De pronto nos sacuden algunas cuestiones que habíamos dejado en el pasado, vuelven como si no se resignaran a ser sólo recuerdos. Pues parece que se viene una moda retro en el mundo. ¿Volveremos a escuchar los partidos con la spika pegada a la oreja? ¿Tornaremos a reírnos con las ocurrencias de los Picapiedras y los Pitufos? Todo es posible, hasta es posible que en las embajadas en vez de vender camionetas sofisticadas vuelvan a vender Fiat 600, o Renault Gordini.
En una de esas, en la radio se vuelve a escuchar el Glostora Tango Club, o a los Perez García. O volveremos a hojear el Mundo Deportivo, la revista Goles o Damas y damitas. Se viene una onda que trata de rescatar íconos del pasado para volverlos a instalar en el presente. Se estrenó en nuestra provincia la película Rambo, regreso al infierno, que resucitó la figura de Sylvester Stallone, el actor que le dio vida a los bodrios, perdón, a las entregas anteriores de esta saga.
El Sylvester estaba más olvidado que ministro de Salud de De la Rúa y decidió retomar aquel mismo camino que lo hiciera famoso varios añitos atrás. Claro, ahora tiene 61 años y no está para agarrarse a las patadas con todo el mundo, pero usted lo sabe: el cine hace maravillas. Volvió Rambo, y ya había vuelto Rocky, ahora sólo falta que vuelva, con todo empuje, esa moda tan pierna que eran las minifaldas.
