Flavia Gorelik Koss en voz y Rubén Baldasso en teclado y programación son los integrantes de Alma, banda que fusiona diversos estilos musicales, versiona temas e interpreta sus propias creaciones, entendiendo que la música sucede cuando se logra “una simbiosis: el alma del músico pone en movimiento su cuerpo para despertar el alma del instrumento”. Ambos conversaron con El Sol acerca de sus itinerarios, conceptos artísticos, preferencias musicales y anhelos.
¿Por qué el nombre? Flavia Gorelik Koss: Tiene que ver con llegar a la esencia de las cosas. A la esencia de lo que significa para nosotros la música. Poder trasmitir sentimientos íntimos y profundos a quienes nos escuchan y expresar ese respeto y amor que le ponemos a lo que hacemos, caracterizado por un concepto de atemporalidad y eclectisismo. Vemos un paralelismo entre lo que es el concepto música y el concepto alma. Invisibles e intangibles, desde el punto de vista físico, pero ambos dotados de movimiento propio, relacionados con el inconsciente y quizás con lo inexplicable.
¿Cómo nace la banda? F.G.K.: Nos reencontramos en noviembre del 2008. Digo nos reencontramos porque nos conocemos hace más de 15 años pero hace un año que empezamos a pensar en este proyecto. El contacto fue por intermedio de una contratación para hacer música en un casamiento. A mí me contrataron para cantar y a él para tocar el teclado. Mientras ensayábamos lo que nos habían encargado, hablamos de nuestras influencias y gustos musicales, de lo que significa la música en nuestra vida y de la vida misma. Surgió una amistad y una química excelente a nivel artístico que hasta el día de hoy mantenemos.
¿Qué música hacen? F.G.K.: Intentamos generar un sonido propio, desde el punto de vista estilístico hacemos canciones que van desde el jazz, pasando por el blues, trip hop, funk, bossa nova, soul y música indie. En fin, amamos la música y nos permitimos fusionar y variar de estilos.
¿Cómo seleccionan los cóvers? Rubén Baldasso: Hacemos hincapié en que no somos una banda de cóvers, sino que versionamos canciones. La diferencia es que no nos acotamos a una copia exacta de las canciones originales, sino que realizamos una reinterpretación. F.G.K.: Existen bellas composiciones que merecen ser tocadas o cantadas por el simple hecho de que son maravillosas y no nos queremos perder la oportunidad de poder hacerlas, pero cada canción es muy particular y el modo de operar a la hora de elegirlas es muy diverso. Somos metódicos, le damos tiempo a cada tema, no todos los que pensamos que podemos incluir, finalmente quedan. También estamos abiertos a que las canciones que actualmente forman parte de nuestro show puedan seguir transformándose. Como ejemplo de algunas versiones, interpretamos standards de jazz, temas de bandas como Massive Attack, Portishead y Garbadge. Versiones de compositoras y cantantes como Bjork, Tori Amos, Edith Piaf, Fiona Apple y Amy Winehouse, entre otras.
¿Tienen temas propios? R.B.: Sí, y estamos armando un show diferente al que mencionamos antes en el que pensamos incluirlos.
En cuanto a referentes musicales ¿cuáles podrían destacar? F.G.K.: Como cantante, destaco a grandes voces femeninas del jazz como Billy Holiday, Ella Fitzgerald y Edith Piaf. Tengo una gran influencia de cantantes contemporáneas (Bjork, Tori Amos, Fiona Apple, Pj Harvey y Beth Gibbons). Respecto de las bandas, son las que versionamos en el show. R.B.: Mis influencias tienen que ver con Vivaldi, J.S. Bach, Chopin, Debussy, Arvopart, Schnittcke, Miles Davis Chick Corea, Led Zeppeling, Rush, My bloody Valentine, Thievery Corporation y también los pájaros, los ruidos de la ciudad y el cine.
¿Qué recepción han tenido en Mendoza por parte del público? R.B.: La recepción ha sido excelente, ha sido hermoso agradar, es un estímulo y una satisfacción.
¿Qué camino sigue una banda como Alma para hacerse un lugar en el ámbito local? F.G.K.: Por suerte, Mendoza ha crecido mucho en lo que respecta a la cultura en estos últimos años, esto hace que ahora los proyectos independientes tengan más posibilidades de crecer, porque hay más interés por parte de la sociedad mendocina de escuchar música en vivo. Por otro lado, a nivel urbanístico, la ciudad está más preparada, como es el caso del rediseño de la Alameda, la calle Arístides Villanueva. Todo esto es absolutamente favorable para los artistas mendocinos. De todas formas pensamos que, a nivel estructural y de sistematización, faltan productoras locales que apuesten a producir artistas, como también sellos discográficos locales. En términos de exitismo te podría llegar a decir que el crecimiento real de un músico quedaría centralizado en Buenos Aires pero confío plenamente en que se pueden hacer proyectos súper interesantes en nuestra provincia de acuerdo con el crecimiento que se ha manifestado en estos últimos tiempos. R.B.: Creo que un conflicto recurrente en muchas profesiones y que llega también a los músicos es el factor económico, grandes músicos tienen que repartir su tiempo realizando otros trabajos que no tienen que ver con la música, esto genera que excelentes proyectos se disuelvan por falta de tiempo o complicaciones que nada tienen que ver con la música, sino con ganarse el mango del día. Igualmente es un tema muy relativo de cada músico y de cada época, por ejemplo, con las fluctuaciones de las monedas extranjeras, a veces se hace difícil comprar instrumentos.
