En los últimos días, la influencer Caro Trippar contó que fue diagnosticada con cáncer de mama con metástasis. Su testimonio generó miles de repercusiones, pero también volvió a instalar una conversación necesaria: la importancia de consultar a tiempo y realizar los controles mamarios indicados.
Su relato llamó la atención porque los primeros síntomas aparecieron después de la lactancia y, en un primer momento, creyó que se trataba de una mastitis. Su experiencia volvió a poner sobre la mesa una duda frecuente: ¿qué pasa cuando una mujer joven presenta síntomas si los controles de rutina suelen comenzar recién a los 40 años?
Aunque el riesgo aumenta con la edad y la mamografía se recomienda como estudio de rutina a partir de los 40 años, los especialistas coincidieron en que eso no significa que la enfermedad no pueda aparecer antes.
Los controles empiezan a los 40, pero la consulta no tiene edad
El cáncer de mama es el tumor más frecuente y la principal causa de muerte por cáncer en mujeres en Argentina. Cada año se diagnostican más de 22.000 casos y se registran entre 5.600 y 6.100 fallecimientos. En Mendoza, el número ronda los 750 nuevos casos anuales y unas 300 muertes.
El mastólogo y ginecólogo oncólogo Diego Santoni explicó a El Sol que una de cada ocho mujeres puede desarrollar cáncer de mama a lo largo de su vida, y que más del 80% de las pacientes no tiene antecedentes familiares: solo entre el 5% y el 10% de los casos respondió a causas hereditarias o genéticas.
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El principal factor de riesgo, señaló, sigue siendo ser mujer y el avance de la edad, aunque también influyen los antecedentes personales, determinadas mutaciones genéticas y hábitos como el sedentarismo, el sobrepeso, el consumo de alcohol y el tabaquismo. Aunque aclaró que se trata de una enfermedad multifactorial y que cada caso debe analizarse de manera individual.
Entre el 10% y el 15% de los diagnósticos correspondió a mujeres menores de 40 años, según la oncóloga clínica Cielo Elaskar (MP 12326). “Que sea menos frecuente no significa que no pase”, advirtió.
El oncólogo Jorge Hidalgo, especializado en oncología mamaria y pulmonar, ubicó a este grupo entre el 4% y el 7% de los casos totales.
Si bien la mamografía anual forma parte del esquema de detección para mujeres con riesgo promedio a partir de los 40 años, cuando hay antecedentes familiares, mutaciones genéticas o síntomas persistentes, los controles deben adaptarse a cada paciente.
En mujeres jóvenes, la ecografía suele ser el estudio de primera elección porque el tejido mamario es más denso. Según cada caso, también puede indicarse una mamografía basal alrededor de los 35 años o una resonancia magnética.
Cómo golpea el diagnóstico en la vida de una mujer joven
Elaskar explicó que estos diagnósticos suelen generar un fuerte impacto porque se presentan en mujeres que muchas veces están criando hijos pequeños, desarrollando su carrera profesional o planificando una maternidad. Por eso, remarcó, el abordaje no solo debe contemplar la enfermedad, sino también otros aspectos de la vida de la paciente.
En la misma línea, Hidalgo coincidió en que el tratamiento de pacientes jóvenes requiere contemplar mucho más que la enfermedad. La fertilidad, la vida familiar, el trabajo y la calidad de vida también forman parte de las decisiones que acompañan el proceso, según explicó.
Por eso, los tres especialistas insistieron en que la edad no debe ser el único criterio para consultar.
Los síntomas que no conviene minimizar
El caso de Trippar también reavivó otra discusión: algunos de los primeros síntomas pueden confundirse con patologías benignas, especialmente durante el embarazo o la lactancia.
Los especialistas coincidieron en que cualquier cambio persistente en las mamas merece una consulta con un mastólogo. Entre los principales signos de alerta mencionaron la aparición de un nódulo, cambios en el tamaño o la forma de la mama, retracción del pezón, secreciones, alteraciones en la piel, o enrojecimiento e inflamación que no desaparece.
Elaskar explicó que una mastitis suele responder al tratamiento con antibióticos o antiinflamatorios en pocos días. Cuando eso no ocurre y los síntomas persisten, dijo, hay que avanzar con nuevos estudios para descartar otras causas.
Santoni remarcó que la presencia de síntomas o cambios en las mamas siempre debe ser motivo de consulta, independientemente de la edad.
Hidalgo, por su parte, agregó que en mujeres jóvenes el diagnóstico por imágenes es más desafiante por la mayor densidad del tejido mamario, por lo que recomendó no demorar la consulta y, si es necesario, recurrir a una biopsia para llegar a un diagnóstico certero.
Santoni recordó, además, que el cáncer de mama asociado al embarazo o a la lactancia es poco frecuente: se presenta en aproximadamente una de cada 3.000 gestaciones. Pero suele detectarse en etapas más avanzadas, porque los cambios propios de ese período retrasan la consulta.
El autoexamen ayuda, pero no reemplaza los estudios
Durante años el autoexamen fue una de las principales recomendaciones para prevenir el cáncer de mama. Hoy los especialistas prefieren hablar de conocer las propias mamas, y entender esa práctica como un complemento de los controles médicos, no un sustituto.
Elaskar explicó que muchas mujeres detectan cambios porque conocen cómo son habitualmente sus mamas, aunque los tumores en etapas iniciales pueden no dar síntomas y solo ser visibles mediante estudios de imágenes.

Santoni coincidió en que, el autoexamen tiene una utilidad limitada porque no permite detectar lesiones muy pequeñas, aunque sí ayuda a reconocer cambios entre un control y otro.
Hidalgo fue categórico: ninguna mujer debería confiar únicamente en el autoexamen. Ante un síntoma persistente, remarcó, la consulta médica siempre debe ser el primer paso.
Detectarlo a tiempo cambia el pronóstico
Aunque no existe una forma de prevenir el cáncer de mama, los especialistas coincidieron en que la detección temprana sigue siendo la herramienta más efectiva para mejorar el pronóstico.
Santoni destacó que el diagnóstico precoz cambió de manera significativa el pronóstico de la enfermedad: detectado a tiempo, el cáncer de mama tiene una probabilidad de curación de hasta el 90%.
A eso se suma la importancia del trabajo multidisciplinario para ofrecer un diagnóstico preciso y un mejor acompañamiento durante todo el proceso.
Para Hidalgo, un diagnóstico avanzado no significa que no existan opciones terapéuticas: tratamiento y curación, aclaró, son conceptos distintos.
Elaskar coincidió señalando que “en los tumores detectados a tiempo el objetivo puede ser curativo, mientras que en los casos más avanzados los tratamientos buscan controlar la enfermedad, aliviar los síntomas y sostener la calidad de vida”.
Por último, la oncóloga lo resumió así: “Que no pueda curarse no significa que no pueda tratarse”.

