El fin de semana estuvo nutrida Mendoza en propuestas de espectáculos, a las propuestas de los artistas menducos, donde se sumaron varios debut, se desarrolló otra edición más del Cantapueblo, que reúne a coros de distintas partes del mundo y que llenó de canto a la ciudad capital y a varios departamentos. Pero también ocurrió en uno de los hoteles cinco estrellas de la ciudad, antes teníamos uno solo, la elección de Mis Playboy TV de Uruguay, Chile y Argentina. Sabrán ustedes, y por si no lo saben se los comento, que Playboy es una revista que suele publicar fotografías de señoritas en estado natural, es decir, cubiertas sólo con su apellido, quiero decir, desnudas, pero con una desnudez tan grande que hasta puede vérseles el lóbulo de la oreja, cosa que, por supuesto, nadie les mira.
Estas revista suelen colocarse en los laterales de los quioscos de nuestra ciudad para que el tipo que pase tenga un paisaje propicio y no tenga que buscar para ver. Hay que reconocer que las niñas elegidas para ser fotografiadas tienen qué fotografiar. No tienen que dibujarse nada. La naturaleza las ha dotado de suficiente material como para que lo suyo se note. No quiero entrar en descripciones anatómicas porque puede haber adultos leyendo esta nota. Muchas mujeres famosas han salido publicadas bajo la marca del conejito (ustedes sabrán por qué es un conejito, por la fama que tiene el conejo de…, bue…), y muchas mujeres famosas lo han tratado sin éxito.
Alguna vez, la mismísima Marylin Monroe apareció en una de sus tapas, provocando que se derritieran 567 quioscos. Pues bien, estuvieron en Mendoza y se hicieron ver por varios lugares, con polleritas generosas, con escotes más generosos y, ya en el desfile de competición, con actitudes que hubieran emocionado hasta a las estatuas. Los vagos que las veían pasar por el centro quedaban con la boca abierta, los ojos abiertos, y una sensación de por qué eso no es mío en sus rostros.
Hubo quien las aplaudió, aunque su verdadera intención hubiese sido otra. Pasaban y arrasaban las muchachas. Algunas mujeres les dijeron a sus maridos: “¡Qué mirás, baboso! ¿Qué tiene ella que no tenga yo?”. Y, realmente, la mujer enojada tenía todo lo que tenían las conejitas, pero en distintas proporciones. Pasaron las chicas de Playboy por Mendoza, en definitiva, son unas pobres niñas, no tienen qué ponerse encima.
