Ya hemos hablado mucho sobre las promesas electorales. Podríamos decir, sin ningún temor a equivocarnos, que generalmente son sólo eso: promesas. Muy rara vez llegan a ser hechos concretos. Hay ejemplos notorios. ¿Se acuerdan cuando Alfonsín decía que con la democracia se come, se educa, se cura? ¿Se acuerdan cuando Menem prometió el salariazo y la revolución productiva? ¿Se acuerdan cuando De la Rúa decía yo seré el médico, yo seré el maestro, yo seré el bombero y no sé cuantas delarueces más? Aquí estamos, con problemas en la educación, en la salud, con el salario deshilachado y con la revolución productiva en unos viejos afiches de tono amarillento.
Jaque es nuestro actual gobernador. Ganó por la voluntad de nosotros, los cándi… perdón, el pueblo. Y Jaque acentuó su campaña en el tema inseguridad, prometiendo que iba a haber una reducción de treinta por ciento en los delitos en los primeros seis meses. Ya se van a cumplir dos meses de gestión y los delitos minga de reducirse. Pero acá viene la contradicción: el jueves, nuestro gobernador dijo que para luchar contra el crimen no hay tiempos. Es toda una verdad, pero fue él quien le puso plazos, no nosotros, los cándi…, el pueblo.
Nosotros no dijimos queremos treinta por ciento menos de delitos en seis meses, fue su promesa, ahora un tanto diluida con las declaraciones de la semana pasada. Para colmo, desde el Ministerio de Seguridad que comanda el demócrata Juan Aguinaga ratificaron que el ministro no ha asumido como propio el compromiso electoral del gobernador. Como diciendo, allá él con lo que prometió, no fue una promesa mía.Mientras tanto, la inseguridad nos sigue golpeando. En fin, como decía un grafiti célebre, basta de realidades, queremos promesas.
