¿Usted le daría el premio anticorrupción a Saúl Menem? ¿Usted le daría el premio a la abstinencia al Burrito Ortega? ¿Usted le daría el premio a la moderación y el recato a Graciela Alfano? No, cierto. Hay cosas que se caen de maduras y nadie propondría a D’Elía para el premio Cervantes, ni a Mirta Legrand como candidata a Miss Mundo. Sin embargo, algunas contradicciones hay. El presidente de los Estados Unidos de la Usa que nos Usa recibió el premio Nobel de la Paz en Oslo. Oslo merecéis dijeron los del Parlamento Noruego, instigadores del galardón. Vamos, que no es poca cosa. En materia de contradicciones debe ser una de la más grandes de los últimos tiempos. El premio Nobel de la Paz a quien sostiene dos guerras, a quien anunció un incremento en las tropas que están combatiendo, a quien mantiene bases militares por doquier, a quien posee el presupuesto militar más grande del mundo, a quien sostiene el arsenal nuclear más destructivo de la historia de la humanidad.

   Los del Parlamento Noruego me parece que estaban viendo otra película o estaban distraídos viendo a Los Simpson, porque han quedado como unos reverendos… obsecuentes. Escuchen lo que dice el testamento que dejó Alfred Nobel, dice que una parte de su fortuna habrá de destinarse a premiar a la persona que haya trabajado más o mejor a favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes, y la celebración y promoción de procesos de paz. Hermana, hermano, si ellos, los premiadores, actúan así, pues entonces no descartemos que el próximo en la lista de premiados sea Bin Laden.

   Esto no se sostiene ni con la gotita. Quieran o no los noruegos, Estados Unidos sigue siendo el país más beligerante de la actualidad y el que intervino en más guerras en los últimos cien años. Si seguimos con estos conceptos, pueden cambiar muchas cosas en materia de premios y entonces es probable que salga elegida Miss Mundo Florencia de la Vega. Todo es posible. Obama recibió el premio y, al recibirlo, dijo: “A veces la guerra es necesaria”. No, míster, está equivocado, necesaria nunca, pero nunca jamás. Pruebe con otra frase, por favor.