Hay muchas formas de medir el avance de la economía y cientos o miles de datos que se puede analizar para entender qué está pasando con cada una de sus variables. Sin embargo, hay un indicador que se suele pasar por alto y resulta clave al momento de dimensionar la realidad económica de una provincia. Se trata del Producto Bruto Geográfico (PBG) per cápita.
Para entender exactamente de qué se trata, se debe repasar primero la definición del PBG. En concreto, se trata de un indicador que representa el valor total de la producción de bienes y servicios finales generados dentro de una provincia, estado o jurisdicción específica durante un período determinado, generalmente un año. A diferencia del Producto Bruto Interno (PBI), que mide el desempeño económico de todo un país, el PBG constituye el indicador macroeconómico clave a nivel regional.
Ahora bien, ¿qué es el PBG per cápita? Básicamente es el valor de todo lo que se produce en la economía, dividido por la cantidad de habitantes. Mientras más alto es ese número, mayor es la riqueza en relación al tamaño de su población. Un valor alto, se suele asociar a provincias con industrias de alto valor agregado y buena productividad. Por el contrario, un PBG per cápita bajo, tiende a identificarse con estructuras productivas poco diversificadas, baja productividad y mayor dependencia del empleo público.
En este caso, no se va a analizar si el PBG per cápita de la provincia es alto o bajo, dado que para eso se debería hacer una comparación con otras jurisdicciones y son muy pocas las que cuentan con datos oficiales de su Producto Bruto Geográfico. Sin embargo, hay un dato que sí puede decir mucho sobre el comportamiento de la economía local y es precisamente la evolución del PBG por habitante.
La caída de la década
Teniendo claro qué se va a analizar, es momento de pasar a los números. De acuerdo con la medición de la Dirección de Estadísticas e Investigación Económicas (DEIE), en el 2015 el PBG de Mendoza fue de $25.049.099.000 en pesos constantes de 2004. En ese momento la provincia tenía una población total de 1.885.551 personas, según una estimación oficial del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en base a los resultados del censo 2010. Eso significa que el PBG per cápita era de $13.285.

Diez años más tarde, en 2025, el PBG de la provincia en pesos constantes de 2004 fue de $25.555.691.000. De acuerdo con el Indec, la población de Mendoza en ese momento era de 2.057.740 personas. Es decir que el PBG per cápita bajó a $12.419.
En síntesis, el PBG creció 2% (0,2% anual), en un período en el que la población creció 9,1%. Como consecuencia el “reparto” de los producido en la economía mendocina, cayó un 6,5%.
Existen otras maneras de medir el PBG per cápita. La más común, de hecho, es analizar los valores en dólares. En el caso de Mendoza, se registró una caída de USD 10.442 a USD 8.973 en el PBG per cápita entre 2015 y 2025 (-14,1%). Sin embargo, economistas consultados por El Sol recomendaron no utilizar esa medición como referencia, dado que el dólar oficial ha sufrido diferentes períodos de intervención, lo que lo ha llevado a retrasarse o a tener saltos pronunciados en períodos de tiempo extremadamente cortos, lo que distorsiona la precisión de los datos.
Lo más preciso, entonces, es enfocarse en el dato del PBG a pesos constantes. De esa forma, el resultado que se encuentra en la comparación de dos años no tiene ningún tipo de distorsión por inflación, variación del tipo de cambio u otros factores ajenos a lo que se refiere estrictamente a la economía provincial.
¿Caída por culpa propia o de la Nación?
En cualquier economía subnacional, las causas que determinan cuánto crece o cae el PBG per cápita son una suma de factores locales y “macro” (los que dependen del Gobierno nacional).
Para Jorge Day, economista del Ieral (Fundación Mediterránea), el contexto nacional es determinante. “Por regla general, el comportamiento económico de las provincias sigue la tendencia marcada por el país: si la Nación está estancada, las provincias también lo están”, afirmó. Las excepciones, según explicó, son las jurisdicciones que se destacan por acontecimientos favorables o desfavorables propios de su estructura. “Neuquén, por ejemplo, registra un mayor crecimiento impulsado por Vaca Muerta, mientras que Santa Cruz sufre un fuerte declive por la caída en la producción petrolera y por una eventual reducción de transferencias discrecionales”, ejemplificó.
