Y la plata es necesaria, no se puede hacer el dique Portezuelo del Viento, porque, con la guita que hay, da para una brisa suave y nada más. No se puede activar Aguas Mendocinas, no es posible darles aumento a los médicos ni siquiera en grajeas. Tal vez no se les pueda pagar a algunos proveedores, y el bajón económico se siente en áreas muy sensibles a la producción vitivinícola como es la lucha antigranizo. Ustedes saben que hay aviones contratados que tienen como finalidad bombardear las nubes con sustancias que aminoran, reducen y eliminan las posibilidades de que la nube granicera vomite su granizo. Pues, nos estamos quedando sin cartuchos. Esos dicen los de la oposición y, en caso de que tengan razón, propongo algunas formas no tradicionales de combatir las tormentas. La cruz de sal. He visto a los paisanos de nuestro campo, ante el advenimiento de esas nubes más oscuras que paladar de choco fino, hacer una cruz con sal gruesa, decir algunas imprecaciones y cortarla con un cuchillo. Y la tormenta se aleja del lugar inmediatamente y con cierto temor, porque las nubes se van persignándose. También puede hacerse una invocación en quechua, que si a ellos les dio resultados, a nosotros por qué no. Dice así: “Birjen bella, bella i bella,/ santisimu Dyuspa maman,/ pampa atun chawpinllapi/ wayra sinchi taripawarqa./ Sutiykita soqariptiy/ chayllapimi sayarerqa”. A ver si lo aprendieron, me lo repiten, por favor. Religiosamente se puede recurrir a Santa Bárbara, patrona contra las tormentas, que no se debe llevar muy bien con Santa Rosa, que es la que la provoca. En el campo para que llueva se suele celebrar a San Vicente, al que se le bailan catorce cuecas para que llueva. Pues bien, se podría hacer lo mismo pero, tanto los bailarines como San Vicentes, que estén cabeza abajo, así el resultado es el contrario. Y por último, se podría hacer que todos tuvieran malla antigranizo, pero mirá si vamos a comprar mallas cuando no hay guita ni para bronceador. En fin. Es duro ser viñatero cuando se oscurece el cielo.
Tormenta
Al parecer, la situación de la provincia
es la siguiente: Hoy no hay
plata pero quédense tranquilos
que mañana tampoco.
