Algunas veces la oralidad no alcanza y muchos se ven tentados a remplazarla por la manualidad. A veces, el disenso alcanza al crimen, como el atentado que en 1935 ocurrió en la Cámara de Senadores de la Nación, cuando Enzo Bordabehere fue baleado y murió por defender la vida del senador Lisandro de la Torre. Si hay otro que piensa distinto que “uno”, ese es Los Andes. No por tener una idea grande tienen que transformarse en ideotas. Una cosa es que sean diputados y otras es que se “diputeen”. Además, son parte de la honorable Legislatura, que, según tengo entendido, honorable quiere decir digno de ser honrado, y uno no va a andar honrando a dos o tres pendencieros con título. Digo todo lo que dije porque legisladores opositores quisieron derogar la ley menemista sobre minería y los oficialistas se enojaron. Las voces subieron de tono y, palabra va insulto viene, palabra va insulto viene, se escuchó al presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Tanús, nada menos que al presidente, decirle al vicepresidente, Roberto Infante: “Te voy a desnucar a trompadas”. Analicemos la frase para no caer en la crítica simplista. ¿Es una frase de amistad? Bueno, las palabras “desnucar” y “trompadas” no son muy amistosas que digamos, ninguna de las dos es sinónimo de caricias, abrazo, consuelo. ¿Es una declaración de amor? No creo, en todo caso, en vez de desnucar hubiera utilizado desnudar. ¿Es una invitación a encontrar un acuerdo? Nadie puede tener intenciones de acordar mientras le están trompadeando la nuca. La conclusión es que es una amenaza física de hacer repelotita la anatomía del versus. Pero, bueno, señor, usted es diputado y, además, presidente, podría haber usado al menos otro lenguaje: ¿o no es lo mismo decir: estimado colega que tanto respeto me merece, tengo intenciones de darle un golpe violento entre vuestra quinta y séptima vértebra cervical? Si no cuesta nada hablar bien. Y recuerde, si le pegan en una mejilla, ponga la otra, que es la que está menos adolorida.