Daniel Garro, economista y director de Value International Group, coincidió en que el estancamiento de los últimos diez años fue generalizado y responde en gran medida a lo que ha pasado a nivel país, pero señaló que en Mendoza la caída ha sido más profunda. “Si se analiza el factor más relevante, que es la cuota de participación, se observa un estancamiento generalizado en todo el país a lo largo de este ciclo de 11 años. Sin embargo, dentro de ese escenario nacional, el estancamiento de Mendoza fue aún mayor”, señaló.
Según el economista, esto responde a un patrón histórico que se observa desde 1983. “Cuando la economía nacional crece, Mendoza sube, pero a un ritmo menor; y cuando el PBI nacional cae, la provincia sufre una retracción más pronunciada. Al repetirse esto con el tiempo, la brecha de estancamiento con respecto a la Nación se profundiza constantemente”, explicó.
Day, por su parte, relativizó la diferencia con el promedio del país. “Aunque Mendoza haya crecido ligeramente menos que el promedio nacional en los últimos diez años, su desempeño responde de manera predominante a factores de escala nacional más que provinciales”, insistió.
Los factores propios de la provincia
Dentro de ese marco general, Day identificó dos sectores que pesaron de manera desfavorable en Mendoza. “La provincia tuvo el impacto negativo de un sector vitivinícola, su histórico motor económico, que no logra crecer. A eso se suma una contracción en la actividad petrolera”, describió.
Garro, en cambio, apuntó a la gestión provincial. “Otras provincias muestran un comportamiento similar o a un peor que el de Mendoza, pero eso no implica necesariamente que la economía menciona esté bien administrada. La comparación se realiza frente a jurisdicciones con crisis severas”, planteó. Y continuó: “El problema de fondo es que Mendoza carece de una política económica provincial autónoma. Quedó sujeta a los vaivenes de la Nación, sin implementar estrategias específicas adaptadas a su propia estructura productiva”.
Diversificación productiva y exportaciones
Day también analizó el efecto de la estructura económica local. “Mendoza cuenta con la ventaja estratégica de tener una matriz económica diversificada, lo que le otorga una menor vulnerabilidad ante las crisis. No obstante, esa misma característica hace que, cuando un sector en particular crece, su efecto no se refleje de forma masiva en el total de la economía provincial”, indicó. “En otras provincias, como Neuquén, sus indicadores experimentan notables expansiones, pero corren el riesgo de sufrir caídas drásticas ante cualquier eventualidad en la industria petrolera”.
Sobre las exportaciones, el economista del Ieral las definió como un elemento central. “Son clave para las economías provinciales, ya que constituyen la principal vía para el ingreso de divisas desde el exterior hacia mercados locales reducidos. En la relación entre exportaciones y PBG, Mendoza no se destacó históricamente por ser una provincia sumamente exportadora en comparación con otros distritos”, sostuvo.
Además, advirtió que el aumento actual de los envíos al exterior no es parejo. “El incremento a nivel nacional está concentrado en la minería, la producción hidrocarburífera de Neuquén y ciertos rubros del agro pampeano, mientras que el resto de los sectores crece de forma moderada o tiende a la baja”, explicó. En el caso mendocino, detalló: “La vitivinicultura se mantiene estancada y el sector petrolero muestra un incremento en sus exportaciones que resulta llamativo en el contexto actual de la actividad”.
Cómo se puede revertir la tendencia
Para Day, la recuperación de la provincia está atada a la del país. “Como el escenario nacional condiciona de forma directa a las provincias, un eventual despegue de la economía argentina permitirá que Mendoza acompañe esa recuperación”, afirmó. Sin embargo, aclaró que hay límites: “Resulta complejo visualizar un sector mendocino capaz de generar un impacto similar al de Vaca Muerta. La minería aparece como una alternativa, pero no se perfila con la misma intensidad ni envergadura que tiene en provincias como San Juan”.
Garro, por el contrario, planteó que la salida depende de decisiones locales. “Para revertir esta tendencia y atraer inversiones es imprescindible generar diferenciación y reducir la presión fiscal. Mientras otras provincias comienzan a adoptar medidas concretas, como la exención de Ingresos Brutos al sector industrial en Catamarca, Mendoza continúa sin un esquema propio”, señaló.
“Desde el año 2000 vengo planteando la necesidad de implementar un esquema de IVA provincial que permita eliminar tributos distorsivos como Ingresos Brutos y el Impuesto de Sellos”, indicó. “Al no haberse reducido la carga impositiva ni frenado el aumento sostenido del gasto público a lo largo de los años, Mendoza no generó incentivos para diversificar su matriz productiva ni para posicionarse de manera competitiva frente al resto del país”, cerró Garro.
