Dice el refrán que en todos lados se cuecen habas. Yo les confieso que he entrado a muchos lugares en los que, en el momento en que yo llegué, no estaban cociendo habas ni lo tenían pensado. Pero el refrán alude a que escándalos hay en todos lados. Nosotros nos preocupamos por los escándalos argentinos, que no son pocos, pero deberíamos fijarnos también en los escándalos del primer mundo, porque a veces quedamos como pichoncitos de escándalo, como perejiles del desenfreno.

    Fíjese la metida de pata que se mandó nada menos que el alcalde del Estado de Nueva York, de la USA que nos usa. Se llama Eliot Spitzer. El vago, como fiscal primero y como gobernador después, apareció como un campeón en la lucha contra la corrupción y la prostitución. Cuando era fiscal persiguió y arrestó a miembros de todo tipo de redes de prostitución. Y resulta que en un viajecito que hizo a Washington mandó a llamar a quién, a una prostituta de Nueva York con la cual se encerró en un hotel.

    La CIA está tratando de averiguar qué hacían ahí encerrados los dos, pero hay sospechas de que no estaban tomando el té. Terminó siendo el cazador cazado, cazado con zeta, porque lo agarraron in fraganti, y casado con ese porque tiene marida y eso es adulterio. ¿Cuánto le salió la diversión al Eliot? Pues algo así como 5.000 dólares. ¡Loco! 5.000 dólares por una cana al aire es más caro que quince canas de los nuestros. Y, al parecer, el FBI está investigando si el pago lo hizo con plata del Estado, lo que constituye un delito de malversación de fondos públicos. El Eliot no sólo tuvo que renunciar, sino que también decidió abandonar su carrera política.

    Es que estaba cansado de los actos, menos de los actos sexuales, por supuesto. En todo Estados Unidos se están creando bromas y chistes que hablan del escandalote y han aparecido souvenires como remeras, platos, medallones, tasas con jodas al respecto de la conducta del honorable mister alcalde del Estado de Nueva York.No sé si el asunto era para tanto, en definitiva, quien debería sentirse ofendida es la mujer del fulano, no el pueblo, porque él demostró a su pueblo que sigue siendo el gobernador erecto.