No hay dudas de que Brasil es negro. Uno mira nada más que sus seleccionados de fútbol, sus cantantes, sus celebraciones y se da cuenta de que ochenta por ciento de los participantes son negros oscuros. Pues ahora va a ser más negro que nunca, porque las empresas que están explorando la plataforma continental de Brasil han descubierto como un mar de petróleo debajo del mar. Un área extensísima que va a transformar a Brasil, en pocos años, en uno de los productores principales del mundo, con cuantiosas reservas del llamado oro negro.
Ya andan por las calles canciones del tipo: “Me han perforado los mares, pero no me asusta, pero no me dolió, porque nuestros mares, tan lleno ‘e petróleo, tan lleno ‘e petróleo”. La alegría los desborda, y más ahora que el precio del crudo sube constantemente. Están más contentos que Chávez, con eso les digo todo. ¿Y nosotros, cómo andamos? Bueno, alguna envidia les dio a nuestros gobernantes, porque han comenzado a enviar buzos con un balde de plástico y una palita, a ver si encuentran algo.
Piensan: “Es el mismo mar, algo tienen que haber acá. Ya que estamos con el tema, ¿sabemos los argentinos cuánto ganan las compañías que están operando en nuestro país y si son rentables para el país? ¿Qué concesiones de posibles yacimientos y minas se dan por arriba, en blanco y con factura, y cuántas se dan por debajo, en negro y con coimas? Mientras buscamos respuestas, los brasileños ya las han encontrado. Pero yo no haría mucha alharaca con el asunto, a ver si los invade Estados Unidos.
