El impuesto Automotor ha generado malestar entre los contribuyentes mendocinos, que no esperaban un fuerte incremento que se suma a otros problemas a enfrentar en medio de la crisis económica. Esto ha dejado en manos de la política la tarea de resolver el entuerto.
El gobernador y los intendentes son los protagonistas de una mesa donde deberán consensuar las alternativas para que el tributo, que se coparticipa en gran medida con los municipios, no impacte duramente en sectores vulnerables tras un año donde las posibilidades económicas se han resentido. Es una chance para demostrar que están por arriba de las diferencias que se han agudizado en estos años.
El ciudadano que tiene que enfrentar las cargas impositivas y los costos de las góndolas, con un bolsillo cada vez más reducido en sus posibilidades, no necesita que la clase dirigencial profundice sus enfrentamientos. Tiene un problema que no sabe cómo resolver y está a la espera de una señal que lo alivie. Una señal que reduzca, a la vez, la especulación ante el pago de un impuesto, para lograr luego una moratoria.
Es por eso que oficialismo y oposición tienen que sentarse sin la mirada corta de lo electoral, sin ventajismos ni oportunismos. No es tiempo para melodramas políticos que no resuelven las condiciones de vida de los mendocinos, sino que la complican.
