El próximo 30 de abril el presidente provisional del Senado, Juan Carlos Jaliff termina su mandato después de 12 años en la actividad legislativa y más de 40 en la política. Pero antes de la “jubilación”, tendrá un nuevo desafío: impulsar en la Legislatura el proyecto de Boleta Única que envió el gobernador Rodolfo Suarez.
El abogado de 70 años tiene un largo historial en el mundo de la política y es uno de los más consultados a la hora de conocer detalles sobre leyes, artículos y reglamentos.

En su extensa trayectoria, Jaliff pasó por diferentes puestos públicos: fue ministro de Gobierno durante el mandato de Roberto Iglesias enfrentando la crisis del 2001; luego llegó a la vicegobernación acompañando a Julio Cobos; y tuvo también un corto paso por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), al que renunció cuando el exvicepresidente dio el famoso “no positivo” a la resolución 125.
A nivel familiar lleva 46 años de matrimonio, pero se reprocha no haber sido un “padre presente” durante sus años más intensos de actividad política. Actualmente disfruta de sus siete nietos y asegura que es un “abuelo presente”.
– El año que viene termina su cargo de senador y tiene el último desafío con una ley que mandó el gobernador.
– El 30 de abril termino en el Senado y finaliza la etapa legislativa en mi vida. Me han ofrecido otras cosas, incluso en el ámbito privado. Veré que hago, en principio me jubilaré. Creo que la Boleta Única es el último desafío aunque puede aparecer otra ley, nunca se sabe. Sería una buena despedida.
– ¿Se retira de la política definitivamente?
– Siempre sigo haciendo política y tengo un compromiso personal con Mario Abed hasta que termine su mandato. Veremos cómo se da todo, pero todo indica que me jubilaré.

– ¿Le queda alguna cuenta pendiente, algo que le hubiese gustado hacer en estos años?
– En realidad me hubiese gustado ser gobernador, pero cuando era mi tiempo había otros candidatos que estaban mejor. Cuando uno tiene una carrera prolongada aspira al máximo cargo, es legítimo y razonable. Estoy satisfecho con todo lo que hice en mi carrera política y pública con errores y aciertos, pero con ganas y pasión.
– ¿Cuándo fueron sus inicios en el mundo político y cómo fue esa experiencia?
– Empecé a militar en el año 75 y después vino el golpe de Estado. Seguimos militando en la clandestinidad, era peligroso pero igual hacíamos reuniones.
En el año 83 fui apoderado de la UCR, estuve después en el bloque de diputados y en el 83 Santiago Llaver me designó al frente del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV). Ese fue el periodo en el que más casas se construyeron en Mendoza, llegamos a 20 mil en cuatro años.
También trabajé en la Procuración del Tesoro en el gobierno de Raúl Alfonsín y estuve en el Senado de la Nación.
– ¿Cómo se vivió el retorno a la democracia?
Fue un momento lleno de emociones pero de responsabilidad. Hay una anécdota que recuerdo en el cierre de listas que muchos se enojaban porque no iban en el lugar que querían. Un candidato no quiso firmar porque decía que no iba a entrar y faltando diez minutos para el cierre pusimos a otro y fue diputado nacional.
– ¿Cómo vivió la crisis del 2001?
– En ese entonces era ministro de Gobierno y fue una situación complicada. Tomamos decisiones que no queríamos tomar como reducir el salario de los empleados públicos, pero después se devolvió esa reducción y la gente lo reconoció. Sacamos los Petrom que fue la única cuasimoneda que se pagó sobre el valor nominal.
En ese momento viví el primer escrache que se le hizo a un funcionario. Ocurrió en la puerta de mi casa, yo no estaba y estaba mi familia. Era un sindicato y cuando volví los enfrenté en la calle y no quisieron hablar conmigo.
– ¿Cómo fue la experiencia de ser vicegobernador y de trabajar con Cobos?
– Recuerdo un día que estábamos en la misa de San Cayetano con Julio y pasaron para pedir la limosna, me había olvidado la billetera. Entonces le dije ‘Julio pasame unos pesitos’ y me los pasa, con tanta mala suerte que me enganchó un canal y salió en todos lados.
En cuanto a mi gestión, se aprobó la famosa ley 7.722 y el nuevo sistema de transporte.
– ¿Cómo se lleva con la tecnología en la Legislatura y cómo fueron las sesiones remotas?
– Me he sorprendido bastante, me manejo bastante bien. Me gustaban los teléfonos con tecla pero me tuve que adaptar a los táctiles hasta que aprendí a usarlos. Cambiamos el reglamento y fuimos los primeros en el país en sesionar en forma virtual durante la pandemia.
– ¿Se lleva amigos y enemigos de la política?
– Soy muy amigo de Jorge Albarracín, de Cobos también y con Mario Abed somos amigos desde antes que fuera intendente.
No tengo enemigos, siempre me han tratado con respeto a pesar de las diferencias. Me hice muy amigo del senador del PJ, Ignacio Ortigala, que falleció y a Raúl Baglini lo extraño cada vez más, nos hablábamos todos los días.
Otras anécdotas
Varias historias tiene Jaliff para contar en su largo camino por la Legislatura. El senador recordó que una vez tuvo que pedir “silencio” a los gritos como el profesor Jirafales y todos se quedaron callados, según relató entre risas.
También muchos recuerdan cuando llegó a la casa de las leyes con la corbata de Boca que había salido campeón.
Pero entre las últimas anécdotas aparece una sesión que estaba presidiendo y al darle la palabra al senador del FIT, Lautaro Jiménez, se equivocó y le cambió el apellido por Martínez como el jugador de fútbol.
“Habíamos hablado del golazo del domingo anterior. Me tenté y no podía seguir hablando. Los dos estábamos tentados”, recordó Jaliff.
