El nombre zapatilla surgió como un diminutivo de zapato, casi como un despectivo: zapatilla. Hasta hace pocos años, el zapato mandaba y en las zapaterías había siempre una sección, sólo una, dedicada a las zapatillas.Ahora, las zapatillerías mandan. Son mucho más numerosas que las zapaterías. Cambiaron los hábitos. Antes las zapatillas eran un complemento del pie, del pisar. Se las usaba para hacer gimnasia en la escuela, deportes, descansar en la casa, hacer los mandados, pero no para vestir. Las zapatillas no eran para vestir.

    De ninguna manera. Ni siquiera para faenas rurales, para eso estaban las alpargatas, un gaucho con zapatillas se veía más ridículo que chancho en limosina. Entonces, el costo era inferior al de los zapatos.Ahora hay zapatillas que pueden costar el doble de un zapato paquete. Nos asombramos cuando alguien nos cuenta que asaltaron a un amigo para robarles las zapatillas. No hay que sorprenderse, a lo mejor, le están robando más de doscientos pesos. No son tontos los chorros. Las hay de todo tipo, pelos y señales, y sus ventas son tan importantes, que marcas internacionales invaden las zonas de compras y televisores.

   Ya no se ven publicidades de zapatos, todo es de zapatillas. Las hay con suela de gomas, caucho, cerámica, arpillera, parquet, para trekking, rafting, liffting, shopping, brushing y suelen tener adminículos como cuenta pasos, luces de giro, reloj, freno de mano, plantillas anatómicas y ortopédicas, cordones, abrojos, botones, portero eléctrico y faros antiniebla. Antes se decía “más ridículo que ponerse un smoking con zapatillas”, ahora no es normal, pero puede darse sin despertar asombro alguno. Las zapatillas son emblema de la época en que vivimos. El mundo avanza, si es que, impulsado por zapatillas. Aunque no nos salva de nuestros errores, porque con zapato o zapatilla, no falta el día en el que metemos la pata.