Luego de varios años en estado de abandono, dos espacios importantes de la historia mendocina se han transformado en nuevas propuestas acordes con los tiempos modernos. Se trata de dos edificios con gran valor cultural: uno es el famoso cine-teatro Sportman, en Paso de los Andes 1634, de Godoy Cruz; y el otro, el edificio emblemático del Automóvil Club Argentino, en la Avenida San Martín 973, en pleno centro mendocino.
Los dos espacios históricos hoy albergan nuevas cafeterías y lucen con una propuesta acorde con los tiempos. Para la apertura de esta renovación edilicia hubo que trabajar mucho, restaurar el deterioro de techos, ventanas, pisos y conexiones eléctricas, entre otros temas.
Esta especie de reciclado tiene otro lado positivo, ya que en los últimos tiempos sufrieron hechos vandálicos como pintadas del frente y rotura de vidrios, y también eran focos de inseguridad. Esto fue un reclamo de los vecinos de Godoy Cruz y del centro, ya que de noche las zonas eran intransitables por la falta de luminarias y de personal de seguridad.
El cine, que fue supermercado y ahora café
En el edificio del ex Cine Teatro Sportman, abrió la cafetería Baruch, un emprendimiento a cargo de la familia Carbone, vecinos de la zona de Villa Hipódromo.
El lugar tiene capacidad para unas 30 personas en su interior y se suman otras tantas en las mesas ubicadas en la vereda, donde muchos vecinos aprovechan para pasar la tarde merendando, ya sea una “promo” de café con medialunas, o pastelería casera o bien pizza con alguna bebida. La familia Millán es la propietaria del terreno y edificio, y durante 15 años funcionó la cadena de supermercados Átomo.
Pero la historia de ese espacio se comenzó a escribir el 16 de marzo de 1950, cuando abrió sus puertas el Cine Teatro Sportman. Llamaba la atención lo moderno que era el edificio, ya que contaba con sistema antisísmico, y tenía herramientas tecnológicas avanzadas para la época.
Muchos vecinos recuerdan los viejos tiempos del cine que el día de su inauguración proyectó la película “Filomena Maturano”, y contó con la presencia del actor Luis Sandrini.
Además, contaba con más de mil butacas pullman y 300 altas, sistema de aire para el calor del verano y calefacción central para el invierno.
Viajando a los orígenes que según relata la historia, Mario Paoletti y Teresa Lucero (vecinos de la zona), eran matrimonio y empresarios de la industria del entretenimiento, y en aquellos años compraron el terreno del que era cine-bar para transformarlo en la sala de cine que todos conocen y recuerdan.
Hoy, Baruch Café y Confitería es un punto de encuentro que se puede visitar todos los días de 8 a 13.30 y de 17 a 23.30. Los domingos solo abre hasta el mediodía.
La esperada reapertura del café de los famosos
Si bien el emblemático café del Automóvil Club Argentino (ACA), había cerrado antes de la pandemia, la cuarentena le dio el empujón final al restaurante que quiso funcionar unos años antes del 2020 en ese lugar.
Hoy revive con Aromas Café, que abrirá a fin de mes, y con el gimnasio “En ritmo” que ya funciona hace un año en el primer piso del edificio. Las nuevas apuestas son propiedad de Analía Carrasco, que ganó la concesión del lugar propiedad del ACA, y que podrá durante 5 años, explotar el lugar (Avenida San Martin 973, Ciudad) que guarda una historia de largas charlas entre políticos como Victor Fayad, Jorge Pardal, Raúl Blagini, José Genoud, por nombrar algunos, asiduos visitantes que ocupaban las mesas de la vereda para pasar un buen rato.

Y no sólo dirigentes sino deportistas destacados como Nicolino Loche que en fieles en los 80 y 90 se tomaba su café en la larga barra del salón.
“La idea del café es que pueda ofrecer un menú fitness, saludables, desayunos
con tostadas integrales, palta, huevos revueltos, y también las típicas medialunas y tortitas con cortado o café, ya sea para merendar o desayunar”, explicó Analía, que aclaró que el lugar abre a las 7.30 y cerrará a las 20.30, ya que la zona prácticamente está desierta a esa hora.

La empresaria dijo que trabajaron durante mucho tiempo para poner a punto el lugar ya que estaba muy abandonado. Desde enchufes de electricidad hasta conexión wifi y todo el mobiliario se cambió. “Queremos mantener la impronta del espacio con algunos cuadros que habían de paisajes de Mendoza, de Locche, de Quino y Mafalda o del Aconcagua”, detalló la propietaria. En total habrá capacidad para 60 personas, adentro y afuera, en las mesas de la vereda.
