Al parecer, el cargo de presidente incentiva las hormonas ligadas al sexo. No vamos a hacer una cronología histórica porque estaríamos días y días mencionando a importantes figuras que también se destacaron en la cama. Pongamos algunos casos recientes. Por ejemplo el de Bill Clintoris con la becaria Mónica Lenguisky. La pareja tenía sus encuentros en el Salón Oval de la Casa Blanca. Una falta de respeto, involucrar ese lugar donde se han decidido tantas invasiones a tantos países del mundo, con estas acciones bastardas. También podríamos referirnos a Lugo. Dicen que Lugo cuando hace sus discursos políticos no dice compañeros o hermanos, dice hijos míos. Una reciente encuesta realizada en Paraguay reveló este dato sorprendente: 25 por ciento de los paraguayos no es hijo de Lugo. Bueno, debemos recordar que Lugo venía realizando estas actividades antes de ser presidente, es decir cuando era obispo. Por eso dice la copla popular: “Cuando se hincha la cara de un presidente en Argentina, seguro es una avispa. Cuando se hincha la panza de una moza en Paraguay, seguro es un obispo”. Pero ahora nos hemos encontrado con el máximo representantes de los faunos modernos, el que no deja títere sin cabeza, el nunca bien ponderado Silvio Berlusconi. Loco, es terrible el vago, no hay una noche en la que no se mande alguna fiestita. El Papa mira hacia Roma y se tapa la cara con la mano porque no quiere saber qué está pasando ahí. Llega a intentar una reelección a su cargo, y la campaña se la va a pagar Viagra. Ojo, cuando pasa Berlusconi, todo el mundo contra la pared. Y, encima, hace chistes con el tema. Dijo una vez: “Por lo menos uso los fondos de mi Gobierno para estar con chicas, otros gobiernos usan los fondos para tocarle el poto al pueblo. Con tanta gente que viene a mi casa tengo más quórum en mi cama que los diputados en el Congreso”. Sólo falta que las reuniones de gabinete terminen en orgías. Tal vez, el slogan de la próxima campaña de Silvio sea: “Basta de manipulaciones, queremos erecciones libres”.