Pero a ustedes no les ha resultado inmediato, hace tiempo que se dedican a esto, tienen mucho camino recorrido. ¿Qué hay detrás en la carrera hasta llegar a hoy? F.G.K.: A modo de anécdota, te cuento que el interés por las artes escénicas se me despertó desde muy pequeña, con 3 o 4 años ya me gustaba cantar. Las muñecas Barbies para mí eran un micrófono (risas). Después, estudié canto, teatro (con Ernesto Suárez, como todos en nuestra provincia, Rafael Rodríguez y un tiempo corto pero intenso con Los Toritos, dirigido por Daniel Fermani) y danza (en la municipalidad, con Rubén Villegas, Francisco Pérez, y actualmente con las hermanas Fusari). Siempre me interesó unir estas tres disciplinas. Estudié canto lírico (con Marisul Ibáñez) unos años de manera particular, para adquirir técnica, canto popular (con Javier Segura), para mejorar mi capacidad interpretativa. La Escuela de Música clásica o la escuela de música popular (que en ese momento no existía) no me convencían, porque me interesaban otros estilos, como el jazz o la música alternativa. Eso quizás siento que falta en nuestra provincia, una escuela de música contemporánea popular, aunque ahora abrió la escuela de Valeria Lynch, es un avance.
¿Y cuándo saliste al ruedo? F.G.K.: Para empezar canté en un montón de actos en la escuela. Mi primera banda fue a los 15 años, se llamaba Jardín Eléctrico. Un aprendizaje inolvidable, al mismo tiempo me dediqué a grabar una ópera rock, La Tempestad. Después, incursioné en el jazz y trabajé como cantante sesionista para diversos proyectos, más que nada con el productor y músico Natalio Faingold. A los 17 años canté con una banda de jazz (All Jazzera) con Gonzalo de Borbón, Mario Araniti y Marcelo Sánchez. En ese momento, el jazz era para pocos, ahora en cambio se ha transformado en música para grandes hoteles y reuniones de elite. Por un período de tiempo me dediqué solo a la arquitectura y al diseño en la facultad. A los 19 años grabé parte de un disco producido por Mario Araniti con la participación en guitarras de Felipe Staiti. A los 20 me uní a una banda que ya tenía trayectoria en el rock en la provincia (Polar), fue una etapa de introspección y creatividad. A los 21 escribí una obra musical llamada La orquídea, que conjugaba el canto, la actuación y la danza. Ocasionalmente seguía grabando discos contratada por Natalio Faingold, por lo general producciones para afuera del país. A los 23 años tuve una participación en un disco llamado Hits Rewind con Tiffy Crawford. Durante mis 24 tuve el honor de cantar junto a Mario Matar, Quique Oësch y un virtuoso bajista, llamado Lisandro Lichi Sandes. A mis 25 llegó Alma.
¿Y vos, Rubén? R.B.: Me inicié tocando el piano en fiestas familiares siendo niño. A partir de los 8 años estudié en un conservatorio en mi barrio y después seguí en la Escuela de Música. Toqué en muchas bandas de rock y simultáneamente hice música litúrgica, actividad que realizo hasta el día de hoy. Di un par de conciertos de órganos de tubo con obras de Ginastera y Bach. Hice música para proyectos cinematográficos y obras de teatro. Hace ya algunos años que soy productor y DJ en el mundo de la música tecno, house y Big B
it, entre otras.
¿Que presentaciones ha hecho el grupo? R.B.: Hasta el momento nos hemos presentado en fiestas privadas y en algunos bares. Nuestra expectativa a mediano plazo sería hacer un show en un teatro, incluyendo músicos invitados e infraestructura multimedia.
¿Proyectos? F.G.K.: El proyecto inmediato es seguir creciendo. Queremos grabar un álbum con nuestros mejores trabajos y presentarnos en otras provincias o países. En febrero vamos a estar en
la Alameda, en Casa Usher y Blah, Blah Bar, aunque todavía tenemos que confirmar fecha.
Proyecto Alma: canciones que encantan
Unieron sus trayectorias para generar una propuesta verdaderamente exquisita. Intérpretes y creadores, Flavia y Rubén despiertan sensaciones únicas con su música.
