La madrugada del miércoles 5 de agosto, efectivos de la Brigada de la Policía Federal desarticularon una de las bandas narcos más importantes del norte provincial.
Lo afirmaron por su poder de alcance y distribución en el departamento de Las Heras, destacando que había cabecillas, revendedores, distruibuidores y hasta soldaditos en barrios conflictivos.
Liderada por una mujer a quien apodan Paitoca, los pesquisas frenaron la red de comercialización de estupefacientes y secuestraron una importante cantidad de cocaína y elementos de corte y fraccionamiento, además de dinero en efectivo y algunos vehículos en cinco allanamientos.
En total, por aquellos días ocho sospechosos quedaron detenidos a dispocisión del juez federal Walter Bento.
Si bien con el paso de las semanas algunos accedieron a beneficios procesales para permanecer encerrados en sus casas, otros, entre ellos la pareja de la la jefa narco, pasan sus días en la cárcel.
Pero la operación Tóxicos Blancos, como la denominaron los sabuesos policiales, no terminó con citadas incautaciones y detenciones.

Este miércoles por la tarde fue capturada una de las señaladas vendedoras de la droga al mejor estilo narcomenudeo, una mujer de 26 años identificada como Melina Peñaloza, quien “trabajaba” -de acuerdo con la investigación federal- para uno de los sujetos que está sospechado de comprarle la droga a la Paitoca para luego revenderla.
La mujer fue capturada sobre calle Avellaneda de Las Heras, después de tareas de campo que realizaron los detectives de la Brigada local.
Con esta captura, los investigadores entendieron que la pesquisa quedó cerrada para que avance en los Tribunales Federales de calle España, donde quedó alojada momentáneamente la sospechosa.
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De esta forma, Soledad Paitoca Rioja (31), la más complicada en la instrucción, terminó procesada con prisión preventiva por tenencia de drogas con fines de comercialización, contaron fuentes judiciales. Accedió al beneficio de la detención domiciliaria porque se encontraba en período de lactancia pero no descartan que vuelva a la cárcel.
Para explicar cómo funcionaba la estructura delictiva hay que poner en la cima de la pirámide a la Paitoca.
Esta mujer era la que conseguía la cocaína en el norte nacional (llamada en la calle como La Original) y luego la revendía para que otros la comercializaran fraccionada. Para eso contaba con el apoyo de su pareja, nueve años menor e identificado como Adrián Bravo Cardozo.

Durante los procedimientos masivos que se desarrollaron a principio del mes pasado, a esta mujer le encontraron más de dos kilos de máxima pureza de esa droga en una vivienda de calle Urquiza.
La misma se encontraba en cajas de leche. Y ese no fue un detalle menor, debido a que la policía de la provincia también había incautado en Las Heras, un par de semanas antes, cinco kilos del polvo blanco en el mismo tipo de envase a otros sujeros que se movilizaban en auto por el barrio Santa Teresita.
Además de la Paitoca, Diego Alejandro Segovia y su familia, integrada por su mujer, Noelia Castellino y el hijo de ambos, Julián Ezequiel, también quedaron tras las rejas por comprarle las sustancias ilegales a la Paitoca.
Aquí entró en escena Peñaloza, la mujer capturada en las últimas horas. En las primeras medidas del mes pasado no fue ubicada por los detectives.
Pero sumaron pruebas y lograron ubicarla. Fuentes policiales detallaron que Peñaloza estaba “directamente relacionada” a Segovia. Este hombre le suministraba estupefacientes, sostiene la instrucción, y ella los fraccionaba y comercializaba.
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Así funcionaba la cadena narco en Las Heras. Pasaba por la Patoica y llegaba a manos de Segovia, quien a su vez la revendía a otros personajes, como Peñaloza y otro hombre, el primero en ser identificado en la pesquisa.
Se trata Cristian Romera, de 42 años. Apodado el Gitano, también fue individualizado como uno de los sujetos dedicados al narcomenudeo y terminó tras las rejas con su pareja, Natalia Coria (la mujer accedió a la domiciliaria por tener ocho hijos).
