios nacionales. Sin embargo, detrás de cada variación estadística hay trabajadores que dejaron de tener un recibo de sueldo con aportes, una antigüedad que se acumula y una relación laboral registrada. En Mendoza, esa pérdida puede medirse con precisión para los últimos doce meses, y el resultado invita a mirar el fenómeno desde una escala más cercana.

Según datos de la Secretaría de Trabajo de la Nación relevados por El Sol, en julio de 2025 la provincia tenía 246.651 trabajadores asalariados privados registrados. Un año después, en julio de 2026, la cifra había bajado a 234.673. La diferencia es de 11.978 puestos de trabajo menos.

Traducido a un ritmo cotidiano, el número equivale a casi 33 empleos formales perdidos por día, unos 230 por semana y cerca de mil por mes. Dicho de otro modo, a lo largo de ese período Mendoza perdió un puesto de trabajo asalariado privado registrado cada 44 minutos.

En términos porcentuales, la caída representa un 4,9% del total de trabajadores de ese sector que había en la provincia un año antes. Cabe aclarar que la medición se limita al empleo asalariado del sector privado con registro formal, es decir, el que cuenta con aportes y está declarado ante el Estado. Quedan afuera los empleados públicos, los monotributistas, los autónomos y quienes trabajan en la informalidad.

Además, se debe señalar que los mencionados muestran el saldo entre altas y bajas. Es decir, durante esos doce meses el mercado laboral mendocino también incorporó trabajadores: se siguieron cubriendo vacantes, se abrieron puestos nuevos y hubo personas que consiguieron empleo formal por primera vez o tras un período de inactividad. Lo que revela la estadística es que, en la mayoría de los casos, esas incorporaciones fueron más que contrarrestadas por las bajas. Por eso la cifra de 11.978 no equivale a la cantidad total de personas que dejaron de trabajar, que seguramente es más alta, sino a la diferencia neta que quedó al final del período.

Lo que no está del todo claro, es la causa de esas bajas. El Gobierno no discrimina las pérdidas de empleo según su origen: no distingue entre despidos, renuncias, jubilaciones o finalizaciones de contrato. Aunque cualquiera que siga la evolución del mercado laboral sabe cuál de esas causas suele pesar más cuando el empleo registrado cae de manera sostenida, el dato oficial no lo desagrega, por lo que no es posible cuantificarlo.

La mirada de los especialistas

Aunque el problema de la caída del empleo registrado es nacional, las lecturas de los especialistas ayudan a encuadrar lo que ocurre en cada provincia, Mendoza incluida. Antonio Aracre, economista y consultor del Gobierno nacional, compartió su mirada sobre lo que está pasando con el mercado de trabajo y le puso paños fríos a la situación. “Todos queremos que se generen más empleos registrados. Mientras tanto la transición de un modelo de país a otro se está apoyando en la informalidad”, comentó.

Aracre planteó además que la situación no es nueva y que no puede atribuirse únicamente al esquema actual. “Lo que no es cierto es que con el modelo cerrado y subsidiado anterior se generase empleo de calidad y ahora no”, afirmó. En ese sentido, recordó que desde hace al menos 15 años la cantidad de trabajadores privados registrados a nivel país no se mueve de los 6 millones de personas. Para el economista, la reforma laboral es una medida útil que puede traccionar al mercado, pero “necesita ser complementada con una reforma tributaria y otra previsional para que los inversores vean previsibilidad jurídica y avancen con sus proyectos”.

Diego Piccardo, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, fue más crítico y puso el acento en el impacto que tiene la caída del empleo registrado sobre los hogares. “El mercado de trabajo no está creando empleo; está recomponiendo su estructura hacia abajo”, señaló.

Según su análisis, con el empleo privado registrado en retroceso y compensado por monotributistas y trabajos informales, “el ingreso del hogar deja de alcanzar con un solo perceptor”. Ante ese escenario, explicó, “la respuesta racional de la familia es enviar a un segundo o tercer integrante al mercado laboral”. Y agregó: “La participación sube por necesidad, no por optimismo. Y si la creación de empleo genuino no acompaña ese aumento de la oferta, la desocupación sube, aunque la tasa de actividad no caiga”.

Cómo se ubica Mendoza en el mapa nacional

Al comparar los datos con los del resto del país, se observa que la pérdida de empleo asalariado privado registrado se extendió a la gran mayoría de las provincias. Mendoza es la tercera con mayor caída en cantidad de puestos totales en el último año, solo detrás de Buenos Aires y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que concentran los mayores volúmenes de trabajadores.

En la provincia de Buenos Aires se perdieron 61.117 puestos, lo que equivale a un empleo perdido cada 9 minutos, aunque en términos porcentuales la caída es del 3,1%. En la Ciudad de Buenos Aires, la cantidad de trabajadores se redujo en 19.800 personas, con un puesto perdido cada 27 minutos y una merma del 1,3%.

El caso de Mendoza resulta llamativo frente a otras provincias centrales. Córdoba perdió 10.264 empleos, al pasar de 521.390 a 511.126 trabajadores, lo que equivale a un puesto cada 51 minutos y a una caída del 2%. Santa Fe, por su parte, bajó de 512.365 a 503.686, con 8.679 puestos menos, uno cada 60 minutos y una caída del 1,7%. Mendoza perdió más empleos que cualquiera de las dos, aunque tiene menos de la mitad de los trabajadores registrados que cada una de ellas. Por eso, en términos relativos, el golpe fue más fuerte.

Las tres que ganaron empleo

Solo tres jurisdicciones fueron en sentido contrario y terminaron julio de 2026 con más trabajadores asalariados privados registrados que un año antes. La que más sumó fue Neuquén, que pasó de 148.420 a 156.342 trabajadores, un aumento de 7.922 puestos y una suba del 5,3%. Le siguió Río Negro, que incorporó 3.875 empleo, y luego la vecina provincia de San Juan, que subió de 79.842 a 80.715 empleos asalariados privados registrados, con una ganancia de 873 puestos, el 1,1%.

El panorama general, entonces, es el de un país donde el empleo formal privado perdió terreno en casi todo el territorio, con excepciones puntuales que no alcanzaron a revertir la tendencia. Para Mendoza, los números de los últimos doce meses implican una pérdida concreta de capacidad para generar trabajo registrado, en un contexto en el que la informalidad y las formas de empleo por cuenta propia aparecen como el espacio que absorbe parte de esa diferencia.